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Horizonte De Hielo

Horizonte De Hielo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Susana Reyes es fuego puro. Una teniente de la Fuerza Aérea estadounidense de raíces mexicanas que ha pasado su vida desafiando las expectativas de quienes la creen demasiado pequeña para dominar los cielos. Cuando es enviada a una remota base militar en las profundidades de Rusia como parte de un programa de intercambio de élite, espera encontrar resistencia, pero no un muro de hielo impenetrable.
Ese muro tiene nombre: Mikhail Volkov.
Con 1.90 de estatura, una disciplina de acero y una mirada azul que parece congelar el aire a su paso, Mikhail es el capacitador encargado de convertir a Susana en una piloto experta de los imponentes cazas Su-35. Para él, ella es una distracción impulsiva; para ella, él es un gigante arrogante que necesita una lección de humildad.

NovelToon tiene autorización de Ariane Salvatore Falcó para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 5

El aire en la pista de despegue era un cuchillo afilado que cortaba los pulmones, pero Susana lo inhaló como si fuera oxígeno puro de la Sierra Madre. Eran las 08:00 AM y el sol de San Petersburgo, pálido y distante, arrancaba destellos plateados del fuselaje del Su-35.

—¿Emocionada, Reyes? ¿O ese temblor en tus manos es el café ruso cobrándose la factura? —La voz de Dmitri Petrov rompió el silencio de la inspección pre-vuelo.

Susana se giró, ajustándose el casco bajo el brazo. Dmitri y Sergei estaban junto a su propio aparato, revisando las toberas con una mezcla de profesionalismo y relajo.

—Es adrenalina, Petrov. En Arizona el aire es tan denso que parece que nadas; aquí siento que voy a cortar el cielo como un bisturí —respondió Susana con una sonrisa felina—. Y no te preocupes por mis manos, ocúpate de que tu radar no me pierda de vista cuando te deje atrás.

Sergei, el piloto que parecía un oso, soltó una carcajada profunda que retumbó en su pecho.

—¡Escucha eso, Dmitri! La pequeña mexicana tiene garras. Cuidado, o Mikhail va a terminar pidiendo asilo político en tu cabina para escapar de sus insultos.

—Mikhail no pide nada —intervino una voz gélida a espaldas de Susana—. Mikhail ordena.

El grupo se tensó instantáneamente. El Capitán Volkov caminaba hacia ellos, ya enfundado en su traje de presión G, con el casco en la mano y esa expresión de "el mundo es un lugar decepcionante" grabada en el rostro. Sus ojos azules escanearon al grupo, deteniéndose un segundo de más en Susana.

—A sus puestos. Esto no es un club de comedia, es una unidad de interceptación —sentenció Mikhail.

—Sí, señor —respondieron al unísono, aunque Dmitri le guiñó un ojo a Susana antes de trepar por la escalerilla de su caza.

El rugido del Sukhoi

Susana subió a la cabina delantera del Su-35 biplaza. El olor era diferente al de los F-16; aquí olía a aceite pesado, ozono y a ese cuero endurecido de los asientos rusos. Mikhail se acomodó en el asiento trasero. Era su instructor, su sombra y, en ese espacio confinado, su única conexión con la tierra.

—Comprobación de sistemas, Reyes. No me haga perder el tiempo con errores de cadete —dijo la voz de Mikhail a través del intercomunicador. Su tono era profesional, pero Susana notó una nota de rigidez que no estaba ahí ayer. El roce de la centrífuga seguía flotando entre ellos como una interferencia estática.

—Sistemas en verde. Motores iniciando secuencia —respondió ella, sus dedos moviéndose con la memoria muscular de quien nació para esto—. Torre, aquí Bravo-1. Solicitamos permiso para rodar.

—Bravo-1, pista 2 libre. Que tengan un vuelo frío, camaradas.

Cuando los potentes motores Saturn AL-41F1S cobraron vida, el rugido no solo se escuchó; se sintió en la base de la columna vertebral. Susana empujó la palanca de gases y el caza saltó hacia adelante con una potencia bruta que la hizo sonreír bajo la máscara de oxígeno.

—V1... Rotación... —Susana tiró suavemente hacia atrás.

El Su-35 se despegó del suelo ruso como si la gravedad fuera solo una sugerencia opcional. En segundos, atravesaron la capa de nubes bajas y emergieron a un océano de azul infinito sobre un tapiz de nubes blancas que recordaba al algodón.

—Nivelando a quince mil pies —informó Susana—. Se siente... increíble, Mikhail. Responde con solo pensarlo.

—Es una máquina de guerra, Reyes, no un juguete de feria —respondió él, aunque su voz sonaba menos cortante—. Inicie maniobras de giro de combate. Quiero ver si puede mantener la energía del motor sin entrar en pérdida.

Danza en el azul

Durante la siguiente hora, Susana demostró por qué la habían enviado a Rusia. Realizó giros cerrados, ascensos verticales que hacían que el sol bailara sobre la cabina y picados que harían vomitar a un hombre común.

—Nada mal —admitió Mikhail después de una maniobra de alta carga G—. Pero su entrada en el giro fue un poco... "americana". Demasiado brusca. El Sukhoi prefiere la fluidez. Es como un vals, no como una pelea de bar.

