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INDELEBLE

INDELEBLE

Status: En proceso
Genre:Contratadas / Amor prohibido / Amor a primera vista / Amor eterno
Popularitas:708
Nilai: 5
nombre de autor: Andreiina

una chica y un chico

ambos tiene una vida en sus hogares, una familia

pero la pasión y el amor será más fuerte por luchar por lo que sienten o se dejarán vencer y volveran a la realidad en la que viven y renunciarán a este amor.?

NovelToon tiene autorización de Andreiina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: La geometría del deseo

El primer día de Elizabeth en la corporación no se sintió como un ascenso, sino como una entrada en territorio enemigo. La oficina que le habían asignado estaba situada justo al lado de la de Maximiliano, separada apenas por una pared de cristal esmerilado que permitía ver las sombras, pero no los detalles.

Era un espacio aséptico, elegante y aterradoramente silencioso.

Elizabeth colocó su libreta de notas y su pluma sobre el escritorio de caoba.

Intentó enfocarse en los manuales de identidad de la empresa, pero su oído estaba traidoramente atento a cada sonido que provenía de la habitación contigua: el carraspeo de Maximiliano, el timbre de su teléfono, el roce de su silla contra el suelo.

A las once de la mañana, la puerta comunicante se abrió sin previo aviso.

Maximiliano entró sin su chaqueta, con la camisa remangada hasta los codos, revelando unos antebrazos fuertes que denotaban una vitalidad que su rostro cansado intentaba ocultar.

—¿Cómo va el análisis, Elizabeth? —preguntó él. No usó el "señorita Moore". Había una familiaridad involuntaria en su voz que la hizo estremecer.

—He estado revisando la historia de la fundación —respondió ella, tratando de mantener la voz profesional—. Es impresionante cómo pasó de un pequeño almacén a este imperio en menos de una década. Pero en algún punto del año cinco, la narrativa se vuelve fría. Los informes dejan de hablar de personas y empiezan a hablar de "activos".

Maximiliano se apoyó en el marco de la puerta. La observó en silencio durante unos segundos que parecieron eternos.

—En el año cinco nació mi ambición de verdad —dijo él con una sinceridad que la desarmó—. Me di cuenta de que si quería proteger lo que tenía, debía volverme intocable. Y para ser intocable, hay que ser de hielo.

—El hielo se rompe, Maximiliano —replicó ella suavemente, levantando la vista de sus papeles—. Y cuando se rompe, lo que hay debajo suele estar muy necesitado de sol.

Él no respondió. En lugar de eso, caminó hacia el ventanal de la oficina de Elizabeth. Desde allí, la vista era diferente. No se veía el centro financiero, sino los barrios antiguos de la ciudad, donde la gente caminaba por las calles y la vida era ruidosa.

—Cuénteme de usted —dijo él de repente, sin mirarla—. ¿Qué hace cuando no está tratando de "humanizar" a hombres de negocios?

Elizabeth dudó. Hablar de su vida personal se sentía como abrir una brecha en su armadura.

—Vivo una vida sencilla. Mi esposo, Adam, es arquitecto. Pasamos el tiempo soñando con una casa que aún no podemos pagar y cenando comida para llevar mientras estudiamos. Somos... normales.

—"Normales" —repitió Maximiliano, y la palabra sonó amarga en su boca—. Qué concepto tan exótico. Aquí todo es extraordinario, pero nada es real. Mi esposa, por ejemplo, está ahora mismo en un almuerzo benéfico administrando fondos para una causa que probablemente olvidará mañana. Mi hija está con una niñera que habla tres idiomas, pero que no sabe cómo calmarle un cólico.

Había una vulnerabilidad en su confesión que Elizabeth no esperaba. Sintió un impulso casi eléctrico de acercarse y poner una mano en su hombro, pero se obligó a quedarse sentada.

—Usted tiene una hija —dijo ella, tratando de desviar el tema hacia algo menos peligroso—. Debe ser lo más real que tiene.

—Valeria es lo único que me mantiene cuerdo —confesó él, girándose por fin para mirarla—. Pero a veces, cuando la miro, siento pánico. Pánico de que termine siendo tan eficiente y tan fría como nosotros.

