Podré salvar una relación que el tiempo y la rutina han enfriado hasta el punto en que mi marido me quiere dejar?
Después de 30 años de matrimonio me doy cuenta de que mi esposo está planeando separarse de mi en cuanto mi hija se vaya, ella está a punto de casarse y yo de divorciarme, pero no es lo que yo quiero.
Tengo un poco de tiempo para hacerlo cambiar de opinión, pero no se por donde empezar. Podre lograr rescatar el amor?
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Desayuno entre amigas
Salgo del baño después de cepillar mis dientes, la única luz en la recámara es la de mi mesita de noche, en total silencio camino al borde de mi cama y comienzo a desnudarte para ponerme la pijama, al otro lado de la misma mi marido yace dormido, roncando como siempre, me termino de cambiar y me meto entre las sábanas de franela y apago la luz, un dolor me punza por toda la espalda y cuello, es el cansancio que me pasa factura a estas horas. Doy unas cuantas vueltas hasta que me puedo acomodar en una posición en la que no me moleste mucho, como siempre soy la última en acostarme, después de checar qué todo haya quedado en orden en la casa y que mi hija ya esté dormida en su habitación contigua a la mía. Hoy es un poco más tarde de lo que generalmente me duermo, pero como mañana tengo un desayuno con mis amigas, debí preparar la comida de mañana para solo llegar a calentar y tener todo a tiempo cuando mi familia llegue a comer.
Repaso mentalmente qué no haya olvidado nada y tengo que salir de la cama para cerciorarme de que la puerta principal haya quedado bien cerrada. Bajo despacio, y efectivamente no estaba el seguro puesto, siempre tengo que ser yo la que se ocupe de esto y últimamente la memoria me ha fallado más de lo normal. Debe ser tantas cosas que tengo en la cabeza, puesto que la boda de mi única hija se acerca y hay mil detalles pendientes.
Vuelvo a la cama y me cuesta dormir, se me ha hecho difícil en los últimos meses, quizás es la menopausia qué tampoco da tregua, en fin, mañana será un buen día, me quedó dormida por el cansancio.
Antes de continuar con mi relato me presento, soy Raquel Meyer, ama de casa de 54 años, casada desde hace 30 años con el Arquitecto Rodrigo San Martín, tengo una preciosa hija llamada Katya de 25 años. Ellos dos son la razón de mi vida, no concibo la existencia sin ellos, y aunque mis papás ya no están conmigo, la, familia de mi esposo es como la mía propia. No tuve hermanos, pero tengo dos cuñadas y dos cuñados, además de mi suegra. Ellos con sus respectivas, familias completan el cuadro familiar.
Al despertar noto que mi esposo se ha levantado ya y está en la ducha, así que me apresuró a prepararle el desayuno a él y a mi hija, para que se vayan al trabajo. Después de que se sientan a la mesa, me preparo un café para acompañarlos. Rodrigo pregunta si solo tomaré eso, y le recuerdo que hoy desayunaré con mis amigas, rueda lis ojos y continúa comiendo sin decir palabra, no le agradan mis amigas, pero yo nunca he dejado que esto interfiera en mi relación con ellas. Mi Katya es, un sol y me recuerda darle sus saludos a sus queridas tías, como llama a mis amigas. Salen hacia sus ocupaciones y después de limpiar la cocina, me arreglo para salir a su encuentro.
Llego al restaurante donde quede de verme con mis adoradas amigas, a las que conozco desde la preparatoria, Mimi y Delia, que como siempre llegan un poco tarde, pero que se puede hacer si siempre han sido así.
Me saludan con abrazos y besos cariñosos y mientras ordenamos, Mimi nos platica que Lupita, una excompañera a la que encontró recientemente, se está divorciando, parece una plaga, todo el mundo se está divorciando últimamente, comenta Delia, en la oficina ya van tres en este año, y no estamos ni a la mitad. Eso es porque no son tan lindas como nosotros, comenta Mimi, una morena de pelo castaño hasta los hombros, casada y con dos hijos que son su adoración. No lo creas, responde Delia, que es una rubia preciosa, viuda y con un hijo que es todo su orgullo, mi jefa es muy bella y exitosa, y aun así el marido la dejó por una más joven.
Desayunamos entre una charla muy amena, y les recordé la boda de mi hija, me preguntaron por los preparativos y les mandaron saludos a la parejita y a mi marido y cuando volví a casa me preparé para recibir a mi familia para comer juntos, como todos los días. Después de comer mi esposo regresó a la oficina y mi hija salió con su prometido para recoger las invitaciones, yo tenía que preparar una cena para el fin de semana para entregarlas a los amigos y socios de Rodrigo. Así que hice un menú para que me diera el visto bueno y comprar todo al otro día. Mientras limpie la vajilla, escogí el atuendo qué usaría y traté de adelantar lo más posible.
Él día de la cena me la pasé en la cocina, y todo salió bien, mi esposo recibió a los invitados, Katya y Octavio platicaban con todos y entregaron las invitaciones, después de la cena para variar, mi marido terminó en el estudio tratando asuntos de negocios con uno de sus socios, y como otros invitados ya se tenían que retirar, fui a buscarlo para que se despidiera, de haber sabido lo que iba a pasar, hubiera enviado a Octavio, pero me toco escuchar como el socio le preguntaba si no quería acompañarlo a una reunión con unas amigas, de esas muy cariñosas, me quedé escuchando tras la puerta, y Rodrigo le agradeció negandose, me volvió el alma al cuerpo, pero cuando estaba por tocar oí que continuó, por ahora no puedo, pero un poco más adelante, después de la boda le voy a plantear a mi mujer la separación, y ahí si te acompaño con mucho gusto. Me quedé helada, y dejé pasar unos minutos antes de tocar para reponerme, no podía creer lo que había escuchado. Pero tuve que fingir y tocar para anunciarle qué sus invitados se retiraban, los dos hombres salieron como si nada, y los seguí como automata, tratando de poner mi mejor cara mientras tenía el corazón encogido.