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GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Amor a primera vista / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 6. UNA SOLA CAMA EN EL PARAISO

El viaje hacia Ciudad Y lo hicimos en el coche de Sebastián. Fueron casi cuatro horas de trayecto en las que la música suave de la radio nos acompañó, rompiendo de a poco la formalidad que siempre nos envolvía en la oficina. Ver a mi jefe manejar, con las mangas de la camisa arremangadas hasta los codos y unas gafas de sol que resaltaban su mandíbula varonil, me hizo darme cuenta de que el control que yo creía tener sobre mis emociones pendía de un hilo.

Cuando cruzamos el arco de entrada del resort de Sailing Dreams, me quedé sin aliento. El lugar era un verdadero sueño. Las cabañas de lujo estaban construidas con maderas finas y techos ecológicos, distribuidas a lo largo de una colina privada. Por un lado, la vegetación del parque natural nos rodeaba con un aroma fresco a tierra húmeda; por el otro, el sonido de las olas del mar rompiendo en la arena blanca creaba una melodía relajante.

Sebastián estacionó frente a la recepción y bajamos a registrar el ingreso. El vestíbulo era abierto, decorado con plantas tropicales y fuentes de agua cristalina. Al acercarnos al mostrador, una recepcionista muy amable nos recibió con una sonrisa perfecta.

—Buenas tardes. Bienvenidos a Sailing Dreams Resort. ¿A nombre de quién está la reservación?

—Buenas tardes. A nombre de Sebastián Lombardi, de la agencia Big Eye Creative —respondió él con su habitual voz firme.

La mujer tecleó en su ordenador durante unos segundos, pero pronto su sonrisa se desvaneció un poco y frunció el ceño con confusión.

—Disculpen las molestias, señores. Aquí tengo una nota de última hora enviada directamente por nuestro director de marketing, el señor Alan Vance. Dice que debido a la alta ocupación del fin de semana por un congreso internacional, hubo una modificación en su paquete VIP.

Sentí que el estómago se me contraía de inmediato al escuchar ese nombre. Miré a Sebastián y noté cómo su mandíbula se tensaba al instante.

—¿Qué tipo de modificación? —preguntó Sebastián, con un tono que dejaba claro que no toleraría juegos.

—La reserva original de dos cabañas individuales ha sido cancelada. En su lugar, el señor Vance autorizó que se les asignara la suite presidencial de la cabaña número diez. Es nuestra opción más lujosa, con acceso privado a la playa y jacuzzi propio. El único inconveniente es que... solo cuenta con una habitación principal con cama King size.

—¡¿Qué?! —el grito se me escapó antes de que pudiera procesarlo. Mis mejillas se encendieron como carbón encendido—. No, debe haber un error. Nosotros somos compañeros de trabajo, no podemos compartir una sola habitación.

—Lo lamento mucho, señorita Miller —respondió la recepcionista, visiblemente apenada—. El hotel está completamente lleno. El señor Vance dejó estipulado que esta era la única opción disponible para ustedes si querían realizar la auditoría de la campaña.

Era una jugada sucia y descarada. Alan lo había hecho a propósito para ponerme en una situación incómoda, buscando sabotear nuestra concentración o forzarme a llamarlo para pedirle ayuda. Me giré hacia Sebastián, sintiendo que el pánico me dominaba. Esperaba que dijera que nos volvíamos a la ciudad, pero él se limitó a mirarme con una profunda calma en sus ojos café.

—Está bien, señorita —dijo Sebastián, entregando su identificación—. Tomaremos la cabaña diez. Por favor, denos la llave.

Tras recibir la tarjeta magnética y las indicaciones, caminamos en silencio por el sendero que llevaba a nuestra cabaña. Yo arrastraba mi maleta pequeña sintiendo que las piernas me temblaban.

—Sebastián, ¿por qué aceptaste esto? —le reclamé en voz baja en cuanto nos alejamos de la recepción—. ¡Esto es exactamente lo que Alan quería! Estar atrapados en la misma habitación es una locura.

—Sofía, si cancelábamos el viaje y nos regresábamos, tu exnovio usaría eso como excusa ante la junta directiva para decir que no cumplimos con los requisitos del contrato —explicó él, deteniéndose un momento para mirarme con total seriedad—. No le voy a dar el gusto de ganar esta batalla. Además, te lo dije en el coche: vine para protegerte. Si nos quedamos en lugares separados, ese tipo podría aparecerse por las noches a molestarte. Aquí, conmigo en la misma cabaña, no se atreverá a dar un solo paso en falso.

Sus palabras tenían una lógica aplastante, pero no disminuían el calor que empezaba a recorrer mi cuerpo al pensar en lo que implicaba esa convivencia forzada.

Llegamos a la cabaña diez y, al abrir la puerta, nos encontramos con un espacio verdaderamente paradisíaco. El salón era amplio, con ventanales de cristal gigantescos que se abrían directamente hacia una terraza de madera flotante sobre la arena. Más allá de la terraza, el mar se extendía azul y majestuoso. En una esquina de la terraza, un jacuzzi de hidromasaje ya estaba listo, soltando un vapor sutil.

Sin embargo, mis ojos se desviaron de inmediato hacia la habitación contigua. No había puertas, solo una elegante cortina de hilos de bambú que separaba los ambientes. Adentro, sobre una hermosa tarima de madera, descansaba una inmensa cama matrimonial vestida con sábanas de seda blanca y pétalos de flores exóticas como bienvenida. Una sola cama. Para los dos.

—Bueno... —comentó Sebastián, dejando su equipaje a un lado y desabrochándose los dos primeros botones de su camisa, buscando aire debido al calor tropical—. El lugar es realmente increíble. No podemos negar que el cliente sabe cómo vender el paraíso.

Intenté tragar saliva, pero sentía la boca completamente seca. Observé cómo la piel bronceada de su cuello quedaba al descubierto por la camisa abierta.

—Yo... yo puedo dormir en el sofá del salón —me ofrecí torpemente, señalando el mueble de diseño que, aunque era bonito, se veía bastante rígido—. No tengo problema con eso.

Sebastián soltó una pequeña carcajada, un sonido grave y varonil que me erizó la piel. Caminó hacia mí, acortando la distancia hasta quedar a solo unos centímetros. Su perfume amaderado, mezclado ahora con la brisa salina del mar, me mareó por completo.

—De ninguna manera, Sofía —dijo, mirándome desde su considerable altura con una mezcla de caballerosidad y algo más que no supe descifrar—. Eres la directora creativa y mi invitada en este proyecto. Tú usarás la cama. El sofá es lo bastante grande para mí, o simplemente puedo acomodar algunos cojines en el suelo. No pienso dejar que duermas incómoda.

—Pero Sebastián, tú eres el CEO, no es justo que...

—Aquí no somos el CEO y la empleada, ¿recuerdas? —me interrumpió con suavidad, extendiendo una mano para rozar levemente mi hombro. Su tacto, aunque breve, envió una descarga eléctrica directo a mi vientre—. Somos un hombre y una mujer tratando de salvar un proyecto. Vamos a desempacar, cambiarnos de ropa por algo más fresco y salgamos a inspeccionar la playa. Tenemos que empezar a redactar las notas de la experiencia real.

Asentí con la cabeza, incapaz de articular una palabra sensata. Me adentré en la habitación para abrir mi maleta, sintiendo que el ambiente dentro de esa hermosa cabaña se había vuelto repentinamente denso y cargado de una electricidad peligrosa. El viaje al paraíso acababa de comenzar, y el peligro de caer en la tentación era mucho más real que la crisis de la empresa.

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