La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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La abuela no está bien
El nuevo día trajo muchas esperanzas renovadas, Édgar llegó con los resultados del ADN.
Apenas iban a abrir el restaurante, Santos y Alex llegaron puntuales, como siempre.
Buen día a todos, dijo Santos.
Lo mismo dijo Alex.
Édgar le hizo una seña a Marco para que lo siguiera al despacho.
Gisela lo notó y los siguió.
¿Por qué tanto misterio?, dijo ella.
No es un secreto, pasa, dijo Marco.
Édgar le dio el sobre a Marco.
Este, ni tardo ni perezoso lo abrió.
Sacó el papel que venía adentro.
Lo leyó y después, les dijo:
En efecto, Alex y Santos son mis hijos.
O sea que ahora tienes 6 hijos, dijo Gisela.
Sí, dijo Marco, quien no cabía en sí de la alegría.
¿Y cuándo vas a hablar con ellos?, susurró Gisela no muy contenta.
¿Qué te pasa?, ¿estás celosa?, dijo Marco divertido.
Para nada, dijo ella. Solo que no sé cómo lo vayan a tomar ellos.
Primero me los tengo que ganar, ganarme su confianza, poco a poco, y después, pues les digo todo y que sea lo que Dios quiera.
Yo opino que les digas de una vez para que sepan a qué atenerse, dijo Édgar con la mejor intención.
En la cocina todos estaban muy atareados, parecía desfile porque entraban como si hicieran fila.
Cada quien pedía su platillo, había otros que tomaban de lo que estaba en la barra y así.
Gisela ya se había incorporado, Marco les ayudaba, aunque ya la mayor parte la hacían ellos.
De pronto, Alex cometió un error y uno de los clientes le reclamó, fue hasta la cocina.
Marco intervino; tranquilo, señor, enseguida le llevan su plato, será cortesía de la casa en desagravio. Deberías de poner más atención, Alex, estos errores cuestan.
Lo siento, dijo Alex.
Está bien, ten más cuidado para la próxima, si no voy a tener que descontártelo de tu sueldo.
En eso, Santos salió a la defensa de su hermano, ya le dijo que lo siente, ¿por qué se ensaña con él?
Marco ya no dijo nada, salió de la cocina y se fue a su despacho.
"Voy a comprar algunas cosas".
Salió del despacho y le avisó a Gisela que volvería más tarde.
Varias horas después, cuando la gente estaba abandonando el lugar, Santos fue a hablar con Marco, pero este no había llegado.
Sin querer, vio el sobre que estaba en el escritorio.
"¿Qué es esto?"; la curiosidad pudo más que la discreción, y Santos leyó el papel que había dentro.
Al leer, sus ojos casi se querían salir de su órbita.
"¡¿Cómo que Marco es nuestro padre?!, esto lo tiene que saber Alex". "Ahora entiendo muchas cosas".
Pero antes de que pudiera salir, Marco llegó en ese instante.
Santos, ¿Qué haces aquí?
Afortunadamente, Santos había puesto el sobre en su lugar, como estaba.
Vine a hablar con usted sobre lo que pasó esta mañana con mi hermano.
No hay nada que decir, deja las cosas así, dijo Marco, tratando de minimizar las cosas.
Es que usted le habló muy feo a mi hermano, y yo estoy aquí para defenderlo.
¿A poco él no se puede defender?, ¿necesita a su hermano para que le resuelva sus problemas?, dijo Marco, fastidiado del ajetreo del día.
Él y yo somos uno mismo, siempre andamos juntos, nos ayudamos y apoyamos en todo.
Está bien, no pasa nada, ya pueden irse a su casa.
Santos reconoció en Marco algunos gestos que hacía su hermano. "Es idéntico a nosotros", se dijo.
Ya en su casa, Santos habló con Alex...
Oye, hermano, he encontrado a nuestro padre.
¿Sí?, ¿quién es?, ¿dónde está?, preguntó Alex muy ansioso.
Es Marco, nuestro patrón, y lo que más me inquieta es que él lo sabía, y aun así, no tuvo reparo para castigarte en la cocina delante de todos.
¿Es verdad que estás diciendo?, dijo Alex sin dar crédito.
Entonces, Santos le mostró la foto que había tomado del papel.
Alex la vio y no supo que decir.
Nuestro padre supo desde que llegamos aquí que somos sus hijos. Somos muy parecidos a él.
¿Qué vamos a hacer ahora?
Hablaremos con el abuelo, él nos dirá todo. Por qué Marco abandonó a nuestra madre embarazada.
Ambos chicos se fueron a acostar.
Alex dijo: mañana será otro día. Ya despejados hablaremos con el abuelo.
Está bien, buenas noches.
Los hermanos dormían en el mismo cuarto, su situación era muy precaria, habían venido a menos debido al despilfarro que hicieron los abuelos tratando de ocultar el embarazo de Juanita. Ahora, no habían podido acomodarse. Y poco a poco fueron vendiendo las pocas pertenencias que les quedaban.
Por eso Alex y Santos decidieron trabajar de chefs, terminaron sus estudios bastante bien a brincos y tropezones, pero lo lograron.
Los abuelos eran muy estrictos con ellos, pero más el abuelo, que siempre los castigaba por cualquier necedad. No los quería porque decía que ellos mataron a su madre. Siempre les decía que si no hubiera sido por ellos, Juanita seguiría viva.
Ellos ya estaban acostumbrados al constante mal humor del abuelo. La abuela nunca decía nada porque su enfermedad la hacía olvidar muchas cosas. Casi nunca estaba lúcida. De vez en cuando los reconocía, pero últimamente, se le notaba más decaída.
Abuela, ¿te sientes bien?, preguntó Alex.
Ella no contestó, solo lo miraba como si no lo conociera.
Santos, necesitamos llevar a la abuela con el doctor, no la veo bien.
De acuerdo, llamaré a nuestro padre para avisarle.
Ese señor no es nuestro padre, dijo Alex, no podía evitar sentir desprecio por Marco.
Pues lo es, aunque no queramos.
Bueno, llama entonces.
Al poco rato, llegaron en taxi al hospital.
Ingresaron a la abuela, pero las noticias no eran favorecedoras.
La señora ya no tiene cura, solo les resta esperar, dijo el doctor, ya no hay nada qué hacer.
Con gran tristeza regresaron a la casa, el abuelo esperaba las noticias.
La abuela no está bien, el doctor la desahució.
El abuelo abrió mucho los ojos, no puede ser, mi viejita querida. El llanto no se hizo esperar.
La llevaron al cuarto a que descansara.