Kira Drago conocida como la "Madrina". Una de las influencias más poderosas en la mafia italiana. Muere en un atentado orquestado por el señor Vittorio.
Kira le promete a su subordinado volver, pero sabe que es su final.
...
Feng Juexing la fénix nacida para gobernar a Yanhuang es envenenada e inducida a un sueño profundo justo antes de poder pasar el nirvana y renacer. Y todo esto, hecho por su hermana Feng Fuhuo y su propio esposo humano.
Misteriosamente Kira despierta en un cuerpo que no es suyo, sino de Juexing.
Ahora como la nueva fénix, se propone recuperar el trono, reconstruir Yanhuang y desterrar todos los secretos que este nuevo mundo guarda.
Pero pronto se da cuenta que hay algo más en Yanhuang. Una energía que no debería estar ahí y parece estar ligada a Anyue, su esposo humano.
Ahora el próximo plan es buscar respuestas y solo quizás reunir las almas de Anyue y hacer que vuelva a la vida.
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Capítulo 5: Bajo las circunstancias de una nueva ¿oportunidad?
—Su majestad movió la mano.
Lo dijo esa voz femenina, temblorosa.
—¿No estarás alucinando?
Preguntó una voz masculina, con tono cansado.
«¿Estoy en el cielo?», pensó Kira.
Seguía sintiendo la oscuridad. Pero escuchaba con nitidez la voz de aquellos desconocidos.
—Estoy segura de que su majestad movió los dedos.
«¿Acaso soy emperatriz en el cielo ahora?», se preguntó nuevamente.
Sintió cómo alguien tocaba sus manos con suma delicadeza.
¿Acaso el cielo era así? ¿Ahora podían tocar su espíritu?
¿El cielo o el infierno?
Trató de mover una parte de su cuerpo y sintió cómo los dedos de sus manos respondían, lentos, torpes.
—¡Su majestad!
Esa voz chillona otra vez.
Kira arrugó la frente.
—Guarda silencio.
La voz masculina habló con seriedad, cortando el alboroto.
—Su majestad, si puede oírme, déjeme decirle que la ceremonia de coronación de su hermana está a punto de empezar. Y si no despierta, el imperio estará perdido para siempre —explicó aquella voz masculina con un tono urgente en su voz.
Kira frunció el ceño.
¿Su hermana?
¿La emperatriz celestial tenía hermana?
¿Iba a arrebatarle el trono?
¡Eso sí que no!
Entonces intentó abrir los ojos de golpe.
Pero al principio no cedieron.
Sus párpados pesaban.
Poco a poco se abrieron, lentamente.
Los murmullos se hicieron más cerca.
—¿Su majestad? —un hombre la miró.
Llevaba túnicas blancas, el cabello recogido, un anciano.
Kira parpadeó un par de veces, creyendo ver mal.
Aquella persona vestía algo raro.
Era el tipo de vestimenta de alguna novela china de fantasía que había visto pasar en internet.
—Su majestad —aquella voz chillona tomó forma. Una chica con ojos llorosos la miraba. con las manos juntas.
Su cuerpo se sentía ligero.
Como una pluma.
Creyó que todavía estaba soñando.
Levantó las manos y las observó.
Más pálidas que las suyas. Más delgadas.
Se sentó de golpe y observó todo.
Una habitación extraña, columnas de madera tallada, cortinas rojas, incienso ardiendo.
Su ropa, demasiado rara.
Telas sueltas, nada que se pareciera a su abrigo negro o su pijama oscuro.
—Su majestad, ¿le duele algo? — preguntó aquel hombre mayor con pinta de médico.
—¿No estoy muerta? — Kira se tocó el rostro.
Algo no estaba cuadrando.
—Su majestad cayó en un profundo sueño para no perder su qi —explicó el médico.
—¿Qi? —Kira se miró las manos nuevamente. Ahora que lo mencionaba, sentía algo extraño recorrer su cuerpo.
Una corriente cálida bajo la piel.
¿Eso era el qi? ¿Esa energía que envolvía su cuerpo como si respirara por sí sola?
