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Señor Valdés, quiero el divorcio

Señor Valdés, quiero el divorcio

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Juego de roles / Triángulo amoroso / Amante arrepentido
Popularitas:43
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

El día de su cumpleaños, Elena Robles recibe decenas de felicitaciones. Ninguna viene de su esposo.
Mientras ella espera un abrazo, sus mellizos preparan un regalo para Marina, la media hermana de Elena. Adrián Valdés también tiene claras sus prioridades: Marina siempre va primero.
Después de años intentando ganarse un lugar en su propia familia, Elena deja su anillo junto a los papeles del divorcio y se marcha. Esta vez, no busca que él la siga. Quiere recuperar su vida.
Vuelve a la empresa tecnológica que ayudó a fundar y retoma la carrera que dejó por su matrimonio. Quienes la subestimaban solo conocían a una esposa callada. Están a punto de descubrir de lo que es capaz.
Adrián está acostumbrado a que Elena siempre lo espere.
¿Qué hará cuando ella deje de hacerlo?

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8. Ya no tenía sentido

—¿Qué pasa? —le preguntó alguien a Ricardo.

—Creí ver a una conocida.

Ricardo y Adrián se conocían desde niños. Sabía que Elena llevaba años enamorada de él.

Era una mujer muy bonita, pero a Ricardo le parecía demasiado callada. No creía que fuera el tipo de mujer que podía interesarle a su amigo.

Adrián la mantenía a distancia y ellos tampoco habían hecho mucho por conocerla. La veían tan poco que Ricardo ni siquiera estaba seguro de haberla reconocido.

No le dio más importancia y volvió al salón.

***

Elena no lo vio.

Llevó a Valeria a su departamento y se quedó toda la noche para cuidarla.

Por la mañana, Valeria la abrazó.

—Gracias por venir a buscarme. Te debo una cena.

Elena ya había preparado el desayuno: chilaquiles con salsa suave, huevos y café con leche.

—Primero lávate la cara. Se va a enfriar la comida.

Valeria apoyó la mejilla contra ella.

—Un minuto más. Tus abrazos son lo mejor.

Elena le dio una palmada suave en la cabeza.

Cuando Valeria por fin se sentó a la mesa, vio el desayuno y suspiró de felicidad.

Pensó que quien tuviera a Elena a su lado debía sentirse afortunado. Pero recordó su matrimonio y prefirió no decirlo.

Empezó a comer mientras revisaba el celular. De pronto cambió de expresión.

—¿Adrián ya volvió?

—Sí.

Valeria le mostró la pantalla.

Ricardo había subido a sus redes varias fotografías de la cena de cumpleaños. El mensaje decía: «¡Feliz cumpleaños a la festejada más guapa!».

Elena pasó a la siguiente fotografía. Después a otra.

Adrián y Marina aparecían juntos en varias. Sonreían. En una, ambos sujetaban el mismo cuchillo para cortar el pastel.

Él había tenido tiempo para organizar aquella cena y quedarse a celebrar con ella.

Los niños no salían en ninguna.

Elena sospechó que era intencional. Carmen Valdés era amiga de su abuela y nunca había aceptado a Marina, por lo que su madre había hecho a la familia Robles. Si descubría que Adrián alentaba la cercanía de los mellizos con ella, se enfurecería.

Quien no conociera la situación habría pensado que Adrián y Marina eran una pareja sin ningún impedimento.

También era evidente que él había organizado la fiesta para ella.

Elena recordó el mensaje que había recibido cuando esperaba comer con él.

«Me surgió algo. Cancelamos la comida».

Su cumpleaños había pasado sin una felicitación de Adrián. El de Marina tenía una cena, regalos y fotografías de los dos juntos.

Apartó los ojos.

Valeria la miró con preocupación.

—Elena...

—Estoy bien. Lo que hagan ya no tiene que ver conmigo.

Le devolvió el celular.

