Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.
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Capítulo XVII: El pacto de las heridas
Esa noche Kendra apenas si pudo dormir, y cada vez que lo intentaba, veía el rostro magullado de su hermana, por suerte el equipo de relaciones públicas logró lo imposible: fabricaron una narrativa donde el noviazgo de Keila y Ángel nunca existió, calificándolo como un “malentendido de la prensa”, y presentaron a Kendra y Ángel, como la pareja legítima, y para sellar la mentira, anunciaron una fastuosa fiesta de compromiso en un mes.
—Solo espero que Keila decida quedarse callada o de lo contrario esto va a continuar —murmuró Kendra frente al espejo, mientras cubría con maquillaje la inflamación de su rostro —Si ella no abre la boca, este escándalo se enterrará para siempre.
Keila en efecto se quedó callada, pero no por las razones que pensaba Kendra sino porque esto era parte de su estrategia para vengarse de ellos.
Entre confesiones amargas y el efecto del alcohol, Keila y René encontraron un refugio inesperado el uno en el otro, y lo que comenzó como un consuelo mutuo terminó en una noche de pasión desenfrenada.
Al despertar, la luz del sol iluminaba sus ropas esparcidas por toda la habitación, estaban abrazados, pero en sus ojos no había rastro de arrepentimiento, solo mucha determinación.
—Ellos creen que ganaron, René —dijo Keila, observando en su teléfono el anuncio oficial de la fiesta de compromiso—Creen que pueden borrarme de la historia, y llamarme “malentendido”, pero les voy a mostrar a todos la verdad.
René con la mirada endurecida debido al desprecio hacia Kendra, asintió con lentitud.
—Kendra ama su reputación más que a nada, y Ángel ama el poder y el prestigio que le da el apellido Barreto, así que vamos a quitarles ambas cosas.
Ambos llegaron a un acuerdo, y es que dejarían que Kendra organizara su fiesta de compromiso perfecta, solo para desenmascararla frente a todos a sus conocidos y con las pruebas que tenía Keila hacer de la vida de Ángel un verdadero infierno.
Keila ya nunca más sería la “hermana dócil”; sino una mujer que no tenía nada que perder y ahora que había encontrado en René a un aliado que sabía cómo descubrir los secretos financieros de la familia Barreto, nada podría detenerla.
Cuando Kendra bajó a la sala, el silencio que reinaba en el lugar le indicó que su padre ya se había marchado, sintió un enorme vacío, pero se recompuso, observó a su alrededor y en la estancia estaba Ifigenia con una taza de café en la mano mostrando una actitud arrogante.
No estaba sola porque la acompañada Marisela Duarte una de las pocas amigas de Kendra y la planificadora de eventos más cotizada de la ciudad.
Marisela observó a Kendra con asombro porque ignoraba que estuviera saliendo con Ángel, ya que no era cercana a Keila así que no sabía sobre sus planes de boda, sin embargo, cuando recibió una llamada de Ifigenia a primera hora para organizar una fiesta de compromiso a tal escala y en medio de tantos rumores, tenía muchas preguntas, pero no podía rechazar la petición de un cliente tan importante.
—¡Finalmente, te levantaste! —dijo Ifigenia con molestia que no intentó disimular.
Kendra intentó esbozar una sonrisa, pero el tirón en sus mejillas se lo hizo difícil debido a la inflamación, sin embargo, fiel a su personalidad mantuvo la compostura y se sentó, sintiéndose como una extraña en su propio hogar.
—No se preocupe, señora Barreto, tenemos tiempo de sobra para que todo sea perfecto —aseguró Marisela, tratando de aliviar la tensión mientras abría su tableta.
Marisela comenzó a desglosar opciones de flores, catering y estilo de la fiesta, pero Kendra apenas si escuchaba, sus ojos vagaban por la estancia esperando a que su padre regresara.
—¿Estás de acuerdo con lo que propone tu madre? —preguntó Marisela, notando el vacío en la mirada de su amiga.
—Si… todo se ve muy bien —respondió Kendra con un desinterés que rozaba la apatía.
El ambiente se volvió muy turbio cuando más tarde llegó Ángel y no le pasó desapercibido la forma depredadora con la cual recorrió el cuerpo de Marisela, con la mirada y negó con la cabeza porque ese hombre no tenía contención ni respeto, ni siquiera delante de su suegra y su futura esposa.
