Tormentosa, dolorosa hasta que llega el.
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Cap. 6
-¿¡¡Cuantas veces te he dicho que no debes husmear y mucho menos tocar mis cosas, Emily!!? –Preguntó en gritos su padre eufórico, corriendo hacia la lacena de la cocina para sacar el extintor que guardaba en caso de emergencia, rociando sobre las llamas que se esfumaron cuando el líquido blanco hizo su trabajo.
Emily se sobresaltó aún sobre el suelo y de su boca no salió respuesta alguna, pues el miedo que tenía de su padre, la llevó simplemente a implorar perdón. Pero aquel acto de arrepentimiento para Ethan no servía, venía viendo conductas testarudas y desobediente que Emily empezaba a experimentar, y eso para él no era bueno, porque sería más difícil controlarla, lo que significaba agilizar la venta lo más pronto antes de que se revelara y se le saliera de las manos. La tomó con violencia de los brazos y la hizo quedar en pie frente a él.
Levantó la mano con todas sus fuerzas, aunque le pesara dañar la piel de Emily, tendría que dar una lección, una que la dejó con la cara hacia un lado haciendo que probara nuevamente el sabor de la sangre en su boca.
La mirada de Emily recayó en su padre, a quien veía borroso por las lágrimas acumuladas en sus ojos. Su padre le había golpeado el rostro, algo que jamás había hecho porque marchitaba la belleza de su piel y una belleza marchita no servía para obtener un dueño.
-Padre, me has golpeado en el rostro. –Emily gimoteo casi en un susurro, que Ethan pudo escuchar muy bien.
-Eres una chica mala y desobediente Emily. Perdí mi tiempo contigo. ¿Dónde quedó todo lo que te he enseñado? -Dime Emily. -¿Cuándo fue que se marchó la niña pulcra y obediente que había en tu interior?. –Apretó su mandíbula sabiendo que aquella expresión aterrorizaba a Emily aún más.
-¿Por qué tan de repente empiezas a hacer cosas que me molestan y que te pueden llevar a quedarte aquí para siempre? -¿¡Dime Emily!?.
-Ahora tendré que llevar el generador a reparar. –Dijo tomando nuevamente las cadenas. –Tu misma te privas de la libertad que te doy Emily. Tenía pensado que fuéramos a la cascada y tal vez iniciarías con las clases para recibir a tu dueño, Pero ahora tendré que irme por unos días para componer el daño que hiciste.
-Lo siento padre. Expresó Emily nuevamente sintiendo esa sensación apretada en su pecho.
-Si lo sintieras, si lo entendieras, no hicieras nada que dañe mi buen humor.
Ethan tomó la cadena nuevamente, acomodándola en el tobillo de Emily, quien no se resistió a nada, solo dejo que su padre terminara para verlo partir por la puerta, con la caja que daba energía a la cabaña.
Mientras Ethan caminaba a su auto, seguía reprendiéndose por ser tan imbécil, sabía que Emily era curiosa, pero jamás pensó que llegara a tanto. Molesto camino casi doscientos metros de distancia, donde se encontraba su auto oculto en medio de arbustos para que no fuera identificado. Abrió la puerta y subió dejando el generador en el puesto del copiloto. Saco su teléfono de la guantera que mostraba 89 llamadas perdida de un número que conocía bastante bien.
Ethan llevó las manos a la cabeza en señal de frustración, pues ir a la ciudad con el tremendo problema que albergaba en la actualidad en el momento por su culpa, lo dejaba al acecho de que dieran con su paradero y terminaran acabando con su vida; llevándolo a reflexionar cuando fue el momento exacto en que todo se le salió de control. Pues Ethan después de la muerte de su esposa y de cerciorarse que Emily aprendiera lo básico para poder depender de sí misma, se involucró mucho más en el mundo del mercado negro; desde venta de armas y drogas, hasta el secuestro, prostitución de mujeres y peleas clandestinas, que en este caso era la actividad que más le estaba generando utilidades.
