El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga.
Para evitar su ejecución como la villana de la historia, Anya deberá abandonar al príncipe que la odia y forjar un pacto con el verdadero antagonista, reescribiendo su trágico final con magia y pasión.
¿Podrá cambiar su destino?
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Capítulo 15
El viaje hacia el Norte fue un descenso gradual hacia un mundo de sombras y escarcha. A medida que los carruajes dejaban atrás las fértiles llanuras del reino de Cromwell, la vegetación se volvía rala, los árboles se retorcían en formas agonizantes y el cielo adquiría un tono gris perpetuo. Finalmente, tras cinco días de travesía, la Fortaleza Sombría emergió de entre la niebla como una garra de obsidiana clavada en la cima de un risco.
Era una construcción imponente, carente de los adornos dorados y las estatuas de ángeles del palacio real. Sus muros eran de piedra volcánica, negra y pulida, que parecía absorber la escasa luz del sol. Anya, al bajar del carruaje, sintió que el aire aquí era diferente: denso, cargado de una energía antigua que hacía que la marca en su pecho —aquella que se activó al leer el tomo de plata— pulsara rítmicamente.
—Bienvenida a mi humilde hogar, Lady Anya —dijo Liam, desmontando con una agilidad felina. Un par de guardias, liderados por un hombre de rostro cicatrizado llamado Sagan, se acercaron para recibir las riendas—. Aquí, el invierno no es una estación, es el estado natural de las cosas. Espero que su fuego interno sea suficiente para no morir de frío en la primera noche.
Anya lo miró, ajustándose su pesada capa de piel de zorro plateado que contrastaba violentamente con su cabello negro azabache.
—He sobrevivido a un incendio emocional en la capital, Duque. Créame, su clima es casi acogedor en comparación con la hipocresía de los salones de té de Mía Roster.
Liam soltó una carcajada que resonó en el patio de armas, un sonido que hizo que sus hombres intercambiaran miradas de asombro. El Duque de Gallagher rara vez reía, y mucho menos por el comentario de una dama.
—Sagan, lleva el equipaje de la dama a la Torre de la Luna. Que nadie la moleste hasta la cena —ordenó Liam. Luego, fijó sus ojos grises en Anya—. Tenemos mucho de qué hablar, pero primero, limpie el polvo del camino de su rostro. Me gusta ver a mis aliados con la claridad que se merecen.
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La cena se sirvió en una estancia circular en lo alto de la fortaleza. No había cientos de velas, solo un gran hogar donde ardían troncos de roble y un par de lámparas de aceite que proyectaban sombras alargadas en las paredes repletas de mapas y estanterías de libros antiguos. La mesa era de piedra negra, y la comida, aunque austera, era exquisita: carne de caza, pan de centeno y un vino tinto tan oscuro que parecía sangre.
Anya comía con la elegancia que su nueva posición exigía, pero sentía la mirada de Liam pesando sobre ella como un yugo. Él no había tocado su copa. Simplemente la observaba, con los dedos entrelazados bajo su mentón.
—Dígame, Anya —comenzó él, rompiendo el silencio que solo el crepitar del fuego interrumpía—, ¿en qué momento exacto decidió que el Príncipe Erick ya no valía sus lágrimas? Porque los informes que recibía de la capital hablaban de una mujer patética, obsesionada con un hombre que la despreciaba. Una mujer que habría quemado el reino solo por una mirada de amor del heredero.
Anya dejó los cubiertos con delicadeza sobre el plato. Sabía que este momento llegaría. Liam Gallagher no era un hombre al que se pudiera engañar con una simple fachada de frialdad; él buscaba la raíz del cambio.
—La gente cambia cuando el dolor de seguir siendo la misma es mayor que el miedo a transformarse —respondió ella, sosteniéndole la mirada—. Erick Cromwell no es un hombre, es un ideal que me obligaron a perseguir desde niña. Cuando entendí que ese ideal era una soga al cuello, simplemente corté la cuerda.
Liam entrecerró los ojos y se inclinó hacia adelante, invadiendo su espacio personal. El aura de oscuridad que siempre lo rodeaba pareció expandirse, enfriando el aire a pesar del fuego cercano.
—Esa es una respuesta muy poética, pero no me convence. He visto a mujeres despechadas, he visto a mujeres ambiciosas. Usted no encaja en ninguna de las dos categorías ahora —dijo él, su voz descendiendo a un susurro peligroso—. Hay algo en sus ojos, Anya. No es solo la falta de amor por Erick. Es una especie de... conocimiento. Mira a los nobles como si supiera sus secretos antes de que abran la boca. Mira al mundo como si ya hubiera visto su final.
