*Ella solo quería pagar sus cuentas. Él solo quería mantener su imperio.*
Sofía no buscaba problemas, solo un buen turno de noche. Pero cuando sus ojos se cruzan con los de Alessandro, el hombre que controla la noche y el peligro, su vida sencilla se hace añicos. Ella es testigo de algo que no debió ver, y ahora, en lugar de ser eliminada, se convierte en su posesión más preciada y peligrosa.
Alessandro es un depredador, un jefe de la mafia cuya palabra es ley y cuyo corazón se creía muerto. Pero Sofía, con su inocencia indomable y su inesperada resistencia, desentierra una vulnerabilidad que él juró enterrar bajo capas de poder.
Atrapados en una mansión dorada que es también su jaula, la tensión entre ellos se vuelve insoportable. ¿Podrá Sofía amar a un hombre cuyo mundo se construye sobre secretos y violencia? y estará Alejandro dispuesto a quemar su imperio hasta los cimientos para mantenerla a salvo?
prepárate para una historia donde la obsesión es la única regla.
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capitulo 6
Luca se había encogido, su rostro pálido traicionando el miedo que intentaba ocultar bajo su fachada de matón. Alessandro no dijo nada más. Simplemente miró a Luca hasta que este se recompuso lo suficiente para murmurar una disculpa inaudible y retirarse, desapareciendo por el pasillo lateral con una prisa que delataba su alivio por haber escapado de una condena peor.
Alessandro se giró hacia Sofía, quien seguía junto a la puerta de roble, sintiendo el eco de la autoridad absoluta de su jefe.
"Luca es ambicioso y lento," sentenció Alessandro, volviendo a la biblioteca.
"Un riesgo innecesario. Gracias por ser mi ancla a la realidad, Sofía. Tu presencia me obliga a medir mis reacciones."
Sofía se sintió extrañamente poderosa por un segundo. Ella, la camarera con deudas, había sido la causa de que el jefe de la mafia se contuviera.
"Solo hice lo que me enseñaron a hacer en servicio," respondió ella, intentando sonar profesional, aunque su corazón latía al ritmo de un tambor tribal. "Identificar y reportar el riesgo."
"Y ahora tu riesgo eres tú," musitó él, acercándose a su escritorio.
Esa noche, la sesión de tutoría fue diferente. Alessandro no habló de pasivos circulantes. Habló de su familia, no de los negocios, sino de la carga del nombre. Habló de la soledad inherente al poder, y Sofía, por primera vez, sintió que la pared de hielo que lo rodeaba se agrietaba, dejando ver una vulnerabilidad genuina.
"¿Por qué me cuentas esto?" preguntó ella, sintiendo que cruzaba una línea invisible.
Alessandro se detuvo, su mirada oscura se clavó en ella con una intensidad que quemaba. Estaba demasiado cerca. El olor a cuero caro y colonia amaderada la envolvió, desplazando el aroma a pan quemado que había marcado sus días.
"Porque te necesito honesta, Sofía. Y la honestidad florece cuando hay confianza, aunque sea una confianza construida sobre la amenaza."
Extendió una mano y, con una lentitud deliberada, rozó la tela de su blusa justo sobre su clavícula, donde el pulso se aceleraba visiblemente. No fue un agarre, fue una caricia de reconocimiento.
"Sé que estás aterrorizada," susurró él, su aliento cálido rozando su oído. "Pero también sé que no eres débil. Te veo observando, midiendo cada sombra. Dime, Sofía, ¿qué ves cuando me miras ahora?"
Sofía sintió que el aire abandonaba sus pulmones. La lógica de los números se desvaneció, reemplazada por la química cruda y peligrosa de la proximidad. Él era el peligro encarnado, y ella se encontraba peligrosamente atraída por esa certeza mortal.
"Veo... un hombre atrapado," logró decir, su voz ronca.
Alessandro sonrió, esta vez la sonrisa llegó a sus ojos, y fue devastadora. "Y yo veo a una mujer que intenta catalogar el caos. Una tarea imposible, ¿no crees?"
Inclinó su cabeza y sus labios rozaron la piel sensible justo debajo de su oreja. Sofía cerró los ojos instintivamente. El roce fue fugaz, pero suficiente para enviar una descarga eléctrica a través de su cuerpo. Era el primer contacto físico intencional entre ellos, y resonó con la fuerza de una confesión.
"No te atrevas a enamorarte de mí, Sofía," repitió, su tono ahora más grave, casi una súplica velada. "Pero si vas a vivir en mi sombra, debes entender que la sombra es profunda y oscura. Y a veces, la oscuridad es cálida."
Se retiró tan rápido como se había acercado, volviendo a su asiento detrás del escritorio, como si el contacto hubiera sido una prueba que ambos debían superar.
*El Descubrimiento en la Biblioteca*
Los días siguientes se convirtieron en un juego sutil de límites. Sofía seguía cumpliendo su rol de observadora silenciosa, pero ahora buscaba activamente las grietas en la armadura de Alessandro.
