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FORTALEZA

FORTALEZA

Status: En proceso
Genre:Aventura de una noche / Malentendidos / Contratadas
Popularitas:18.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ashly Garcia

Venganza es lo que busco pero encontré el amor

NovelToon tiene autorización de Ashly Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 1

Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,

si es que llegáis a viejos,

si es que entonces quedó alguna piedra.

Vuestros hijos amarán al viejo cobre,

al hierro fiel.

Recibiréis a los antiguos metales en el seno de vuestras

familias,

trataréis al noble plomo con la decencia que corresponde a su

carácter dulce;

os reconciliaréis con el zinc dándole un suave nombre;

con el bronce considerándolo como hermano del oro,

porque el oro no fue a la guerra por vosotros,

el oro se quedó, por vosotros, haciendo el papel de niño

mimado,

vestido de terciopelo, arropado, protegido por el resentido

acero...

Cuando lleguéis a viejos, respetaréis al oro,

si es que llegáis a viejos,

si es que entonces quedó algún oro.

El agua es la única eternidad de la sangre.

Su fuerza, hecha sangre. Su inquietud, hecha sangre.

Su violento anhelo de viento y cielo,

hecho sangre.

Mañana dirán que la sangre se hizo polvo,

mañana estará seca la sangre.

Ni sudor, ni lágrimas, ni orina

podrán llenar el hueco del corazón vacío.

Mañana envidiarán la bomba hidráulica de un inodoro

palpitante,

la constancia viva de un grifo,

el grueso líquido.

El río se encargará de los riñones destrozados

y en medio del desierto los huesos en cruz pedirán en vano

que regrese el agua a los cuerpos de los hombres.

Dadme un motor más fuerte que un corazón de hombre.

Dadme un cerebro de máquina que pueda ser agujereado sin

dolor.

Dadme por fuera un cuerpo de metal y por dentro otro

cuerpo de metal

igual al del soldado de plomo que no muere,

que no te pide, Señor, la gracia de no ser humillado por

tus obras,

como el soldado de carne blanducha, nuestro débil orgullo,

que por tu día ofrecerá la luz de sus ojos,

que por tu metal admitirá una bala en su pecho,

que por tu agua devolverá su sangre.

Y que quiere ser como un cuchillo, al que no puede herir

otro cuchillo.

Esta cal de mi sangre incorporada a mi vida

será la cal de mi tumba incorporada a mi muerte,

porque aquí está el futuro envuelto en papel de estaño,

aquí está la ración humana en forma de pequeños ataúdes,

y la ametralladora sigue ardiendo de deseos

y a través de los siglos sigue fiel el amor del cuchillo a la

carne.

Y luego, decid si no ha sido abundante la cosecha de balas,

si los campos no están sembrados de bayonetas,

si no han reventado a su tiempo las granadas...

Decid si hay algún pozo, un hueco, un escondrijo

que no sea un fecundo nido de bombas robustas;

decid si este diluvio de fuego líquido

no es más hermoso y más terrible que el de Noé,

¡sin que haya un arca de acero que resista

ni un avión que regrese con la rama de olivo!

Vosotros, dominadores del cristal, he ahí vuestros vidrios

fundidos.

Vuestras casas de porcelana, vuestros trenes de mica,

vuestras lágrimas envueltas en celofán, vuestros corazones

de bakelita,

vuestros risibles y hediondos pies de hule,

todo se funde y corre al llamado de guerra de las cosas,

como se funde y se escapa con rencor el acero que ha

sostenido una estatua.

Los marineros están un poco excitados. Algo les turba

su viaje.

Se asoman a la borda y escudriñan el agua,

se asoman a la torre y escudriñan el aire.

Pero no hay nada.

No hay peces, ni olas, ni estrellas, ni pájaros.

Señor capitán, ¿a dónde vamos?

Lo sabremos más tarde.

Cuando hayamos llegado.

Los marineros quieren lanzar el ancla,

los marineros quieren saber qué pasa.

