Lilith Gray lo perdió todo dos veces: Primero a su familia en la masacre de la manada Darkfire, y luego su corazón, cuando el hombre que le juró amor eterno la rechazó al encontrar a su "Compañera" predestinada.
Seis años después, la niña frágil había muerto. Ahora todos la conocian como "La Aniquiladora", una guerrera de élite que solo vive para el deber y el combate. Su objetivo es claro: convertirse en la Guardiana Real del Rey Rowan, el Licántropo más temido y poderoso del mundo.
Pero en la ceremonia de su nombramiento, el destino le juega una última carta. Al primer roce, el vínculo se desata: el Rey no quiere solo su lealtad, la quiere a ella. Lilith deberá elegir entre su libertad como guerrera o el poder absoluto como la Reina que nunca buscó ser.
¿Podrá entregarse al hombre por quien tanto lucho en proteger?
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Capítulo 023: Prepararnos
Rowan
La luz del atardecer se filtraba de forma oblicua a través de los ventanales de mi despacho, iluminando las motas de polvo que bailaban sobre mi escritorio de caoba. Frente a mí, se extendían pergaminos antiguos y documentos modernos, sellados con la cera roja de las manadas del norte. Mis ojos recorrían las líneas con un cansancio que no era físico, sino del alma.
—Los gemelos Firewolf —murmuré para mí mismo, pasando el dedo sobre el emblema de un lobo envuelto en llamas—. Increíble.
Hacía más de treinta años que el linaje de los licántropos no veía algo semejante: dos Alfas nacidos del mismo vientre, reclamando el mando de una sola manada. La coronación de los Firewolf no era solo un evento social; era un hito histórico, un símbolo de fuerza que requería mi presencia obligatoria como Rey. Si el destino decidía bendecir a una manada con doble liderazgo, el Rey debía estar allí para validar que esa fuerza se sumara a la estabilidad del reino y no a su fragmentación.
—Será todo un espectáculo —dijo una voz profunda desde la entrada.
Alcé la vista y vi a Clark. Mi Beta, mi mano derecha y el único que se atrevía a entrar sin anunciar su llegada con trompetas. Traía una carpeta bajo el brazo y una expresión que mezclaba el respeto con la preocupación constante de quien sabe que la paz es solo un intermedio entre dos guerras.
—Lo será, Clark —respondí, dejando el documento a un lado—. Pero mi mente está lejos de las celebraciones del norte. ¿Qué tienes para mí?
Clark se acercó y dejó la carpeta sobre la mesa.
—Novedades de la Guardia de la última semana. El refuerzo de la frontera este está completado. Los muros han sido elevados tres metros más y las patrullas se han triplicado. Pero lo más impresionante, Rowan, es el informe de entrenamiento.
Sentí un pequeño vuelco en el corazón, ese tirón familiar del vínculo que se activaba ante cualquier mención de ella.
—¿Lilith?
—Lilith —confirmó Clark con una sonrisa de medio lado—. Ha tomado el mando de la formación de la nueva escolta real. No es que los muchachos fueran malos en su oficio, pero ella... Diosa, mi Luna tiene una forma de entrenamiento letal. No enseña a proteger, enseña a sobrevivir destruyendo al enemigo antes de que pueda pestañear. Los tiene sudando sangre, pero la eficiencia de la guardia ha subido un cuarenta por ciento en diez días. Se ha vuelto necesario que todos, incluso los veteranos, aprendan su metodología.
Me eché hacia atrás en mi silla, sintiendo un orgullo que me inflaba el pecho. Sabía que mi Luna era la indicada para este oficio. Su disciplina de Darkfire, forjada en el dolor y la autosuficiencia, era el arma que mi reino necesitaba. Sin embargo, el orgullo venía acompañado de una punzada de amargura.
—Ella sigue oficiando como mi escolta, pero insiste en mantener las distancias durante las horas de servicio —dije, y mi voz sonó más ronca de lo que pretendía—. No te imaginas lo mucho que me molesta estar a quinientos metros de ella y no poder reclamarla, Clark. Sentir su aroma y tener que tratarla como a una oficial más. Me quema por dentro.
—Es el espacio que te pidió, Rowan —me recordó Clark con tono de advertencia—. Si de verdad quieres conquistarla, si quieres que te elija más allá de lo que dicta el vínculo, debes dejar que sea ella quien acorte la distancia. Un Rey que asfixia no es un compañero, es un carcelero.
—Lo sé, lo sé —gruñí, frotándome las sienes—. Y lo respeto. Por eso acepto este juego de oficial y soberano. Pero mi paciencia tiene un límite que mi lobo no deja de arañar.
