Renace en la novela que estaba leyendo y en el personaje que más odiaba.. Pero, dispuesta a cambiar su destino.
* Historia parte de un universo mágico.
** Todas novelas independientes.
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Oliver Amery
Después de la visita de Felicity, la vida de Florence retomó su curso decidido. La duquesa trabajaba sin descanso.. revisaba documentos, reorganizaba cuentas, firmaba decretos internos, escuchaba a los encargados de cada negocio del ducado… y aprendía. Aprendía con rapidez, absorbiendo información como si hubiera nacido para gobernar.. sus conocimientos de su primera vida y la novela, le ayudaban por lo que actuaba segura y confiada..
El luto seguía vistiéndola de negro, pero ya nadie la veía como una viuda frágil. La veían como la duquesa Evenson.
Pasaron las semanas, y un día Molly le recordó una reunión importante que tenía en la agenda.
—Mi señora, hoy recibirá al señor Oliver Amery —le dijo con respeto—. Es uno de los socios más influyentes del ducado.
Oliver Amery.
El nombre le sonó como una campana distante. Lo conocía. No como duquesa, sino como lectora de la novela.
Tardó unos segundos… hasta que lo recordó.
Oliver era uno de los mejores amigos de Jason. Un hombre de negocios brillante, discreto, y totalmente leal al duque. En la novela, había sido uno de los pocos que sabía la verdad sobre la falsa muerte.
Era, sin duda, su cómplice.
Un brillo frío y calculador cruzó los ojos de Florence. Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, peligrosa.
[Perfecto.. Si Jason quería jugar a las sombras… yo dire lo quiero que las sombras escuchen..]
Se preparó con cuidado. Eligió un vestido negro sencillo pero elegante, con cuello alto y mangas ajustadas. El cabello recogido en un moño impecable. Ningún adorno innecesario, solo la autoridad tranquila que irradiaba su postura firme.
Cuando Oliver Amery fue anunciado, Florence ya estaba sentada tras el gran escritorio de roble, rodeada de papeles ordenados y libros abiertos. La escena perfecta de una gobernante competente.
El hombre que entró era alto, de porte distinguido y rostro sereno. Sus ojos, inteligentes y analíticos, la estudiaron con discreción.
Se inclinó respetuosamente.
—Mi señora, es un honor verla nuevamente.
Florence sonrió de manera cordial.
—Gracias por venir, señor Amery. Tome asiento.
Desde el primer minuto, ella condujo la reunión.
Habló con precisión sobre los ingresos, sobre la rentabilidad de las minas, sobre la administración de tierras, sobre las exportaciones. Hizo preguntas agudas. Opinó con criterio. Sugirió mejoras.
Y, de vez en cuando, dejaba escapar comentarios ligeros, casi bromas suaves, que aliviaban la tensión sin perder elegancia.
Su inteligencia era evidente.
Su control, absoluto.
Oliver, acostumbrado a ver en la duquesa una joven tímida y enamorada, apenas pudo ocultar su sorpresa. La observaba con atención creciente, adaptando su discurso, midiéndola.
No podía creer que aquella viuda, supuestamente destrozada por la tragedia, estuviera tan centrada. Tan firme. Tan… distinta.
—Debo admitir, duquesa —dijo en cierto momento, con una pequeña sonrisa—, que me impresiona su dominio de estos asuntos. Jason… —se interrumpió apenas, con un leve endurecimiento en la mirada— el difunto duque, solía manejarlo todo personalmente.
Florence sostuvo la mirada sin parpadear, con una calma que ocultaba perfectamente la tormenta de pensamientos que corría tras sus ojos.
—Lo sé —respondió con suavidad—. Pero ahora… me corresponde a mí.
Su voz no tembló.
Sus palabras estaban cargadas de una fuerza silenciosa.
[La duquesa Evenson no es una figura decorativa.]
Y, aunque él no lo sabía, cada palabra que pronunciaba estaba cuidadosamente calculada.
La conversación avanzó con la misma fluidez elegante que Florence había planeado desde el principio. Ella se mantenía erguida, segura, cada gesto calculado, cada sonrisa perfectamente medida.
En un momento, Oliver revisó unos documentos y carraspeó suavemente antes de hablar con voz formal..
—Duquesa… hay un asunto pendiente. Los fondos destinados a los negocios externos del ducado, en los reinos vecinos… están congelados desde hace semanas. El dif— —se detuvo un segundo, corrigiéndose con cuidado—, el anterior duque siempre los gestionaba de manera personal. Sería conveniente reactivar esos movimientos para no afectar las alianzas comerciales.
Florence inclinó ligeramente la cabeza.
Ahí estaba.
La señal que esperaba.
Él no tenía por qué saber eso. No, al menos, de manera tan concreta. Esa información solo circulaba en círculos muy cerrados… y para ella fue la confirmación definitiva..
Jason ya no podía mover ese dinero.
Y Oliver hablaba por él.
Pero nada de eso se reflejó en su rostro. En su lugar, Florence adoptó una expresión amable e incluso juguetona.
—Oh, eso —dijo con tono ligero—. Sí, lo sé. Pero he decidido que, de momento, los fondos permanezcan dentro del ducado.
—¿P–permanezcan… aquí? —repitió Oliver, desconcertado.
Florence apoyó el mentón en una mano, sonriendo suavemente, como si hablara de algo trivial.
—Claro. he enviudado, señor Amery. Y ya sabe… una mujer sola debe asegurarse de que su patrimonio esté bien protegido —sus ojos brillaron con una chispa burlona—. Además, empiezo a tomarle cariño a mi dinero. Prefiero tenerlo cerca de mí.
Oliver parpadeó. Aquello no coincidía en absoluto con la dulce joven sumisa que recordaba.
Intentó insistir, aún manteniendo la cortesía..
—Entiendo su postura, pero… hay compromisos previos. El flujo económico con otros reinos…
—Se ajustará —lo interrumpió ella suavemente, pero con una firmeza indiscutible—. Lo que está fuera… tardará en volver. Lo que ya está aquí… no saldrá por ahora.
Luego, como si fuera una broma inocente, añadió..
—Además, quién sabe. Soy una duquesa viuda joven. Quizás en poco tiempo vuelva a casarme y haya un nuevo duque administrando todo. Me sentiría más tranquila si, llegado ese momento, el dinero estuviera… conmigo.
Lo dijo con gracia, casi riendo.
Pero cada palabra fue colocada como una daga.
Oliver se quedó tan atónito que la taza de té se le resbaló de la mano. El delicado porcelanato chocó contra el platillo, el líquido oscuro salpicó su mano y dejó una mancha en el mantel.
—¡Ah! —murmuró con un leve quejido al sentir el ardor.
Molly acudió de inmediato, ofreciéndole un pañuelo y retirando la taza rota. Pero Oliver apenas reaccionaba al dolor.
Su mente estaba en otra parte.
En esas palabras.
Un nuevo duque. Un nuevo matrimonio. Otra autoridad sobre el ducado.
Eso… jamás estaba en los planes.
Y si Jason llegaba a escuchar aquello…
La preocupación cruzó por sus ojos como una sombra.
Florence lo notó, y su sonrisa se volvió exquisitamente tranquila.
Porque ese era el efecto que buscaba.
No necesitaba gritar.
No necesitaba acusar.
Bastaba con hablar… para que el mensaje viajara exactamente adonde ella quería.
Y Oliver Amery lo había recibido.