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El Precio De Las Oportunidades: Ecos Del Pasado

El Precio De Las Oportunidades: Ecos Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance de oficina / CEO
Popularitas:437
Nilai: 5
nombre de autor: SakuDiHina

Aurelia creía haber dejado atrás los secretos de su pasado.

Hasta que vuelve a encontrarse con Franco.

Lo que nace entre ellos los lleva a descubrir documentos ocultos, acusaciones manipuladas y una verdad que alguien lleva años intentando enterrar.

Una nueva pista los obliga a regresar al lugar donde todo comenzó.

Y allí comprenden que nada era como les contaron.

Ahora Aurelia y Franco deberán descubrir quién manipuló los acontecimientos que cambiaron sus vidas y cuánto están dispuestos a arriesgar para conocer la verdad.

Porque amar puede ser una elección.
Perdonar, otra.
Pero descubrir la verdad...
puede tener un precio demasiado alto.

NovelToon tiene autorización de SakuDiHina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 — Una noche diferente

El cierre de un proyecto permitió que el equipo organizara una pequeña celebración fuera de la oficina. Aurelia estuvo a punto de rechazar la invitación. Todavía sentía que cualquier gesto podía ser interpretado como una señal de confianza indebida, especialmente después de los rumores de esa mañana.

Al final decidió asistir.

No quería vivir pendiente de lo que otros pudieran pensar.

Cuando llegó, encontró a Walter discutiendo con Andrew sobre un partido y a Xavier intentando convencer a Víctor de que dejara el teléfono.

—Esto sí es extraño —dijo Aurelia al acercarse.

Andrew sonrió.

—¿Qué cosa?

—Verlos hablar de algo que no tiene relación con una auditoría.

Walter levantó su vaso.

—Estamos practicando.

Aurelia se permitió reír.

Por primera vez desde que había llegado a FranLia, pudo observarlos sin sentir que todo tenía una segunda intención.

Franco llegó más tarde. No se sentó con el grupo principal. Se quedó a unos metros, observando la conversación.

Aurelia terminó apartándose hacia una terraza.

Franco apareció poco después.

—¿Te estás escondiendo?

—Estoy tomando aire.

—Parece lo mismo.

—Para mí no.

Franco apoyó los brazos sobre la baranda.

—Pensé que no vendrías.

—Yo también.

—¿Y qué te hizo cambiar de opinión?

Aurelia miró las luces de la ciudad.

—No quiero que Ana, ni los rumores, decidan dónde puedo estar.

Franco asintió.

—Eso me parece una buena razón.

Hubo unos segundos de silencio.

—Tú tampoco pareces cómodo en estas reuniones —dijo ella.

—No sé qué hacer cuando nadie espera una decisión de mí.

Aurelia sonrió.

—Puedes aprender.

—¿Tú sabes hacerlo?

—No. Por eso vine.

La conversación pasó de la empresa a asuntos más sencillos. Hablaron de los errores que habían cometido, de la presión de tener familias conocidas y de lo difícil que podía ser distinguir una obligación de una elección.

—¿Alguna vez has pensado en irte de FranLia? —preguntó Franco.

Aurelia tardó en contestar.

—Antes de llegar, sí. Ahora no lo sé.

—No tienes que quedarte para demostrar nada.

—Tampoco quiero irme solo para demostrar que puedo hacerlo.

Franco la miró.

—Eso suena más a ti.

Aurelia negó con la cabeza, divertida.

—No sé si eso es un cumplido.

—Lo es.

Al regresar a la mesa, Aurelia notó que Ana los observaba desde el otro lado del lugar.

Ana no se acercó. Solo sonrió cuando sus miradas se cruzaron.

La celebración continuó sin convertirse en una fiesta ruidosa. Para Aurelia, esa sencillez terminó siendo más valiosa que cualquier gesto de integración forzada.

Walter le ofreció una bebida y señaló la mesa donde estaban los demás.

—¿Sabes qué es lo raro?

—¿Qué?

—Que antes podíamos discutir horas sobre una decisión y terminar la noche como si nada.

Aurelia miró a Víctor y Andrew.

—Quizá porque nadie comprobaba demasiado.

Walter dejó escapar una risa.

—Eso es muy tú.

—¿Es malo?

—No. Solo que ahora ya no puedo contarte una anécdota sin que me preguntes cuándo ocurrió.

Aurelia sonrió.

La conversación le permitió ver algo que no había pensado antes: el grupo no era únicamente una extensión de Ana. Cada uno tenía una personalidad que había quedado escondida detrás de la costumbre de seguirla.

Más tarde, cuando la reunión terminó, Franco acompañó a Aurelia hasta el estacionamiento.

—Gracias por venir —dijo él.

—No tienes que agradecerlo.

—Sí. Sé que no era fácil.

—No vine para darte una tranquilidad.

—¿Entonces para qué?

Aurelia pensó un instante.

—Para recordarme que puedo estar en un lugar sin permitir que el pasado decida cómo debo comportarme.

Franco asintió.

—Eso es más difícil de lo que parece.

—Lo sé.

A la mañana siguiente, una asistente le entregó a Aurelia una fotografía que había aparecido entre varios documentos empresariales antiguos.

—Creo que la dejaron en la bandeja equivocada.

Aurelia la tomó para devolverla.

Entonces vio a Franco de niño en una esquina del jardín Blackwood.

Sintió un escalofrío.

Cuando Franco entró en su despacho, ella colocó la fotografía sobre la mesa.

—Necesito preguntarte algo.

Franco miró la imagen y dejó de sonreír.

—¿De dónde salió?

—Eso quiero saber.

Él se acercó.

—Recuerdo ese jardín.

—¿Recuerdas la fotografía?

—No la fotografía. El día.

Aurelia levantó la vista.

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