Pero no es nada. Están un poco excitados.

El agua del mar tiene un sabor más amargo,

el viento del mar es demasiado pesado.

Y no camina el barco. Se quedó quieto en medio del viaje.

Los marineros se preguntan ¿qué pasa? con las manos,

han perdido el habla.

No ha pasado nada. Están un poco excitados.

Nunca volverá a pasar nada. Nunca lanzarán el ancla.

No había que buscarla en las cartas del naipe ni en los juegos

de la cábala.

En todas las cartas estaba, hasta en las de amor y en las

de navegar.

Todas los signos llevaban su signo.

Izaba su bandera sin color, fantasmas de bandera para ser

pintada con colores de sangre de fantasma,

bandera que cuando flotaba al viento parecía que flotaba el

viento.

Iba y venía, iba en el venir, venía en el yendo, como que si

fuera viniendo.

Subía, y luego bajaba hasta en medio de la multitud y

besaba a cada hombre.

Acariciaba cada cosa con sus dedos suaves de sobadora

de marfil.

Cuando pasaba un tranvía, ella pasaba en el tranvía;

cuando pasaba una locomotora, ella iba sentada en la trompa.

Pasaba ante el vidrio de todas las vitrinas,

Sobre el río de todos los puentes,

por el cielo de todas las ventanas.

Era la misma vida que flota ciega en las calles como una

niebla borracha.

Estaba de pie junto a todas las paredes como un ejército de

mendigos,

era un diluvio en el aire.

Era tenaz, y también dulce, como el tiempo.

Con la opaca voz de un destrozado amor sin remedio,

con el hueco de un corazón fugitivo,

con la sombra del cuerpo

con la sombra del alma, apenas sombra de vidrio,

con el espacio vacío de una mano sin dueño,

con los labios heridos

con los párpados sin sueño,

con el pedazo de pecho donde está sembrado el musgo del

resentimiento

y el narciso,

con el hombro izquierdo

con el hombro que carga las flores y el vino,

con las uñas que aún están adentro

y no han salido,

con el porvenir sin premio con el pasado sin castigo,

con el aliento,

con el silbido,

con el último bocado de tiempo, con el último sorbo de

líquido

con el último verso del último libro.

Y con lo que será ajeno. Y con lo que fue mío.

Somos la orquídea de acero,

florecimos en la trinchera como el moho sobre el filo de la

espada,

somos una vegetación de sangre,

somos flores de carne que chorrean sangre,

somos la muerte recién podada

que florecerá muertes y más muertes hasta hacer un

inmenso jardín de muertes.

Como la enredadera púrpura de filosa raíz,

que corta el corazón y se siembra en la fangosa sangre

y sube y baja según su peligrosa marea.

Así hemos inundado el pecho de los vivos,

somos la selva que avanza.

Somos la tierra presente. Vegetal y podrida.

Pantano corrompido que burbujea mariposas y arco—iris.

Donde tu cáscara se levanta están nuestros huesos llorosos,

nuestro dolor brillante en carne viva,

oh santa y hedionda tierra nuestra,

humus humanos.

Desde mi gris sube mi ávida mirada,

mi ojo viejo y tardo, ya encanecido,

desde el fondo de un vértigo lamoso

sin negro y sin color completamente ciego.

Asciendo como topo hacia el aire

que huele mi vista,

el ojo de mi olfato, y el murciélago

todo hecho de sonido.

Aquí la piedra es piedra, pero ni el tacto sordo

puede imaginar si vamos o venimos,

pero venimos, sí, desde mi fondo espeso,

pero vamos, ya lo sentimos, en los dedos podridos

y en esta cruel mudez que quiere cantar.

Como un súbito amanecer que la sangre dibuja

irrumpe el violento deseo de sufrir,

y luego el llanto fluyendo como la uña de la carne

y el rabioso corazón ladrando en la puerta.