—¡La ceremonia está por iniciar! —una joven más, entró a la habitación, sin golpear—. ¡Ese humano está entrando al salón de ceremonias!
—Su majestad, si usted no lo detiene ahora, el gran imperio Yanhuang estará perdido —habló con pesar nuevamente el médico a su lado.
Kira no tenía idea de lo que estaba pasando, pero aquellas personas parecían aterradas por esa ceremonia.
—No recuerdo lo que ha pasado —dijo, tocándose la frente con frustración.
—Majestad, ¿cómo es posible?—el mayor la tomó de la muñeca para verificar su pulso.
—¿Qué sucede? —otro hombre entró a la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
Un hombre con barba blanca, una horquilla de jade en la cabeza recogiendo su pelo, caminaba como un anciano que ya había visto de todo.
—Su majestad no recuerda nada —la chica se acercó a él y las lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Como si todo ya estuviera perdido.
El mayor alzó una ceja.
Cuando miró a Kira sentada sobre el lecho, se arrodilló de inmediato.
—Majestad, perdone mi imprudencia —se disculpó, pegando la frente al suelo.
No recuerdo nada —repitió Kira, mirándolo. Buscando respuestas en esa nueva presencia.
—Déjeme refrescar su mente —dijo el anciano, levantándose y caminando hacia ella—. Ha estado mucho tiempo dormida. Es natural que se sienta confundida.
—Sigo sin entender. ¿Quién es usted? —Preguntó ella.
—Yo soy su leal servidor, el ministro Gu Li —hizo otra reverencia el hombre.
—Lo que sucede es que usted fue envenenada por su hermana espiritual, Feng Fuhuo, y cayó en un profundo sueño. Ahora ella intenta usurpar el trono junto a su esposo, que la ha traicionado hace tiempo —explicó con rapidez.
—¿Traición? ¿Usurpar? —murmuró Kira.
Esas palabras nunca le gustaron en lo absoluto.
Y fueron las primeras que escuchó al abrir los ojos.
Apretó las sábanas bajo sus dedos con fuerza. Sus ojos se llenaron de rabia.
El aire se volvió denso en la habitación.
Una oleada de energía rodeó su cuerpo.
Caliente, roja.
El médico y el ministro Gu retrocedieron por instinto.
La furia de un fénix era digna de temer y hacía cenizas a cualquiera que estuviera cerca.
—Su majestad, por favor cálmese —pidió el ministro Gu—. Todavía hay tiempo para detener esa coronación.
—¿El trono me perteneció desde siempre? —Kira miró al hombre.
—Sí, su majestad —asintió—. Desde su nacimiento usted fue la elegida para ser emperatriz.
Eso fue suficiente para que Kira sonriera.
No entendía lo que estaba sucediendo en ese extraño mundo.
Y aunque fuera solo un sueño, no iba a permitir que alguien le arrebatara lo que por derecho y nacimiento le pertenecía.
Iba a ser reina una vez más.
Iba a gobernar una vez más, aunque fuera en sueños.
—Bien. Recuperaré lo que es mío —dijo con seriedad.
Apartó las sábanas y se levantó de aquella cama.
Las doncellas y el ministro Gu se sorprendieron ante la seriedad de su fénix.
Ella nunca había sido así.
Siempre le había dado la razón a cualquier cosa que Feng Fuhuo hiciera.
—Su majestad, no puede ir vestida así —la chica se acercó a Kira.
La llevó frente a un espejo mientras los demás abandonaban la habitación para darle privacidad.
—¿Y esto? —se miró en ese espejo y alzó una ceja.
Su rostro era totalmente diferente al suyo, al de la verdadera Kira.
La vestimenta blanca le hacía ver enfermiza, pálida, débil.
No le gustó.
Seguía sin comprender lo que estaba pasando.
¿Acaso había entrado al cuerpo de alguien más?
¿Y qué había pasado con su muerte?
Observó con detenimiento ese par de ojos.
Al menos esa mirada segura sí era suya.
Sonrió suavemente.
