¿Puede un algoritmo salvarte la vida o terminar de destruirla?
Cansado de estar solo, el protagonista decide bajar una app de citas para encontrar el amor. Lo que empieza con un par de citas raras y anécdotas para la risa, termina con él creando su propia App. Pero cuando finalmente aparece ese match ideal, descubre que la vida real no se puede programar y que el amor duele mucho más de lo que recordaba.
Esta es la historia de una caída: desde las risas de la primera cita y las 15 rupturas en dos meses, hasta la traición y el duro camino de un hombre que tuvo que perderlo todo —incluida su propia identidad— para entender qué significa realmente amar.
Pero esta no es solo la historia de cómo se destruye. Es también cómo se levanta. Cómo aprende a ser padre, cómo vuelve a intentarlo, cómo encuentra segundas y terceras oportunidades cuando ya no creía que quedaran.
Una tragicomedia sobre amor, pérdida, y lo difícil que es reconstruirse cuando pensabas que ya no había vuelta atrás.
NovelToon tiene autorización de Claudio Briones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Electricidad en la oscuridad
CLAUDIO POV:
No había otra opción: Leena se acurrucó a mi lado.
Ambos vestidos.
Ambos rígidos.
Ambos pretendiendo que esto no era raro.
ERA RARÍSIMO.
—No te hagas ideas —dijo.
—No me estoy haciendo ideas.
—Esto es solo para no morir.
—Entendido.
Nos quedamos ahí, de espaldas.
Sin tocarnos.
Pero el frío era demasiado.
—Claudio...
—¿Qué?
—Necesito más calor.
—¿Qué quieres que haga?
—Abrázame.
—¿Qué?
—Ya sabes. Como cucharitas. Para calor.
—¿Me estás pidiendo que te abrace?
—Para no morir de frío. Sí.
PROCESANDO.
ESTO ES SURREALISTA.
Lentamente, la rodeé con mi brazo.
Ella se acurrucó contra mí.
SE SENTÍA BIEN.
Demasiado bien.
Su cabeza en mi pecho.
Mi brazo alrededor de ella.
Su respiración sincronizando con la mía.
—Esto es solo por el frío —susurró.
—Solo por el frío —confirmé.
Pero ambos sabíamos que era mentira.
Porque esa electricidad estaba ahí otra vez.
Más fuerte que nunca.
Y lentamente...
Nos quedamos dormidos.
Abrazados.
Como si no nos hubiéramos peleado.
Como si no estuviéramos en una celda.
Como si fuera lo más natural del mundo.
7:39 AM
LEENA POV:
Abrí los ojos.
¿DÓNDE ESTOY?
Paredes grises.
Baño con vista.
OH. LA CELDA.
Y entonces lo sentí.
Un brazo alrededor de mí.
Respiración en mi cuello.
CUERPO CÁLIDO CONTRA EL MÍO.
Giré la cabeza lentamente.
CLAUDIO.
DORMIDO.
ABRAZÁNDOME.
¿EN QUÉ MOMENTO DORMÍ CON EL PSICÓPATA?
—¡ALÉJATE! —grité, empujándolo.
Él cayó de la cama.
LITERALMENTE.
—¿QUÉ? ¿QUÉ PASÓ? —gritó desorientado desde el suelo.
—¡Estábamos abrazados!
—¿Y? ¡Tú me pediste que te abrazara!
—¡Por el frío!
—¡EXACTO! ¡Por el frío! ¿De qué te quejas?
Me senté en la cama, procesando.
Había dormido con él.
Abrazados.
Y... había sido la mejor noche de sueño en meses.
MIERDA.
—¿Por qué te despiertas gritando? —preguntó Claudio, todavía en el suelo.
—Porque... porque no planeé despertar abrazada a ti.
—Nadie planea nada en la vida, Leena. Incluyendo terminar en una celda.
Tenía un punto.
—Ayúdame a levantarme —dijo extendiendo la mano.
Lo miré.
Su mano extendida.
Su cara adormecida.
Su cabello despeinado.
SE VEÍA... LINDO.
NO. LEENA. PARA.
Le di la mano y lo ayudé a levantarse.
Nos quedamos parados.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
—Buenos días —dijo.
—Buenos días —respondí.
Y algo había cambiado.
No nos odiábamos ya.
Seguíamos molestos.
Pero... diferentes.
8:15 AM
OFICIAL: —Claudio. Leena. Son libres.
Nos miramos.
—¿Así nada más? —pregunté.
—El Juez revisó el caso. Decidió no presentar cargos. Pero tienen prohibido acercarse a ese café de por vida.
—¿Y eso es todo?
—Eso es todo. Firmen aquí y lárguense.
Firmamos.
Nos devolvieron nuestras cosas.
Salimos de la estación.
Y ENTONCES...
Nos dimos cuenta de dónde estábamos.
—¿Dónde mierda estamos? —preguntó Claudio.
Miré alrededor.
Campo.
Mucho campo.
Montañas a lo lejos.
LA COMISARÍA ESTABA EN MEDIO DE LA NADA.
—Esto está como a 20 kilómetros de la ciudad —dije.
—¿VEINTE KILÓMETROS?
—¿No tienes batería?
—No. ¿Y tú?
—Yo tampoco.
Nos miramos.
—Tendremos que caminar —dijimos al unísono.
Empezamos a caminar.
No había otra opción.
20 kilómetros.
A pie.
Por un camino polvoriento.