Y en la puerta un cubo que se palpa

y un camino verde bajo los pies hasta el pozo,

hasta más hondo aún, hasta el agua,

y en el agua una palabra samaritana

hasta más hondo aún, hasta el beso,

Del mar opaco que me empuja

llevo en mi sangre el hueco de su ola,

el hueco de su huida,

un precipicio de sal aposentada.

Si algo traigo para decir, dispensadme,

em el bello camino lo he olvidado.

Por un descuido me comí la espuma,

perdonadme, que vengo enamorado.

Detrás de ti quedan ahora cosas despreocupadas, dulces.

Pájaros muertos, árboles sin riego.

Una hiedra marchita. Un olor de recuerdo.

No hay nada exacto, no hay nada malo ni bueno,

y parece que la vida se ha marchado hacia el país del trueno.

Tú, que vista en un jarrón de flores el golpe de esta fuerza,

tú, la invitada al viento en fiesta.

tu, la dueña de una cotorra y un coche de ágiles ruedas, sobre

la verja

tú que miraste a un caballo del tiovivo

y quedar sobre la grama como esperando que lo montasen

los niños de la escuela,

asiste ahora, con ojos pálidos, a esta naturaleza muerta.

Los frutos no maduran en este aire dormido

sino lentamente, de tal suerte que parecen marchitos,

y hasta los insectos se equivocan en esta primavera

sonámbula, sin sentido.

La naturaleza tiene ausente a su marido.

No tienen ni fuerzas suficientes para morir las semillas del

cultivo

y su muerte se oye como el hilito de sangre que sale de

la boca del hombre herido.

Rosas solteronas, flores que parecen usadas en la fiesta del olvido,

débil olor de tumbas, de hierbas que mueren sobre mármoles

inscritos.

Ni un solo grito. Ni siquiera la voz de un pájaro o de un niño

o el ruido de un bravo asesino con su cuchillo.

¡Qué dieras hoy por tener manchado de sangre el vestido!

¡Qué dieras por encontrar habitado algún nido!

¡Qué dieras porque sembraran en tu carne un hijo!

Por fin, Señor de los Ejércitos, he aquí el dolor supremo.

He aquí, sin lástimas, sin subterfugios, sin versos,

el dolor verdadero.

Por fin, Señor, he aquí frente a nosotros el dolor parado

en seco.

No es un dolor por los heridos ni por los muertos,

ni por la sangre derramada ni por la tierra llena de lamentos

ni por las ciudades vacías de casas ni por los campos llenos de

huérfanos.

Es el dolor entero.

No pueden haber lágrimas ni duelo

ni palabras ni recuerdos,

pues nada cabe ya dentro del pecho.

Todos los ruidos del mundo forman un gran silencio.

Todos los hombres del mundo forman un solo espectro.

En medio de este dolor, ¡soldado!, queda tu puesto

vacío o lleno.

Las vidas de los que quedan están con huecos,

tienen vacíos completos,

como si se hubieran sacado bocados de carne de sus cuerpos.

Asómate a este boquete, a éste que tengo en el pecho,

para ver cielos e infiernos.

Mira mi cabeza hendida por millares de agujeros:

a través brilla un sol blanco, a través un astro negro.

Toca mi mano, esta mano que ayer sostuvo un acero:

¡puedes pasar en el aire, a través de ella, tus dedos!

He aquí la ausencia del hombre, fuga de carne, de miedo,

días, cosas, almas, fuego.

Todo se quedó en el tiempo. Todo se quemó allá lejos.