Había conocido hace un año a un hombre que se dedicaba al mundo del boxeo, solo que aquel deporte lo ejercía de manera ilegal para calmar su furia, una que traía desde hace mucho tiempo en su interior. Lo observó pelear en varias ocasiones y aquel joven derrumbaba a su contrincante con facilidad, haciendo que Ethan apostara pequeñas cantidades de dinero que empezó a multiplicar con el paso del tiempo, haciéndolo ahorrar una pequeña fortuna que perdió en un casino gracias a la codicia que lo albergó por querer más.
Con lo que no contaba Ethan en ese entonces, era que aquel Casino era la propiedad de una banda ilícita patrocinada por uno de los grandes mafiosos de Europa. Mensajes certeros que tenían como contenido que pronto visitaría el infierno llevaron a Ethan al límite de la desesperación, llevándolo a esconderse por un tiempo en las profundidades del bosque de Michigan, donde ocultaba a la pequeña Emily.
Encendió el auto y arranco con la intranquilidad de estar al acecho del cazador.
Cuando tuvo línea inmediatamente tecleo para comunicarse con Jackson, quien no dudo en contestar al otro lado de la línea, necesitaba buscar dinero y Jackson era la salida a su problema.
-A ti te traga la tierra cada mes Sansari. –Del otro lado de la línea, la joven y ronca voz del Jackson Miller, caían con fascinación en el conducto auditivo de Ethan, él sabía en el fondo que tanto insistir en contactarse con él, era a causa de un negocio grande.
-Tengo mis propios asuntos. –Hablo dejando salir una sonrisa de gloria en su boca.
-Espero que la búsqueda sea promotora de algo bueno, beneficioso, y con muchos ceros de los grandes. –Ethan menciono, saliendo del bosque para encontrarse con la carretera que lo llevaría de viaje hasta la ciudad de Michigan.
Después de haber conversado con Jackson vía telefónica, Ethan sonrió maliciosamente, pues todo se ponía a su favor, esta noche apostaría con dinero ajeno, 60 mil dólares que multiplicaría para pagar su deuda en el casino y luego desaparecer por un tiempo hasta que la marea retomara su lugar.
Las 8 horas llevaron a su destino a Ethan quien a lo lejos pudo observar las luces que adornaban la ciudad, haciendo acumular un grado de intranquilidad. A paso apresurado, se estacionó en una estación de gasolina donde había varios autos parqueados, tomo la manguera y empezó a surtir el tanque, mientras eso pasaba, caminó a la pequeña tienda donde pagó el servicio y al salir se dispuso a observar de los cinco autos que habían estacionados, cuál sería el menos sospechoso, pues necesitaba deshacerse de su auto para no ser identificado por los hombres de Jackson una vez se dé cuenta de su ausencia.
Con un pequeño alambre violó el seguro de una camioneta color humo, la cual escogió por ser señoritera y le favorecía porque tenía un letrero de niños a bordo.
Camino nuevamente hasta su auto para parquearlo, sin mostrar sospechas, tomo de la guantera todo documento que lo relacionara con él, más el generador quemado que iba a desechar más adelante. Con suma precaución paso todo al otro auto, y emprendió la huida que salió sin problemas como él se lo esperaba.
Minutos más tarde, Ethan ya se encontraba en una de las bodegas donde frecuentemente organizaban peleas clandestinas de alto voltaje, pues era una generación de pandillas callejeras japonesas que intentaban desmarcarse del control en el combate y contra ellos la pelea era muerte para obtener la victoria. La salida de Ethan estaba frente a sus ojos, viendo como el Despiadado Jackson Miller le daba una lluvia de puñetazos a su contrincante ocasionándole daños que tal vez serian irreparables, pero que para Ethan era saborear miles de dólares que lo llevarían a hundirse, peor de lo que ya se encontraba.