Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.
Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.
Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.
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El vínculo que no eligieron
El despacho estaba en silencio.
Demasiado.
Daily permanecía de pie frente a él, recta, impecable, con esa calma que parecía más una muralla que una emoción.
Black no bajó la mirada.
Tampoco sonrió.
El anillo en su mano ardía apenas. Una vibración leve, constante.
Molesta.
Ambos lo notaron.
Ambos lo ignoraron.
Daily respiró con paciencia forzada.
—No puedes irte de aquí mientras no devuelvas el anillo.
Black levantó la mano, mostrándolo.
—Lo haría con mil gusto si pudiera quitármelo.
Intentó girarlo otra vez. No cedió.
La piedra roja brilló apenas, como si se burlara.
—Si hubiera sabido que esto pasaría —continuó ella, con frialdad contenida— debí dejar que murieras en el bosque.
Black no parpadeó.
—Y tú deberías aprender a cuidar mejor tus cosas.
El aire entre ambos se tensó.
El anillo vibró otra vez. Más fuerte.
Black apretó la mano con fastidio.
—Es cierto. Solo vine a esta ciudad en busca de trabajo y para devolver la joya a su dueño. ¿Cómo iba a saber que estaba embrujada? Si lo hubiera sabido, no la habría tocado. Ni siquiera la habría mirado.
Daily entrecerró los ojos.
—Es raro. Suena a mentira. ¿Quién sabe si no lo planeaste a propósito? Dudo que no desees, como todos, el poder que contiene.
Black soltó una risa seca.
—Créelo. No soy como todos. ¿Quién querría estar atado a una bruja que ni siquiera conoce? Porque esto no parece un trabajo. Parece… mas un matrimonio espiritual.
El silencio cayó como un golpe.
—Además —añadió él, con dureza— ya tengo a alguien mucho mejor.
Por primera vez, la expresión de Daily cambió apenas. Solo un segundo.
Luego volvió la muralla.
—Estoy de acuerdo —respondió con frialdad impecable—. Yo tampoco quiero estar atada a alguien como tú cuando ya tengo a alguien fuerte y mucho más digno de ese anillo.
El anillo vibró con violencia.
Ambos lo sintieron.
Ambos fingieron no hacerlo.
Black dio un paso atrás.
—No pienso quedarme aquí.
—Ni yo pienso obligarte.
Él soltó una risa breve, amarga.
—Perfecto. Entonces estamos de acuerdo.
Se dio vuelta.
Y se fue.
Horas después.
El bar más popular de la ciudad estaba lleno.
Ubicado justo en el límite entre la ciudad y el Gran Bosque Oscuro, era un punto neutral. Un territorio donde las reglas se relajaban.
Ricos, comerciantes, cazadores, elfos urbanos e incluso criaturas de otras regiones se distribuían en distintos niveles del edificio. Cada grupo tenía su propio espacio.
El Bar Las Cari no discriminaba.
Mientras pagaras, pertenecías.
Black entró como si nada.
Se dejó caer en su mesa habitual.
Sus amigas lo miraron apenas se sentó.
—Esa cara significa problemas —dijo una, apoyando el mentón en la mano.
—Peor —respondió él, tomando la copa que ya le servían—. Por lo que dijeron… parece ser un matrimonio espiritual.
Silencio.
—¿Con quién? —preguntó otra, inclinándose hacia él.
Black bebió antes de responder.
—Con la bruja más horrible que puede existir en esta tierra. Nunca aceptaré tal estupidez. Además, hice una promesa. No pienso tener a otra a mi lado.
Sus amigas intercambiaron miradas.
—¿Horrible cómo? ¿De qué clan es? ¿Vieja? ¿Cruel? ¿Dientes torcidos? —preguntó la tercera con genuina curiosidad.
Black bufó.
—Es insoportable. Fría. Arrogante. Se cree con derecho a decidir sobre todos, como si las personas fueran piezas de ajedrez.
—Eso no responde si es fea.
—Es hermosa.
Las tres lo miraron fijamente.
—¿Entonces?
Black rodó los ojos.
—En apariencia no se ve mal. Pero para mí… es una horrenda bruja.
Justo detrás de él, una voz habló.
—Interesante definición.
El silencio en la mesa fue inmediato.
Una de sus amigas abrió los ojos, alarmada.
—La hija menor del clan Yshir está aquí… ¿te refieres a ella?
Black se quedó rígido.
Lentamente giró.
Daily estaba allí.
Vestida con sobriedad, pero imposible de ignorar.
Elegante incluso en la sencillez.
Perfectamente compuesta.
Y claramente molesta.
Varias miradas alrededor comenzaron a reconocerla. Algunos bajaron la voz. Otros fingieron no mirar.
—Continúa —dijo ella con voz tranquila—. Me interesa saber qué otras cualidades poseo.
Las amigas parecían debatirse entre el miedo y la fascinación.
Black suspiró.
—Ya escuchaste suficiente.
—No. Me gustaría entender por qué soy una bruja horrible.
Él se levantó.
Se miraron de frente.
La tensión volvió a formarse, más intensa que en el despacho. Pero aquí, entre música y risas ajenas, parecía casi absurda.
El anillo vibró otra vez.
Más fuerte.
Una chispa rojiza recorrió la piedra.
Daily lo notó.
Dio un paso atrás.
—No eres la gran cosa tampoco —añadió ella, recuperando la compostura—. Arrogante. Irresponsable. Y bastante dramático.
Una de las amigas tosió para ocultar la risa.
Black la miró de reojo.
—¿Ves? Bruja.
Daily sostuvo su mirada unos segundos más.
Había algo distinto allí.
No solo enojo.
Incomodidad.
Confusión.
El anillo latió de nuevo.
Más intenso.
Como si reaccionara a la cercanía.
Daily bajó la voz.
—No voy a perseguirte.
Se dio vuelta.
Pero antes de irse añadió, sin mirarlo:
—Puedes intentar deshacerte de él y devolverlo de todas formas. Aún no está completo. Pero te aconsejo que lo ocultes si quieres conservar la vida… y que duermas con un ojo abierto.
Se alejó sin mirar atrás.
El ruido del bar regresó lentamente.
Pero no del todo.
Algunos la observaban con respeto.
Otros con interés.
Y en una esquina, entre las sombras del segundo nivel, una figura sonrió de forma escalofriante.
Como si hubiera estado esperando aquello.
Una de las amigas se inclinó hacia Black.
—Para ser una bruja horrible… es una verdadera belleza.
Otra añadió:
—Y el puesto es increíblemente bien pagado.
La tercera intervino:
—Además, ¿para qué seguir manteniendo una promesa con alguien que nunca te valoró?
Black no respondió.
—Claro —continuó la primera—. Sabemos que solo te importa ella. Pero si quieres que vuelva algún día… necesitas el trabajo.
Black bajó la mirada hacia su mano.
El aro brillaba débilmente.
No como fuego.
Como latido.
Y eso era lo que realmente lo inquietaba.
Porque no latía cuando estaba solo.
Latía cuando ella estaba cerca.