Anudado

noche

nudo

El corazón

Esa entonces dirección

nudo temblando

Flexible corazón la apoteosis

Un dos tres

cuatro

Lágrima

mi lámpara

y molusco

El pecho al melodioso

Anudado la joya

Con que temblando angustia

Normal tedio

Sería pasión

Muerte el violoncelo

Una bujía el ojo

Otro otra

Cristal si cristal era

Cristaleza

Magnetismo

sabéis la seda

Viento flor

lento nube lento

Seda cristal lento seda

El magnetismo

seda aliento cristal seda

Así viajando en postura de ondulación

Cristal nube

Molusco sí por violoncelo y joya

Muerte de joya y violoncelo

Así sed por hambre o hambre y sed

Y nube y joya

Lento

nube

Ala ola ole ala Aladino

El ladino Aladino Ah ladino dino la

Cristal nube

Adónde

en dónde

Lento lenta

ala ola

Ola ola el ladino si ladino

Pide ojos

Tengo nacar

En la seda cristal nube

Cristal ojos

y perfumes

Bella tienda

Cristal nube

muerte joya o en ceniza

Porque eterno porque eterna

lento lenta

Al azar del cristal ojos

Gracia tanta

y entre mares

Mira mares

Nombres daba

por los ojos hojas mago

Alto alto

Y el clarín de Babel

Pida nácar

tenga muerte

Una dos y cuatro muerte

Para el ojo y entre mares

Para el barco en los perfumes

Por la joya al infinito

Vestir cielo sin desmayo

Se deshoja tan prodigio

El cristal ojo

Y la visita

flor y rama

Al gloria trino

apoteosis

Va viajando Nudo Noche

Me daría

cristaleras

tanto azar

y noche y noche

Que tenía la borrasca

Noche y noche

Apoteosis

Que tenía cristal ojo cristal seda cristal nube

La escultura seda o noche

Lluvia

Lana flor por ojo

Flor por nube

Flor por noche

Señor horizonte viene viene

Puerta

Iluminando negro

Puerta hacia ideas estatuarias

Estatuas de aquella ternura

A dónde va

De dónde viene

el paisaje viento seda

El paisaje

señor verde

Quién diría

Que se iba

Quién diría cristal noche

Tanta tarde

Tanto cielo que levanta

Señor cielo

cristal cielo

Y las llamas

y en mi reino

Ancla noche apoteosis

Anudado

la tormenta

Ancla cielo

sus raíces

El destino tanto azar

Se desliza deslizaba

Apagándose pradera

Por quien sueña

Lunancero cristal luna

El que sueña

El que reino

de sus hierros

Ancla mía golondrina

Sus resortes en el mar

Ángel mío

tan obscuro

tan color

Tan estatua y tan aliento

Tierra y mano

La marina tan armada

Armaduras los cabellos

Ojos templo

y el mendigo

Estallado corazón

Montanario

Campañoso

Suenan perlas

Llaman perlas

El honor de los adioses

Cristal nube

El rumor y la lanzada

Nadadora

Cristal noche

La medusa irreparable

Dirá espectro

Cristal seda

Olvidando la serpiente

Olvidando sus dos piernas

Sus dos ojos

Sus dos manos

Sus orejas

Aeronauta

en mi terror

Viento aparte

Mandodrina y golonlina

Mandolera y ventolina

Enterradas

Las campanas

Enterrados los olvidos

En su oreja

viento norte

Cristal mío

Baño eterno

el nudo noche

El gloria trino

sin desmayo

Al tan prodigio

Con su estatua

Noche y rama

Cristal sueño

Cristal viaje

Flor y noche

Con su estatua

Cristal muerte.

Autor del poema: Vicente Huidobro

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A PABLO NERUDA

Te escribo desde un puerto.

La mar salvaje llora.

Salvaje, y triste, y solo, te escribo abandonado.

Las olas funerales redoblan el vacío.

Los megáfonos llaman a través de la niebla.

La pálida corola de la lluvia me envuelve.

Te escribo desolado.

El alma a toda orquesta,

la pena a todo trapo,

te escribo desde un puerto con un gemido largo.

¡Ay focos encendidos en los muelles sin gente!

¡Ay viento con harapos de música arrastrada,

campanas sumergidas y gargantas de musgo!

Te escribo derrotado.

Soy un hombre perdido.

Soy mortal. Soy cualquiera.

Recuerdo la ceniza de su rostro de nardo,

el peso de tu cuerpo, tus pasos fatigosos,

tu luto acumulado, tu montaña de acedia,

tu carne macilenta colgando en la butaca,

tus años carcelarios.