Sin embargo, lo que realmente captó su atención fue su andar errático, Ángel caminaba con una incomodidad evidente, señal de que el rodillazo de Keila en su entrepierna había dejado secuelas dolorosas y eso sí que le pareció divertido porque al menos no tendría que dormir con él por un par de semanas.
Al terminar la reunión, Ifigenia esperó a que Marisela se marchara para descargar su irritación hacia Kendra, porque ella no mostraba ningún interés en el evento.
—Quiero pensar que es el embarazo lo que te tiene así —dijo Ifigenia, cerrando la distancia y tomándola con fuerza por el brazo, clavando sus uñas en la piel de su hija.
—Lo siento, mamá... —susurró Kendra, sintiendo el frío de la advertencia— Es que no pude dormir bien.
Kendra se soltó del agarre de su madre, dándose cuenta de que la fiesta de compromiso no era una celebración de su supuesto amor por Ángel, sino una muestra de la victoria de su madre.
Kendra no se sorprendió cuando Marisela le envió un mensaje para preguntarle si todo estaba bien, no eran muy cercanas así que no podía contarle la verdad, por lo que le respondió que solo estaba nerviosa debido al evento.
En otra parte de la ciudad Axel dejó a Andrés en la sede de la empresa y luego condujo a su único refugio, la casa de su madre.
—Supongo que necesitas que te ayude con algo —dijo Esmeralda cruzada de brazos fingiendo severidad—O de lo contrario no vendrías a visitarme un día sábado.
Axel le dio un fuerte abrazo, porque desde que trabajaba para los Barreto solo podía ver a su madre una vez por semana, y sus visitas eran muy breves, pero sentía que todo lo que hacía valía la pena.
—Mamá, sabes que no es la única razón —respondió dándole un beso en la mejilla que suavizaba el gesto de la mujer.
Era sorprendente como aquel hombre de rostro severo y modales gélidos cuando estaba con su madre se comportaba como un hijo cariñoso, mientras tomaban una taza de café, hablaron de varios temas de sus vidas cotidianas, hasta que surgió el tema que Axel más evitaba: su estancado divorcio de Marisol.
—Marisol vino a visitarme esta semana—soltó Esmeralda— Dijo que quería hablar contigo en persona antes de firmar los papeles definitivos.
—No tengo nada que hablar con ella —replicó Axel, endureciendo la mandíbula al instante.
—Por lo menos escucha lo que tiene que decir, mereces cerrar este capítulo en paz.
—Tengo que pensarlo, mamá, porque no sé si quiero hablar con ella.
Axel estaba seguro de no querer hablar con Marisol, pero también el divorcio lo tenía desgastado, su ex se estaba aprovechando del sistema lo suficiente para prolongarlo lo más posible, sin querer hablar más sobre el tema del divorcio, le entregó las muestras de ADN a su madre porque sabía que ella con sus contactos en el sector salud se aseguraría de que se hicieran las pruebas de manera confiable lejos de la astuta mirada de Ifigenia.
Esmeralda miró los sobres con tristeza porque sabía que esos resultados cambiarían las vidas de las hermanas Barreto.
—Es lamentable por esas dos chicas, porque sin importar los resultados una va a terminar perdiéndolo todo.
—No entiendo al Señor Barreto—confesó Axel sintiéndose frustrado— Porque es obvio que quiere a sus dos hijas, entonces, ¿Por qué darle tanta importancia al tema del linaje ahora?
—Hijo, a pesar de qué padre es el que cría y no el que engendra, el linaje siempre seguirá siendo muy importante para un hombre, tú no lo entiendes porque no quisiste ser padre.
Axel frunció el ceño porque no fue que no quería ser padre simplemente no se dio la oportunidad con Marisol y ahora a sus treinta y seis años, ya casi había descartado la idea de la paternidad.
—Mamá, no necesito decirte que este asunto debe mantenerse con mucha discreción, la señora Barreto tiene ojos en todas partes—dijo Axel para cambiar el incómodo Tema.
—Sabes que mis labios están sellados Axel, ve tranquilo —respondió ella, dándole una palmadita en el hombro— piensa en lo que te dije sobre Marisol, no dejes que el pasado te impida avanzar hacia el futuro.
Axel se despidió de su madre sintiendo un peso extraño en su pecho, y mientras caminaba hacia el auto, la idea del “linaje” y la paternidad le daba vueltas en la cabeza porque aún no se resignaba a la idea de no tener un hijo.