Luego de 10 años sin verse, Hanna se reencontró con un viejo compañero de la preparatoria. Pero para su sorpresa, aquella persona que estaba frente a ella era totalmente diferente al muchacho que había conocido. Hanna intentará descubrir qué le ocurrió durante todos esos años de ausencia y quizás ablandar ese duro corazón. ¿Podrá hacerle frente a su oscuro pasado?
NovelToon tiene autorización de HananFly para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cena
El día terminó como era de costumbre para Hanna. Estaba en su apartamento, ya bañada y relajada; preparando la cena y esperando a que Edward hiciera acto de presencia.
Mientras preparaba la mesa, llamaron a su puerta. Muy contenta se dirigió a ella y la abrió, encontrándose con aquel hombre guapo, serio e interesante.
—Hola mi amor. Entra con confianza—le propuso la chica.
—Gracias, hermosa. Veo que estás de muy buen humor—dice mostrando una sonrisa.
—La verdad es que si. Estoy más que feliz.
—¿Y a qué se debe tanta emoción?
—Precisamente por eso preparé esta cena. Se paciente. Más bien ayúdame a arreglar la mesa.
—Vaya. Y yo que creí que era para consentime. Hace mucho no como comida preparada en casa. No sabes lo duro que es ser hombre y vivir solo.
—Eso es porque te educaron con principios machista, donde las madres no les enseñan ni les exigen a los hijos aprender a hacer la labores del hogar, sino que los obligan a encontrar una buena esposa que se encargue de ellos.
—Ya vez, eran otros tiempos. Y sin embargo, a veces hago el intento de preparar por lo menos unos huevos revueltos. Pero siempre termino haciendo un desastre—hizo un silencio momentaneo—¿Y si te vienes a vivir conmigo?
—¡Qué va! ¿Lo dices porque quieres que cuide de ti?
—Bueno, además porque me gustaría pasar al siguiente nivel.
—Eso es algo que debemos hablar y pensar con mucha consciencia. Solo hemos estado saliendo durante tres meses. Es una decisión muy apresurada.
—Nena, ya tengo treinta años. No puedo pensar las cosas tanto tiempo. Sin que me de cuenta, tendré cuarenta y luego cincuenta y será más difícil formar un hogar.
—Tú tuviste un hogar y lo dejaste perder.
—No había manera de recuperarlo. Mi ex esposa es una mujer muy obsesionada con el trabajo. Yo simplemente exigía su atención. Ni siquiera se preocupaba por mi hija. Y aún si, intentó quitarme la custodia.
—Te puedo entender en algunos aspectos, pero aun así, no me siento preparada para ir a vivir con alguien. Hay muchas cosas que todavía quiero hacer. Puede sonar algo egoísta, pero aun estoy joven y quiero vivir la vida.
—Comprendo perfectamente. Era igual que tu cuando tenía tu edad. Sólo ten en cuenta que te quiero lo suficiente como para tener algo serio contigo.
Hanna se limitó a sonreír. Ella lo quería, le agradaba estar con él y la pasión era relativamente buena. Más no se veía con él para toda la vida. Es cierto que era un buen hombre: trabajador, cariñoso y atento. Pero por otro lado, era una persona que vivía de forma monótona, con rutinas diarias que jamás se permitía romper, llegando aburrir muchas veces.
Ella comenzaba a sentir la rutina. No hacía más que ir al trabajo y luego regresar a casa para esperarlo, tener intimidad y despedirlo hasta el día siguiente. No era muy detallista y no era un hombre con iniciativa. Pocas veces salieron a pasear o a comer en algún restaurante. Aunque muchas veces Hanna lo propuso, él se negaba con la excusa que debía cuidar a su pequeña. Ella no pedía tener una aventura, simplemente una relación espontánea y llena de sorpresas.
Una vez servida la cena, se sentaron para poder degustarla y fue Edward quien rompió el silencio.
—Y bien, ¿De qué se trata todo esto? Debe ser algo importante.
—La verdad es que si. Hoy me llamó el jefe a su oficina. Yo estaba más que nerviosa, creí que había descubierto lo nuestro. Pero no fue así, sino que era para ofrecerme un mejor trabajo.
—¿En serio? ¿Y de que se trata?—preguntó él muy interesado.
—Bueno, un amigo de él está a punto de finalizar un complejo médico en el centro de la cuidad y están buscando el personal para habilitarlo. Así que me ofreció esa oportunidad para trabajar allí.
—Ya veo. ¿Y quién es el dueño?
—No lo sé todavía. Mañana iré a conocerlo y a que me hable más sobre el proyecto. ¿Qué opinas al respecto?
—Me sorprende la verdad. Llevo casi ocho años trabajando alli y jamás me ofrecieron algo así. Ni siquiera un aumento considerable por mi estadía en la clínica o algo así. Considero que deberías aceptar. Jamás encontrarás algo así en tu vida otra vez.
—¿Y qué pasará con nosotros?
—Pues todo seguirá igual, supongo. Incluso puede que nos vaya mejor. Si tienes un nuevo empleo, finalmente podremos tener una relación abierta sin problemas.
—Si, tienes razón. No lo había pensado de esa forma. ¿Entonces crees que deba aceptar?
—Pienso que si. Más te recomiendo primero escuches el criterio del dueño para que sepas si vale la pena o no.
—Eso haré. ¿Vemos una película luego de comer?—propuso ella con intenciones ocultas.
—Lo siento. Dejé a Mariana—su hija— en casa sola. Estaba durmiendo, pero me preocupa que se haya despertado y se ponga a inventar.
—Ah. Bueno. Será en otra ocasión, supongo—respondió con desilusión.
—Mañana te compenso, hermosa. La pasaremos rico, lo prometo.
—Está bien. No pasa nada. Envíale a la pequeña saludos de mi parte. Se que no le caigo muy bien, pero dile que la quiero.
—Por supuesto que le caes bien, solo está nerviosa porque aún no te conoce lo suficiente. Un día de éstos la traigo para que compartan un rato.
—Me parece bien.
Se despidieron como de costumbre y Hanna regresó a la cocina para lavar los platos. Estuvo un rato viendo la programación en la televisión. Pero el cansancio terminó vendiéndola, quedándose dormida en el sofá.