Caliente y sudorosa,

obscena, y triste, y blanda,

la butaca conserva, femenina, aquel asco.

La pesadumbre bruta, la pena sexual, dulce,

las manchas amarillas con su propio olor acre,

esa huella indecente de un hombre que se entrega,

lo impúdico: tu llanto.

Viviendo, viendo, oyendo,

sucediéndote a ciegas,

lamiendo tus heridas, reptabas por un fango

de dulces linfas gordas, de larvas pululantes,

letargos vegetales y muertes que fecundan.

Seguías, te seguías sin vergüenza, viviendo,

¡oh blando y desalmado!

Tú, cínico, remoto,

dulce, irónico, triste;

tú, solo en tu elemento, distante y desvelado.

No era piedad la anchura difusa en que flotabas

con tu sonrisa ambigua. Fluías torpemente,

pasivo, indiferente, cansado como el mundo,

sin un yo, desarmado.

Estaciones, transcursos,

circunstancias confusas,

oceánicos hastíos, relojes careados,

eléctricos espartos, posos inconfesables,

naufragios musicales, materias espumosas

y noches que tiritan de estrellas imparciales,

te hicieron más que humano.

Allí todo se funde.

Los objetos no objetan.

Liso brilla lo inmenso bajo un azul parado

y en las plumas sedantes la luz del mundo escapa,

sonríe, tú sonríes, remoto, indiferente,

bestial, grotesco, triste, cruel, fatal, adorado

como un ídolo arcaico.

Sin intención, sin nombre,

sin voluntad ni orgullo,

promiscuo, sucio, amable, canalla, nivelado,

capaz de darte a todo, común, diseminabas

podrido las semillas amargas que revientan

en la explosión brillante de un día sin memoria.

No eras ni alto ni bajo.

La doble ala del fénix:

furor, melancolía,

el temblor luminoso de la espira absorbente;

la lluvia consentida que duerme en los pianos;

las canciones gangosas lentamente amasadas;

los ojos de paloma sexuales y difuntos;

cargas opacas; pactos.

Caricias o perezas,

extensiones absortas

en donde a veces somos tan tercamente abstractos

y otras veces los pelos fosforecen sexuales,

y fría, dulce, ansiosa, la lisa piel de siempre,

serpiente, silba, sorbe y envuelve en sus anillos

un triste cuerpo amado.

No hay clavo último ardiendo,

no hay centro diamantino,

no hay dignidad posible cuando uno ha visto tanto

y está triste, está triste, sencillamente triste,

se entrega atribulado y en lo efímero sabe

ser otro con los otros, de los otros, en otros:

seguir, seguir flotando.

¡Oh inmemorial, oh amigo

amorfo, indiferente!

Deslizándote denso de plasmas milenarios,

tardío, legamoso de vidas maceradas,

cubierto de amapolas nocturnas, indolente,

por tu anchura sin ojos ni límites, acuosa,

te creía acabado.

Mas hoy vuelves, proclamas,

constructor, la alegría;

te desprendes del caos; determinas tus actos

con voluntad terrena y aliento floral, joven.

Ni más ni menos que hombre, levantas tu estatua,

recorres paso a paso tu más acá, lo afirmas,

llenas tu propio espacio.

Los jóvenes obreros,

los hombres materiales,

la gloria colectiva del mundo del trabajo

resuenan en tu pecho cavado por los siglos.

Los primeros motores, las fuerzas matinales,

la explotación consciente de una nueva esperanza

ordenan hoy tu canto.

Contra tu propia pena,

venciéndote a ti mismo,

apagando, olvidando, tú sabes cuánto y cuánto,

cuánta nostalgia lenta con cola de gran lujo,

cuánta triste sustancia cotidiana amasada

con sudor y costumbres de pelos, lluvias, muertes,

escuchas un mandato.

Y animas la confianza

que en ti quizá no existe;

te callas tus cansancios de liquen resbalado;

te impones la alegría como un deber heroico.

