Cuando Isabel muere debido a una enfermedad, su alma se transporta al mundo de la última novela que leyó: "La Duquesa Libertina". Ahora, con una segunda oportunidad, Isabel decide tomar control de su destino y cambiar el curso de la historia. Pero lo que no esperaba era que sus padres la obligaran a casarse con un duque sanguinario, misterioso y posesivo. Sin embargo, ella tratará de hacer la suya y no molestarlo, pero él desea otra cosa...
¿Podrá Isabel equilibrar su deseo de libertad con la pasión que la consume?
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Capitulo 22
Tres días después el marquesado Everly anunció de manera formal la desaparición de Vincent Everly, no lo hicieron antes porque creían que estaba en algún burdel embriagado y con mujeres. Pero tras buscarlo ellos mismos y no dar con él, se preocuparon.
Todo el reino se puso en marcha para buscarlo, no era normal que desapareciera un heredero noble, y menos tan crecido.
Finalmente, tras mucha búsqueda, dieron con los restos de su cuerpo en el bosque donde Cedric lo dejó.
Su familia lo reconoció simplemente por la ropa desgarrada.
Al final quedó en que al salir ebrio del burdel que estaba cerca, se acercó a orinar en el bosque y un oso lo atacó al estar él vulnerable.
Sin embargo, algunos hombres perspicaces notaron heridas en sus restos que no consistían a los de un animal, más bien a una navaja.
También encontraron los restos del vagabundo.
La gente se debatía, creían que ambos habían peleado, que él vagabundo quiso robarle y lo lastimó, quedando Vincent herido, por lo que el oso aprovecho para atacar.
Otros sostenían la primera versión.
El marquesado estaba en duelo. Él Marqués Edmund y Clara estaban destrozados, él por perder a su heredero, ella por perder a su hijo.
Al día siguiente organizaron un entierro digno para él.
Isabel se negó a asistir, no podría fingir estar triste por su muerte cuando en realidad se alegraba de que una escoria como él dejará de gastar oxígeno.
—¿Por qué nuestra hermana no ha venido a despedirse de él? – fingía llorar Rosalind cerca de un grupito de jóvenes, las cuales no tardaron nada en empezar a esparcir rumores.
La rubia sonrió satisfecha, eso la haría quedar mal y arruinaría su reputación.
—¿Cómo puede ser tan insensible con su familia? – preguntaba indignada una joven a las otras.
—¿Ahora pretende morder la mano que le dio de comer todo este tiempo? – decía la otra.
—A lo mejor es el Duque quién no la deja venir – supuso otra.
—No creo, tengo entendido de que lo ha seducido y él hace todo lo que ella ordena – comentó otra, haciendo apretar la mandíbula a Rosalind, el Duque tenía que ser suyo o de nadie más.
Al día siguiente del entierro, la familia Everly exigía una disculpa por no haberse presentado ni mandar sus condolencias, además, demandaban que se les entregará a Theo, pues ahora sería el sucesor del Marqués y debían prepararlo.
—¡No, no sé los daré! – negaba enfurecida Isabel.
—Yo tampoco quiero que se lo lleven – admitió el Duque – pero ahora él será preparado como sucesor del marquesado, las cosas cambiaron.
—¿Y sí también lo lastiman? – preguntó ella con los ojos llenos de lágrimas.
—No lo harán – respondió seguro el Duque.
—¿Cómo estás tan seguro de ello? – inquirió ella insegura.
—Por qué será heredero, Isa. No tiene sentido que lo traten mal, tendrá más poder que las concubinas allí – aseguró – además... Hablé con el capitán, él me dijo que nos puede mantener al tanto de su seguridad a través de un guardia de allí que le es leal.
Isabel dudó, no quería separarse de su hermano, no quería que volviera a ese nido de víboras, pero sabía que su esposo tenía razón, sí se lo quedaban en contra de su voluntad sería como un secuestro.
—Hay algo que no te conté – sonrió él Duque al ver su rostro – le he estado dando entrenamientos a Theo, sé bien que ahora también lo harán entrenar, pero está preparado para defenderse de quién sea y de distintas maneras.
Isabel sonrió, Cedric era el mejor y algún día, sería el mejor padre.
—Está bien Cedric, si tú dices que así serán las cosas... Te creo – declaró ella mirándolo a los ojos con amor.
—Pero no es necesario que se lo llevemos hoy, ni mañana – sonrió travieso el azabache.
—¿A qué te refieres? – preguntó sorprendida Isabel.
—Podemos irnos una semana de viaje con él para que no nos molesten, pasamos más tiempo juntos y lo entrenamos un poco más – propuso.
—¡Sí! – exclamó ella encantada, saltando a sus brazos para besarlo apasionadamente en los labios.
Rápidamente, organizaron todo en el ducado y esa misma tarde se marcharon de allí.
Cedric los llevó a un campo familiar que tenía.
Pasaron los días contentos y felices los tres. Iban al arroyo, comían y jugaban.
A veces Cedric lo llevaba a entrenar tiró con el arco, había notado que Theo era bueno en eso.
Al mismo tiempo, la relación de Cedric con Isabel había mejorado muchísimo, ambos habían conseguido acercarse más, gozando cada noche como una pareja apasionada.
O al menos las noches que podían, ya que a veces Theo dormía con ellos.
—Cuando volvamos al ducado, te haré gritar mi nombre, me pedirás para que te dé más y más – susurraba Cedric en su oído con voz ronca.
—Yo definitivamente te haré jadear como nunca en tu vida, te sacaré y beberé de todo tu nectar, me verás hacerlo y te volverás a venir en mí – rebatió ella sobre sus labios mientras le pasaba la lengua lentamente.
Cedric ya estaba duro como una roca, y se lamentaba haber comenzado ese juego, ya que no podría hacer nada de momento.
Estaban volviendo al ducado, la bella semana se había terminado y del ducado le mandaban cartas desesperados de que él Marqués Edmund estaba ansioso por el regreso del niño.
Al volver descubrieron que el Marqués había estado yendo todos los días al ducado para ver sí ya habían regresado, excepto ese día.
Pero les había llegado una nota, que justo cuando la estaban leyendo, entró el capitán corriendo a la sala donde se encontraban. Tenían un mal presentimiento.
—Duque, Duquesa – saludó rápidamente el capitán – es la señora Eliza... ha fallecido esta madrugada...
Isabel se desplomó, pero Cedric la logró sujetar antes de que se golpeara.