—¿Ese qi aparece si lo invoco con algo? —preguntó a la doncella.
—Solo debe sentirlo, majestad —respondió la joven—. Así.
La chica levantó la palma y cerró los ojos.
Una luz verde fluyó por todo su cuerpo y pronto una pequeña llama reluciente apareció en su palma.
Kira asintió un par de veces.
Se tocó el pecho y sintió esa energía revoloteando como una mariposa en su interior. Levantó la palma y en su mente dijo: “Ven a mí”.
Una llama color carmesí apareció en su palma, creciendo con cada pensamiento de ella pidiendo que siguiera fluyendo.
—Justo así, su majestad —exclamóla doncella, sonriendo.
“Apágate”, ordenó Kira una vez mas, y la llama se deshizo de inmediato.
Cerró el puño y asintió.
No entendía mucho, pero con eso era suficiente.
Entonces probó algo.
Como si aquel cuerpo ya supiera cómo manejarse y quisiera impresionarla.
Movió los dedos.
Una cálida sensación la cubrió y una luz carmesí rodeó su cuerpo.
Al segundo siguiente, los ojos de la doncella se iluminaron y se cubrió la boca con sorpresa.
—Su majestad, su ropa —tartamudeó la chica.
Kira se miró al espejo y esta vez sí le gustó lo que vio. Su vestido era de un rojo profundo, y en su tono de piel le quedaba perfecto.
Le hacía ver como una reina digna.
Asintió varias veces, satisfecha.
—Es hora. Guíame a ese lugar —se giró y caminó hacia las puertas de la habitación con la misma elegancia que usaba para entrar a una sala llena de capos.
Las puertas se abrieron cuando salió. Los sirvientes se inclinaron ante su presencia.
Y Kira pensó: “Bueno, no es tan diferente a ser mafiosa. Todos se inclinan.”
Cada paso suyo dejaba un pequeño espiral de energía a su alrededor.
Las doncellas la siguieron con la cabeza baja.
El médico iba entre ellas, y el ministro Gu un paso atrás, señalándole el camino hacia el salón de ceremonias.
Todo le sorprendía a Kira.
Todo el palacio estaba adornado de rojo.
Flores rojas por los pasillos, sirvientes llevando bandejas de platos hacia el comedor, supuso cuabdo los vio ir hacia otro pasillo.
Las grandes puertas del salón estaban abiertas. Guardias a cada lado, resguardando para que ningún no invitado entrara.
Como ella.
Al verla acercarse, no dudaron en impedirle el paso.
—Muestre su invitación —ordenó uno de ellos. Las espadas frente a ella destellaban con lo que llamaban qi.
—¡Insolente! Es la emperatriz Fénix. ¿Te atreves a apuntarla? —Alzó la voz el ministro Gu.
—Su alteza, la princesa ordenó que a todo aquel que no lleve una invitación no se le permitirá la entrada al salón —respondió el guardia.
Ninguno bajó el arma.
—¿Yo, la emperatriz, debo traer una invitación para ver a mi querida hermana usurpar mi trono? —Soltó Kira con ironía.
“Plam”.
“Clanck”.
Las puertas se abrieron de par en par.
Los guardias fueron lanzados hacia dentro.
Una ola de energía espiritual se alzó en la entrada.
Y entonces…
Kira entró, imponente, como la reina que siempre había sido. Pero ahora en el cuerpo de esta actual persona.
Los presentes quedaron congelados.
Los ministros, nobles, duques, todos miraron al verdadero fénix irrumpir aquella ceremonia.
La princesa Fuhuo, a medio camino de llegar al altar, se giró de golpe.
El humano que supuestamente era su esposo la miró con sorpresa.
Casi con miedo, a la verdadera emperatriz.
—Esta celebración se cancela —habló con firmeza Kira, mirando a la mujer que retrocedía, con el rostro desfigurándose cada segundo.
—No te lo esperabas, ¿cierto, hermana? —soltó lo último con una leve sonrisa llena de malicia.
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Un capítulo más.
Actualizaremos hasta el sábado y si es posible, mañana.
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