¡Por las madres que esperan, por los hombres que aún ríen,

debemos de ponernos más allá del que somos,

sirviéndolos, matarnos!

Con rayos o herramientas,

con iras prometeicas,

con astucia e insistencia, con crueldad y trabajo,

con la vida en un puño que golpea la hueca

cultura de una Europa que acaricia sus muertos,

con todo corazón que, valiente, aún insiste,

del polvo nos alzamos.

Cantemos la promesa,

quizá tan solo un niño,

unos ojos que miran hacia el mundo asombrados,

mas no interrogan; claros, sin reservas, admiran.

¡Por ellos combatimos y a veces somos duros!

¡Bastaría que un niño cualquiera así aprobara

para justificarnos!

Te escribo desde un puerto,

desde una costa rota,

desde un país sin dientes, ni párpados, ni llanto.

Te escribo con sus muertos, te escribo por los vivos,

por todos los que aguantan y aún luchan duramente.

Poca alegría queda ya en esta España nuestra.

Mas, ya ves, esperamos.

Autor del poema: Gabriel Celaya

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LOS MARES DEL SUR

(A Monti)

Caminamos una tarde por la falda de un cerro,

silenciosos. En la sombra del tardo crepúsculo

mi primo es un gigante vestido de blanco,

que se mueve pacato, con su rostro bronceado,

taciturno. Callar es nuestra virtud.

Algún antepasado nuestro debió estar muy solo

—un gran hombre entre idiotas o un pobre

loco—

para enseñar a los suyos tanto silencio.

Mi primo habló esta tarde. Me pidió

que subiera con él: desde la cumbre se divisa,

en las noches serenas, el reflejo del distante

faro de Turín. “Tú, que vives en Turín...”

me dijo, “...pero tienes razón. Hay que vivir la

vida

lejos del pueblo: se aprovecha y se goza;

luego, al volver después de cuarenta años, como

yo,

se encuentra todo nuevo. Las Langas no se

pierden”

Todo esto me ha dicho y no habla italiano,

pero emplea lentamente el dialecto que, como

las piedras

de esta misma colina, es tan abrupto

que veinte años de idiomas y océanos distintos

no han podido mellárselo. Y sube la cuesta

con la misma mirada abstraída que he visto, de

niño,

en los campesinos un poco cansados.

Veinte años anduvo viajando por el mundo.

Se fue cuando todavía era yo un niño faldero,

y lo dieron por muerto. Después oí a las mujeres

hablando a veces de él, como en una fábula;

pero los hombres, más reservados, lo olvidaron.

Un invierno, a mi padre ya muerto, le llegó una

tarjeta

con una gran estampilla verdosa con naves en

un puerto

y deseos de buena vendimia. Causó gran

asombro

y el niño más crecido explicó con vehemencia

que el mensaje venía de una isla llamada

Tasmania,

rodeada de un mar más azul y feroces escualos,

en el Pacífico, al sur de Australia. Y añadió que

en verdad

el primo era pescador de perlas. Y arrancó la

estampilla.

Todos opinaron al respecto, mas coincidieron

en que si no estaba ya muerto, pronto moriría.

Luego todos lo olvidaron y pasó mucho tiempo.

Oh, desde que yo jugaba a los piratas malayos,

cuánto tiempo ha pasado. Y desde la última vez

que bajé a bañarme en un sitio mortal

y en un árbol perseguí a un compañero de

juegos,

quebrando hermosas ramas, y le rompí la cabeza

a un rival y también me golpearon,

cuánta vida ha transcurrido. Otros días, otros

juegos,

otros sacudimientos de la sangre frente a rivales

más huidizos: los pensamientos y los sueños.

La ciudad me ha enseñado temores infinitos:

una multitud, una calle me han hecho temblar;

un pensamiento, a veces, entrevisto en un rostro.

Siento aún en los ojos la luz burlona

de miles de faroles sobre el tropel de pasos.