—¿Un vals, Capitán? —Susana soltó una risita que resonó en el intercomunicador—. No sabía que debajo de ese granito guardaba el corazón de un bailarín. ¿Me está invitando a bailar a treinta mil pies?

Hubo un silencio prolongado. Susana casi pudo imaginar a Mikhail frunciendo el ceño en el asiento trasero, debatiéndose entre la indignación y la respuesta adecuada.

—Concéntrese en el vuelo, Teniente —gruñó él finalmente, aunque no había rastro de verdadera molestia—. Regresemos a la base. Dmitri y los otros están iniciando su patrón de aproximación.

El aterrizaje y la "hospitalidad" rusa

El aterrizaje fue de manual. Susana posó las ruedas principales con la delicadeza de una pluma, a pesar de los vientos cruzados que azotaban la pista. Al apagar los motores y abrir la carlinga, el silencio fue casi ensordecedor.

Cuando bajaron, Dmitri y Sergei ya los esperaban al pie del avión, riendo y comentando el vuelo.

—¡Vaya picado, Reyes! —exclamó Dmitri, dándole una palmada amistosa en el hombro—. Casi haces que Sergei se trague su orgullo allá arriba. Por un momento pensé que ibas a intentar una Cobra de Pugachev sin permiso.

—Estuve tentada, Petrov —rió Susana, quitándose el casco y dejando que su cabello borgoña cayera en ondas desordenadas. Sus mejillas estaban encendidas por la adrenalina—. Pero no quería que al Capitán se le saliera el corazón por la boca.

Mikhail, que estaba entregando su hoja de vuelo al mecánico jefe, se giró lentamente.

—Mi corazón está exactamente donde debe estar, Reyes. A diferencia de su disciplina, que parece haberse quedado en la estratosfera.

—Oh, vamos, Mikhail —intervino Sergei, con su habitual falta de miedo—. La chica vuela como si tuviera alas de verdad. Admítelo, te divertiste ahí arriba. Vi tu trayectoria, hiciste un seguimiento perfecto. Hacían buena pareja en el aire.

Mikhail miró a Sergei con una intensidad que habría derretido el permafrost, pero luego sus ojos se deslizaron hacia Susana. Ella le sostenía la mirada, con una sonrisa desafiante y vibrante. Por un segundo, la frialdad de Mikhail pareció tambalearse.

—Hicieron una pareja de vuelo... aceptable —concedió Mikhail, sorprendiendo a todos—. Pero mañana quiero ver más precisión y menos risas por el radio.

Se dio la vuelta para marcharse, pero Dmitri lo detuvo.

—Capitán, vamos a la cantina a tomar un té —y algo más fuerte, sugirió con la mirada—. Reyes nos debe historias del desierto. Debería venir.

Mikhail se detuvo. Miró hacia la cantina y luego a Susana, que arqueó una ceja.

—¿O es que el granito no se mezcla con el té, Capitán? —lanzó ella.

Mikhail soltó un suspiro imperceptible.

—Diez minutos. Solo para asegurarme de que no le cuentan secretos de estado a la extranjera —dijo, empezando a caminar hacia el edificio.

Dmitri y Sergei celebraron con choques de manos, mientras Susana caminaba a su lado, sintiendo que, por primera vez, el horizonte de hielo no se veía tan lejano. Mikhail caminaba unos pasos adelante, imponente y solitario, pero Susana sabía que hoy, a miles de metros de altura, algo se había movido en ese glaciar que él llamaba alma.

—Oye, Reyes —susurró Dmitri—. ¿Sabes que es la primera vez en tres años que Mikhail acepta ir a la cantina con nosotros un martes?

Susana sonrió, mirando la espalda del ruso.

—Quizás es que nunca antes lo habían invitado a bailar un vals —respondió ella, antes de estallar en risas junto a sus compañeros.

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Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
😔😔😔😔
Luz Granados
por favor segunda parte, merecen quedar juntos👏
Luz Granados
muy buena, pero nos falta la segunda parte, después de sufrir tanto merecen quedar juntos.gracias...
𓏲 ๋࣭ ࣪Aɾყ S.F𑁍ɾιԃ ˖: es que me gustan los finales no felices y también los felices....este fue uno no muy feliz
total 1 replies
Rubiia sanz
venga yaaaa 😟😟😟😟 cómo no van a terminar juntos depues de todo joderr que mal 💔
Rubiia sanz: me ha gustado pero esperaba ver un poco de guerra más escenas de mikhail y susana volando en sus aviones joee es un sabor amargo 💔 pero dentro de lo que cabe está bien
total 2 replies
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥
corina
está historia me trae de los cabellos me encanta que la prota no se de esas gafas que se dejan joder de los demas
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Aracelis Durango
Buenísima 🔥🔥🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
😈😈🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏👏❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Se derrumbaron las barreras ❤️❤️❤️🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Está buenísima 👏👏
Rubiia sanz
a mí me gustaria leer lo que piensa el al verla osea leer su opinión y narrado por el. Muy buena me encanta que ella sea piloto de cazas
Nairobis Cardozo Portillo
Susana estás jugando con fuego y te vas a quemar ese capitán es de armas tomar🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Susana eres una guerrera
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