El resto de la jornada fue una danza de tensiones. Trabajaron juntos durante horas en la mesa de juntas. Elizabeth proponía ideas —entrevistas a los empleados más antiguos, un manifiesto sobre los valores familiares de la marca— y Maximiliano las rebatía, no porque no le gustaran, sino porque cada palabra de ella parecía estar desnudando sus propias carencias.

En un momento dado, mientras revisaban un boceto, sus manos se rozaron sobre el papel.

Fue apenas un segundo, pero ambos retiraron la mano como si hubieran tocado un cable de alta tensión. El aire en la habitación se volvió espeso, difícil de respirar.

—Lo siento —susurró Elizabeth, con el corazón martilleando contra sus costillas.

—No se disculpe —respondió él, con la mirada fija en los ojos de ella. Maximiliano sintió que el cristal que lo protegía del mundo estaba empezando a astillarse.

Elizabeth tenía un olor a jazmín y a lluvia que lo estaba volviendo loco. No era el perfume caro de Solangel; era un olor a vida.

La jornada terminó a las ocho de la noche. Cuando Elizabeth salió de la torre, se sintió agotada, como si hubiera corrido un maratón emocional.

Al llegar a casa, Adam la esperaba con una sonrisa y una lasaña congelada que acababa de calentar.

—¿Cómo te fue, mi amor? —preguntó Adam, abrazándola por la cintura.

Elizabeth cerró los ojos y se hundió en el abrazo de su esposo. Debería haberse sentido segura, pero por primera vez, el abrazo de Adam se sintió insuficiente.

El recuerdo de la mirada de Maximiliano, de su confesión sobre su hija y de ese roce eléctrico, se había instalado en su mente como una infección.

—Bien —mintió ella—. Es mucho trabajo, Adam. Ese hombre es... complicado.

—Tú puedes con todo, Eli. Piensa en la casa. Ya falta poco.

Esa noche, mientras Adam dormía plácidamente, Elizabeth se quedó despierta, escuchando el tráfico de la calle.

Se sentía dividida.

Una parte de ella quería huir de esa oficina y nunca volver a ver a Maximiliano. La otra parte, la que ella misma no conocía, contaba las horas para que fueran las nueve de la mañana y pudiera volver a entrar en ese despacho.

Mientras tanto, en la residencia de los Ferrara, Maximiliano estaba sentado en el borde de su cama. Solangel ya dormía, con su tablet aún encendida sobre la mesa de noche.

Él se levantó y fue a la habitación de Valeria. Se quedó allí, en la oscuridad, escuchando la respiración rítmica de su hija.

Pensó en Elizabeth. Pensó en la forma en que ella hablaba de su vida "normal". Sintió una envidia feroz hacia ese hombre, Adam, que no tenía nada pero lo tenía todo. Y luego, sintió una premonición oscura. Sabía que estaba entrando en un terreno del que no se sale ileso.

Miró a su hija y una frase cruzó su mente como un relámpago: "Si algún día me siento dividido...". Todavía no sabía que esa idea se convertiría en la súplica de Elizabeth, pero ya empezaba a sentir el terror de lo que estaba por venir.

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Yessenys Díaz
❤️❤️❤️
jmlanena
Ya no son sospechas!!! 🧐 Son dudas muy claras!!! 🤷
jmlanena
Cuando la realidad los alcance, arrasará con todo!!!!🤦
jmlanena
No se puede huir de la realidad cuando está golpea tu puerta 🚪!!¡
jmlanena
Se dejaron llevar por la pasión ❤️‍🔥 del momento y el deseo pasajero del sentimiento mutuo!!!🤦
jmlanena
Sucedió lo que tanto temian!!!🤦
jmlanena
El compartir juntos el tiempo y el espacio aún en actividades profesionales, no será fácil para Maximiliano mantener su posición de jefe de hielo?
jmlanena
Es inevitable Maximiliano reflexionar y pensar en la vida que tienes hasta ahora!!!
jmlanena
Tienes años repitiendo la misma mentira una y otra y otra vez!!!!🤦
jmlanena
Dos vidas que creen que teniendo todo lo que soñaron para ser felices, en el día a día viven una realidad totalmente diferente y el destino juega en favor de despertar lo mejor de cada uno y nos motiva a vivir con intensidad cada día!!!🥰🥰🥰🥰
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