—Le pedí el divorcio.

Valeria dejó de comer.

—¿Tú se lo pediste?

—Sí.

Durante un tiempo, Valeria había admirado mucho a Adrián. Incluso había llegado a sentirse atraída por él.

No era difícil entender por qué.

Elena había adelantado tres cursos, terminado la universidad antes de los dieciocho y participado en la creación de una empresa de tecnología. También había obtenido varias patentes.

A Valeria ya le parecía extraordinario.

Pero de Adrián se decía que había terminado la universidad a los trece años y después había continuado sus estudios en el extranjero. Antes de cumplir veinte, ya había fundado varias empresas que cotizaban en bolsa.

Trabajaba en sectores tan distintos como la tecnología, la medicina, el entretenimiento y el turismo. Más adelante había asumido también la dirección del Grupo Valdés y lo había hecho crecer.

Además, era un hombre muy atractivo.

Valeria entendía que Elena se hubiera enamorado de alguien así.

Lo que ya no soportaba era su crueldad con ella. Había visto demasiadas veces cómo él la juzgaba y despreciaba lo que hacía por amor.

Valeria le había aconsejado separarse en más de una ocasión. Elena siempre negaba con la cabeza.

Por eso le costaba creer que la iniciativa viniera de ella.

—¿Qué pasó?

Elena pensó unos segundos.

—No fue una sola cosa.

Elena bajó la mirada hacia el desayuno.

—Pasé años esperando que las cosas cambiaran. Esta vez ya no pude seguir esperando.

Valeria conocía su manera de decidir. Podía tardar mucho en dar un paso, pero cuando lo daba no lo hacía por impulso.

Quizá Elena aún quisiera a Adrián. Eso no significaba que fuera a cambiar de opinión.

Valeria se levantó y la abrazó.

—Está bien. También tienes derecho a irte.

—Sí.

***

Después del desayuno, Elena fue al trabajo.

Antes de mudarse, ella y Adrián salían de la misma casa y trabajaban en el mismo edificio, pero nunca hacían el trayecto juntos. Él evitaba el contacto con tanto cuidado que a veces pasaban un mes entero sin cruzarse en la oficina.

Ahora que vivían separados, se habían encontrado dos días seguidos.

Adrián seguía igual de atractivo y seguro. También seguía mostrando la misma frialdad cuando la veía.

Le dirigió una mirada breve y continuó andando.

—Buenos días, señor Valdés —dijo Elena.

Esperó a que se alejara y entró.

No sabía si Marina volvería a visitar la empresa. No le interesaba averiguarlo.

Al mediodía llamó su abuela.

—Elena, nos trajeron carne de borrego de la finca. Voy a pedir que preparen barbacoa para la cena, con consomé y tortillas. ¿Vienes al salir del trabajo?

Elena sonrió al oírla.

—Sí, abuela. Voy en cuanto termine.

No volvió a ver a Adrián durante el día.

A la hora de salida ya había guardado sus cosas cuando Sergio dejó unos documentos frente a ella.

—Necesito que revises esto hoy. Es urgente.

Elena leyó las primeras páginas. Conocía aquel tipo de documento y sabía que podía esperar hasta el día siguiente.

Antes lo habría aceptado sin protestar. Habría prometido terminarlo cuanto antes para demostrar que no pedía ningún trato especial.

Ese día estaba cansada y quería cenar con su abuela.

Tampoco había olvidado que Sergio la había acusado sin escucharla la mañana anterior.

Durante años había intentado llevarse bien con los asistentes de Adrián. Ya no veía para qué seguir esforzándose.

Tomó el bolso.

Elena cerró la carpeta y la dejó sobre el escritorio.

—Ahora no voy a hacerlo. Ya terminó mi horario.

Sergio la miró, incrédulo.

Ella seguía de pie, con el bolso en la mano. No se había sentado para empezar el trabajo, como él esperaba.

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