Clark cambió su expresión, volviéndose repentinamente serio. Abrió la carpeta y deslizó varios informes internos que no tenían sellos oficiales, sino notas rápidas de informantes fronterizos.
—Hay algo más, algo que no deberíamos dejar pasar. Hemos notado movimientos extraños en las periferias. Empezaron a llegar reportes de desapariciones. Hembras y crías, Rowan.
Me puse tenso de inmediato. El instinto de mu Alfa se erizó bajo mi piel.
—¿En qué manadas?
—En las manadas pequeñas, las que están más alejadas de la capital y tienen menos defensas. Al principio pensamos que eran ataques de pícaros, pero los números me llamaron la atención. Son constantes. Tres hembras y cinco crías por cada manada atacada. Exactamente la misma cantidad en cuatro puntos diferentes del mapa. No es hambre, es recolección.
Tomé los documentos y los revisé con la mirada fija, analizando los puntos geográficos. Mi mente estratégica empezó a trazar líneas invisibles. Las desapariciones formaban un arco que rodeaba el territorio licántropo, cerrándose lentamente hacia el centro.
—Amigo, siento que estamos en el punto de un problema mucho más grande de lo que imaginamos —dije, dejando los papeles sobre la mesa—. Esto no es aleatorio. Están reuniendo recursos. O mejor dicho, están reuniendo rehenes o futuras filas.
—Eso me temo —asintió Clark—. Si Lucien está detrás de esto, no está buscando solo sangre para alimentarse. Está buscando debilitar nuestra moral y fortalecer su ejército con nuestra propia descendencia.
Me puse en pie y caminé hacia el mapa de la pared, golpeando con el puño la zona donde el territorio de los vampiros se unía al nuestro. La furia de Caius empezó a burbujear en mi interior, pero la contuve con frío juicio.
—La prioridad absoluta es reclutar hombres y mujeres —sentencié—. Sé que no es nuestra costumbre romper el ciclo del torneo anual para el ingreso a la guardia, pero los tiempos han cambiado. Me temo que si no comenzamos a entrenar de forma masiva a nuevos machos y hembras que quieran luchar, no vamos a soportar un contraataque a gran escala.
—¿Qué propones exactamente, mi Rey? —preguntó Clark, ya visualizando la logística.
—Hoy mismo anunciaremos un decreto real. Todo hombre o mujer que desee unirse a la batalla, que tenga un gramo de fuerza en sus músculos y lealtad en su corazón, tendrá un lugar en los campos de entrenamiento. No creo necesario dar razones públicas todavía para no desatar el pánico, pero debemos prepararnos para lo peor. No pienso perder una guerra con ese maldito chupasangre. Lucien cree que puede jugar con nosotros porque nos considera bestias impulsivas, pero le voy a demostrar que un lobo con estrategia es la peor pesadilla de un inmortal.
—Así se hará, mi Rey —dijo Clark, cuadrándose—. Empezaremos la movilización al amanecer. Lilith se encargará de los instructores, yo supervisaré la logística de armas y suministros.
—Perfecto —dije, sintiendo cómo el peso de la corona se asentaba con fuerza sobre mis sienes—. Eso es todo por hoy, Clark. Retírate. Tengo asuntos que requieren mi atención personal.
Clark me miró con una sonrisa cómplice antes de salir.
—Disfruta de tu cita, Rowan. Intenta que el Rey no arruine la jornada.
Cuando la puerta se cerró, solté un suspiro largo y profundo. Me acerqué al espejo que colgaba en la pared de mi despacho y me arreglé la túnica. Mis ojos, que hace un momento brillaban con la frialdad de un estratega militar, empezaron a suavizarse. Un estado de éxtasis comenzó a recorrer mi cuerpo, una anticipación dulce que solo ella provocaba.
—Hoy tengo una cita con mi hembra —murmuré para mi propio reflejo, y la palabra "hembra" sonó como una caricia y un juramento—. Mi Lilith.
Salí del despacho con paso firme, dejando atrás los mapas de guerra y los informes de desapariciones. Por unas horas, el mundo podía arder si quería, porque mi prioridad era conquistar el corazón de la única mujer que me hacía sentir vivo. Ella quería espacio, quería libertad, y yo estaba dispuesto a darle el universo entero si eso significaba que, al final de la noche, sus ojos plateados me mirarían con el mismo deseo que yo sentía por ella.
El Rey había cumplido su deber por hoy. Ahora, era el turno del hombre que estaba locamente enamorado de su Luna. Y si Lucien creía que podía quitarme algo, no tenía idea de lo que un Rey enamorado era capaz de hacer para proteger su hogar.
Rowan te está entregando más que su ❤️...
Juntos pueden ser implacables e invencibles....🥰
fuerza y estrategia 👏🏼👏🏼💪🏼👊🏼