Entre otros pocos, mi primo regresó

al terminar la guerra. Y tenía dinero.

Los parientes murmuraban: “En un año, cuando

mucho,

se lo come todo y se larga.

Los desesperados mueren así.”

Mi primo tiene un semblante resuelto. Compró

una planta baja

en el pueblo y construyó con cemento un taller

con su flamante bomba al frente, para vender

gasolina;

y sobre el puente, junto a la curva, un gran

letrero.

Luego empleó a un mecánico que le atendía el

negocio

mientras él se paseaba por Las Langas,

fumando.

Entretanto se casó en el pueblo. Eligió a una

muchacha

delgada y rubia, como las extranjeras

que alguna vez encontró por el mundo.

Pero siguió saliendo solo, vestido de blanco,

con las manos a la espalda y el rostro

bronceado;

por la mañana iba a las ferias y con aire

socarrón

compraba caballos. Después me explicó,

al fallarle el proyecto, que su plan

había sido suprimir las bestias del valle

y obligar a la gente a comprarle motores.

“Pero la bestia” decía, “más grande de todas

he sido yo al pensarlo. Debía saber

que aquí bueyes y gentes son una misma raza.”

Hemos caminado más de media hora. La

cumbre está cercana;

aumenta en torno nuestro el murmullo y el

silbar del viento.

Mi primo se detiene de pronto y se vuelve:

“Este año

escribiré en el letrero Santo Síefano

siempre ha sido el primero en las fiestas

en el valle del Belbo, aunque respinguen

los de Canelli.” Y sigue subiendo la cuesta.

Un perfume de tierra y de viento nos envuelve

en lo oscuro;

algunas luces lejanas: granjas, automóviles

que apenas se oyen. Y pienso en la fuerza

que devolvió a este hombre, arrancándolo al mar,

a las tierras lejanas, al silencio que dura.

Mi primo jamás habla de sus viajes.

Dice parcamente que ha estado en tal o cual sitio

y vuelve a pensar en sus motores.

Sólo un sueño

le ha quedado en la sangre: una vez navegó

como fogonero en un barco pesquero holandés,

el Cetáceo;

vio volar los pesados arpones al sol,

vio huir ballenas entre espumas de sangre,

perseguirlas, lancear sus colas levantadas.

Me lo contó algunas veces.

Pero cuando le digo

que está entre los afortunados que han visto la

aurora

en las islas más hermosas del mundo,

sonríe al recordarlo y responde que el sol

se levantaba cuando el día ya era viejo para

ellos.

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Marlen Diaz
eso es justo ya avía yegao al capitulo 29by a ora volvió a empezar no es kuato
Johana Mairena: tienes varias historias en emisión y sin terminar no crees que es mejor terminar una y seguir con la siguiente
total 1 replies
Marlen Diaz
no entiendo nada ya aora resulta q rg solo lo sta autilisando natalia y ese tal sobre pero xq ase eso eya 😢 no se me ase justo xq rg si la kiere de verdd
Marlen Diaz: eso me parese pero no es justo q eya juege con el asi xq el si la kiere
total 2 replies
Sahc Vampi Garibaldi
me atrapó la historia me intriga saber más de Natalie y RG y como se desenvuelve la historia y la trama
Sahc Vampi Garibaldi
muy buenos pinta bien sigue porfavor
Marlen Diaz
me encanta pero me kuesta trabajo enteneer xq eya es así 😥 pero espero q sede una oportunidad cn rg yq pueda formar una familia cn el y su ijos seve q es una chica semsible y amanble solo q a sufrido mucho x eso creo q auctua asi
Sahc Vampi Garibaldi
me parece buena pero ya no actualizarán para que la elimine
nerialifer
😂😂😂😂😂😂😂🤣🤣🤣🤣
nerialifer
😂😂😂😂😂😂😂🤣🤣🤣🤣
Jenny Rivero
me encanta esta historia leí estos capítulos en solo 3 horas..... espero la actualización......
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