Una tarde, mientras él estaba fuera en una reunión que duró más de lo habitual, Sofía se permitió explorar la biblioteca con más libertad. Se dirigió a la sección de archivos antiguos que le había sido "permitida". Entre tomos encuadernados en cuero, encontró una caja de madera oscura, sin candado, escondida detrás de una serie de libros sobre derecho mercantil.
Dentro, no había armas ni dinero. Había fotografías.
Eran fotos antiguas, ligeramente amarillentas. En ellas, un Alessandro mucho más joven, quizás de veinte años, sonreía genuinamente junto a una mujer de cabello claro y ojos brillantes. No era la imagen del jefe despiadado. Era la imagen de un hijo, un novio. En una foto, el joven Alessandro estaba sentado en un escritorio, rodeado de libros de texto de economía, con una expresión de concentración similar a la que ella recordaba de sus propios días de estudio.
Sofía sintió un nudo en el estómago. El hombre que la había amenazado y seducido en la misma frase, había tenido un pasado donde la lógica y el afecto eran sus pilares.
Mientras sostenía una foto donde la mujer le sonreía a la cámara, la puerta de la biblioteca se abrió bruscamente. Era Alessandro. Había regresado antes de lo esperado.
Vio la caja abierta, las fotos esparcidas sobre la mesa, y la expresión de Sofía. Su rostro se endureció al instante, la calma letal regresando con fuerza total.
"¿Qué estás haciendo?" Su voz era baja, peligrosa.
Sofía no intentó esconderse. Se puso de pie, sosteniendo la foto de la mujer sonriente. "Conociendo a tu pasado, Alessandro. Viendo al hombre que fuiste antes de que la supervivencia te forzara a ser esto."
Alessandro se acercó a ella, sus pasos resonando en el suelo de madera. La distancia entre ellos se cerró hasta que no hubo espacio para el aire.
"Ese hombre murió hace mucho tiempo," siseó. "Y tú no tienes derecho a exhumarlo."
Ella sintió el impulso de retroceder, pero se mantuvo firme, sosteniendo la foto como un escudo y un arma. "Si me pides honestidad, no puedo dártela si tú me mientes sobre quién eres. ¿Quién es ella?"
Alessandro tomó la foto de su mano con una brusquedad que le dolió los dedos. Sus nudillos estaban blancos.
"Ella es el motivo por el cual aprendí que la debilidad es una invitación a la destrucción. Y tú," dijo, su voz temblando ligeramente de una furia contenida, "estás empezando a parecerte peligrosamente a ella."
La atmósfera se cargó de una electricidad diferente, no solo de peligro, sino de una intimidad forzada por el secreto revelado. Él estaba furioso por la violación de su privacidad, pero la confrontación había derribado más barreras que cualquier tutoría nocturna.
Alessandro tiró la foto sobre el escritorio, su respiración agitada. Se acercó a ella de nuevo, pero esta vez no fue para tantearla o susurrarle. La tomó por la cintura con una fuerza posesiva que la obligó a inclinarse hacia él, y la besó.
No fue un beso de exploración, fue una toma de posesión. Sus labios eran duros, exigentes, buscando desesperadamente borrar la imagen de la otra mujer de la mente de Sofía, o quizás, de la suya propia. Sofía sintió el pánico inicial, pero rápidamente fue ahogado por una oleada de necesidad que no podía explicar. Él olía a poder, a peligro, y ahora, a una desesperación apenas contenida.
Sus manos subieron por su espalda, sintiendo la delgadez de su cuerpo bajo la tela. Sofía se aferró a sus hombros, sintiendo la dureza de su traje, la tensión de sus músculos. El beso se profundizó, volviéndose hambriento. Era un acto de reafirmación de dominio, pero también una admisión tácita de la conexión que ambos negaban.
Alessandro rompió el beso, jadeando ligeramente, sus frentes pegadas. Sus ojos oscuros la recorrieron, como si estuviera memorizando cada detalle de su rostro antes de un largo viaje.
"Esto," dijo, su voz ronca y rota, "no cambia nada sobre tu encierro, Sofía. Pero cambia las reglas de la vigilancia."
Él la empujó suavemente hacia atrás, hasta que ella sintió el borde frío de la mesa contra sus muslos. La miró fijamente, su deseo era palpable, peligroso.
"A partir de ahora," declaró Alessandro, su voz recuperando el control, "no serás solo mi activo. Serás mi secreto más íntimo. Y el precio de ese secreto será la obediencia total."
El desafío estaba lanzado. Sofía estaba atrapada entre la seguridad que le ofrecía y la atracción abrumadora hacia el hombre que representaba todo lo que debía temer. El equilibrio se había roto. El próximo paso en el plan era claro: la línea entre la custodia y la obsesión se difuminaría por completo.
escrituras , al parecer 2 versiones de una misma historia
🤔
qué se cree ????/Smug/