Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
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Capitulo 6
Pasaron cuatro años. Miriam logró levantarse: tenía un buen trabajo, un hogar tranquilo y una rutina que le daba paz. Pero, aunque todo parecía en orden, bastaba un detalle para que su mundo se sacudiera de nuevo. Esa tarde, al salir de la oficina, pasó frente a una cafetería que solían frecuentar juntos, y su corazón dio un vuelco violento.
Llegó a su casa pensativa, y poco después llegó Lionela, como siempre atenta y cariñosa.
—¿Qué te pasa? —le preguntó su amiga al verla así—. Tienes la mirada perdida otra vez.
Miriam suspiró y se dejó caer en el sofá.
—Pasé por la cafetería de la esquina… la que visitábamos con Adam. Y fue como si el tiempo no hubiera pasado. De golpe, recordé su voz, su risa… todo volvió de golpe.
Lionela se sentó a su lado y le tomó la mano con suavidad.
—Miriam, construiste una vida hermosa. Tienes estabilidad, paz… estás mucho mejor que hace cuatro años. No dejes que un lugar borre todo lo que has avanzado.
—Lo sé, y estoy orgullosa de haber salido adelante —admitió ella con voz suave—. Pero por más que intente alejarlo, él sigue ahí, escondido en mi memoria. A veces escucho su nombre en alguna conversación y siento que se me detiene el corazón. Es como si ese amor, que creía muerto, solo hubiera estado dormido.
—Te dolió demasiado para poder olvidarlo de verdad —comprendió Lionela con ternura—. El tiempo ayuda, sí, pero no borra lo que fue tan real.
—Trato de convencerme de que todo fue mentira, que él no valía la pena —confesó Miriam con los ojos brillantes—. Pero cuando menos lo espero, los sentimientos vuelven igual de fuertes. Me asusta darme cuenta de que, a pesar de todo, todavía lo llevo aquí dentro.
—No te castigues por sentir —le aconsejó su amiga—. Amaste con el alma. No es fácil arrancar eso de golpe. Pero recuerda: esa vida quedó atrás. Tú ahora eres fuerte y valiosa por ti misma.
Miriam asintió, miró alrededor de su hogar tranquilo y respiró hondo para calmar su pecho.
—Tienes razón. He logrado tanto… pero hay algo en mí que todavía espera, sin querer, que las cosas hubieran sido distintas.
—Es normal —le sonrió Lionela con cariño—. Pero ahora tú eres tu propio refugio. Y pase lo que pase, yo sigo aquí contigo.
Miriam la abrazó agradecida. Sabía que, aunque había reconstruido su vida y hallado calma, su corazón todavía guardaba, muy en el fondo, la huella imborrable del único hombre que realmente amó.
Esa noche, Miriam encontró una vieja foto guardada en un cajón. Se quedó mirándola largo rato, con la garganta apretada, hasta que Lionela entró y la vio.
—¿Otra vez con sus recuerdos? —preguntó bajito, sentándose a su lado.
Miriam asintió, sin quitar la vista de la imagen.
—Se veía tan feliz aquí… y yo también me sentía así. A veces me pregunto si él alguna vez pensará en mí, si también le pasan estas cosas.
—Seguro que sí —respondió Lionela con sinceridad—. Lo que tuvieron fue demasiado grande para olvidarlo así como así.
—Intento odiarlo para olvidarlo más rápido —susurró Miriam, con lágrimas en los ojos—, pero no puedo. Aunque pasen los años, mi corazón todavía late fuerte al solo pronunciar su nombre. Es como si nunca hubiera dejado de amarlo de verdad.
—Porque el amor verdadero no muere por culpa de una mentira —le recordó su amiga, abrazándola fuerte—. Solo se esconde, esperando el momento de salir de nuevo.
Miriam apretó la foto contra su pecho y cerró los ojos. Allí, en la oscuridad de su habitación y en el silencio de su vida tranquila, comprendió con dolor que, aunque todo parecía haber cambiado, lo que sentía por él seguía exactamente igual: intacto, profundo e imposible de borrar.
Un día, en la oficina, alguien mencionó sin querer el apellido Ricci. Miriam sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Se le cayó el lápiz y tardó unos segundos en poder respirar de nuevo.
Esa noche se lo contó a Lionela, con la voz temblando.
—Solo escuché su apellido… y sentí que el corazón se me salía del pecho. Pensé que ya lo había superado, pero fue como si no hubiera pasado ni un solo segundo desde la última vez que lo vi.
Lionela le acarició la espalda con suavidad.
—El amor no se borra con el calendario, Miriam. Puedes tener una vida tranquila, estar lejos y seguir adelante… pero lo que sentiste de verdad, siempre vive en algún rincón del alma.
Miriam asintió con tristeza, mirando la nada.
—Lo peor es saber que, aunque pase el tiempo, mi corazón todavía lo reconoce y lo extraña… como si nunca hubiera dejado de esperarlo.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.