Keile después de cometer muchos errores y ganarse el odio de su enigma tuvo que ver como la vida se le escapaba a la persona que más amo , no solo lo vio morir el fue su verdugo y vivió cada día en el arrepiento pero ahora el destino a decido darle una oportunidad volviendo al momento antes de que la luz de su egnima fuese apaga¿cometerá keile los mismo errores de su vida pasada?
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El abismo entre mis manos
El roce de sus dedos en mi cuello fue como una descarga de alto voltaje. En otro tiempo, en esa vida que ya no existe, me habría apartado por instinto, escandalizado por su falta de respeto al uniforme. Pero ahora, ese mismo uniforme me apretaba como una mortaja.
Lo escuché hablar, escuché su ronroneo peligroso y esa seguridad insolente de quien se sabe dueño del mundo. "Para reclamar una propiedad, primero tienes que ser capaz de domarla", me dijo. Si supiera... Si tan solo tuviera una mínima idea de que ya lo perdí una vez, entendería que no quiero domarlo, quiero anclarlo a este mundo para que el destino no vuelva a reclamarlo.
Lo miré fijamente, absorbiendo cada detalle de su rostro: el brillo dorado de sus ojos, la curva exacta de su sonrisa burlona, el calor que emanaba de su piel. Mi mente gritaba en advertencia. Tenía miedo. Un miedo atroz y paralizante que no me enseñaron a combatir en la academia. Tenía miedo de que, si parpadeaba demasiado lento, Brayan se convirtiera en cenizas bajo mis dedos, como en aquel final oscuro que todavía me despertaba a gritos por las noches.
—¿Poca acción, Brayan? —repetí, mi voz saliendo más oscura de lo que planeaba.
Él no se detenía, decía. Él no conocía las líneas rojas. Pero yo venía del otro lado de la línea, del lugar donde el arrepentimiento es eterno.
Su mano seguía ahí, tentando al abismo. Sentí una necesidad animal de rodearlo con mis brazos, de esconderlo del resto del universo, pero me obligué a mantener la compostura de piedra. No podía asustarlo, no todavía. Para él, yo seguía siendo el "Soldadito" aburrido, aunque hoy estuviera rompiendo el molde.
—Crees que este es un juego de poder, porque es el único idioma que hablas —le dije, dando un paso que eliminó el último soplo de aire entre nosotros. Podía sentir su respiración acelerada contra mi pecho—. Pero te equivocas en algo. No me detengo por honor, ni por el manual. Me detuve porque no quería romperte.
Bajé la mano hasta su cintura, no con la timidez de un novato, sino con la posesividad de alguien que ha cruzado el tiempo solo por este momento. Lo sujeté con una firmeza que rozaba lo doloroso, una orden silenciosa de que no se moviera.
—Pero ya que insistes en que me esfuerce más... —le susurré, dejando que mi frente rozara la suya, desafiando su orgullo de Enigma—. Ten cuidado con lo que pides. Porque esta vez, si te atrapo, no va a haber "última palabra" que te salve de mí. No voy a dejar que te escapes, ni por un capricho, ni por un error, ni por la muerte misma.
En ese momento, vi un destello en sus ojos. No era miedo, era algo más profundo: la chispa de haber encontrado, finalmente, a alguien que no solo aceptaba su desafío, sino que lo superaba.
Mi corazón latía con fuerza, no por la provocación, sino por la súplica interna que él no podía oír: Por favor, quédate aquí. No te desvanezas. No me dejes solo otra vez.