Anya sintió un escalofrío. *¿Tan obvia soy?*, pensó. Recordó su muerte en la vida anterior, el impacto del coche, la lluvia y las páginas de la novela volando por los aires. En este mundo, ella era una anomalía, un error en el guion.
—¿Y qué si así fuera? —desafió ella—. ¿Qué si mi "conocimiento" fuera mi mejor arma? Usted también esconde secretos, Duque. Dicen que esta fortaleza está construida sobre los restos de una civilización que la corona de los Cromwell intentó borrar de la historia. Dicen que usted practica una magia que ha sido prohibida por la iglesia de la Luz.
Liam sonrió, pero no hubo calidez en su rostro.
—No desvíe el tema. Hablamos de usted. La "Anya" de hace tres meses no sabía distinguir un tomo arcano de un libro de cocina. La Anya que está frente a mí ha encontrado el Sótano de las Cenizas, ha desafiado al Príncipe y ha aceptado una invitación a la guarida del villano más temido del reino sin pestañear.
Se levantó de la mesa y caminó lentamente alrededor de ella, como un depredador evaluando a una presa que le resulta fascinante.
—A veces pienso que la verdadera Anya O’Higgins murió en algún momento y algo más... algo mucho más antiguo y astuto, tomó su lugar. ¿Quién eres realmente detrás de ese rostro de muñeca de porcelana?
Anya sintió que la marca en su pecho ardía. Un impulso repentino la llevó a levantarse también, girándose para encararlo. Estaban tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.
—Si le dijera la verdad, Duque, pensaría que he perdido la razón —dijo ella con una sonrisa amarga—. Pero piense en esto: ¿qué importa quién era yo antes, si la que soy ahora es la única persona en este reino capaz de ayudarlo a obtener lo que realmente desea?
Liam la tomó del brazo. No fue un agarre doloroso, pero sí firme, cargado de una tensión eléctrica.
—¿Y qué es lo que yo deseo, según su "conocimiento", Lady Anya?
—Usted desea justicia, no venganza —respondió ella, bajando la voz—. Desea que el nombre de los Gallagher sea limpiado de la mancha de la traición que el abuelo de Erick les impuso. Desea que la magia regrese al mundo sin que sea considerada un pecado. Y desea que Mía Roster y su falsa pureza dejen de ser el centro de un reino que se desmorona por dentro.
Liam guardó silencio por un largo tiempo. La soltó lentamente, sus ojos grises brillando con una mezcla de sospecha y una curiosidad casi febril. Nunca nadie le había hablado con tanta claridad sobre sus motivaciones internas.
—Eres peligrosa, Anya O’Higgins —murmuró él—. Mucho más de lo que imaginé cuando te encontré en el Bosque Prohibido.
—Soy necesaria, Liam Gallagher —corrigió ella, usando su nombre de pila por primera vez—. El destino que otros escribieron para nosotros decía que usted moriría como un villano y yo como una loca despechada. He decidido que no me gusta ese final. ¿Está dispuesto a ayudarme a reescribir nuestra historia, o prefiere seguir cuestionando mi identidad hasta que Erick nos destruya a ambos?
Liam la observó intensamente, como si estuviera leyendo las páginas de su alma. Finalmente, extendió una mano hacia ella, no en un gesto romántico, sino como un general sellando un pacto.
—Mañana empezaremos su entrenamiento —sentenció él—. Si tiene ese poder en la sangre y ese conocimiento en la cabeza, más le vale aprender a usarlos. En el Norte no hay lugar para las flores delicadas, solo para las espinas que saben cómo desgarrar la carne.
Anya tomó su mano. El contacto fue como una descarga de poder que pareció iluminar momentáneamente las runas ocultas en las paredes de la habitación.
—No soy una flor, Liam —dijo ella con una determinación gélida—. Soy el invierno que está por llegar a la capital.
Liam asintió, soltando su mano con una reverencia burlona pero respetuosa.
—Vaya a descansar, "Invierno". Mañana descubriré si ese fuego que dice tener es real o solo un reflejo de las velas.
Anya abandonó la estancia, pero mientras caminaba hacia la Torre de la Luna, su corazón latía con fuerza. Había superado la primera prueba, pero sabía que Liam Gallagher no dejaría de investigar. Él sospechaba la verdad: que ella no pertenecía a ese mundo. Y en un lugar como la Fortaleza Sombría, donde las sombras tenían voz, los secretos no permanecían enterrados por mucho tiempo.
qué paso con el papá, el rey y quienes son ceniza y rosa?
🫥 (joder soy gata)