NovelToon NovelToon
Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo extra 1

Mi hija y su papá estaban preocupados por los mareos que he tenido últimamente… y no era para menos. Cada vez eran más constantes, más intensos… pero en el fondo de mi corazón, yo ya tenía una sospecha muy clara de lo que podía ser.

Había algo que no podía ignorar… tenía casi un mes de retraso en mi periodo.

Y eso… no era cualquier cosa.

—Mamá, ¿vas a salir hoy? —me pregunta mi hija, con esa mirada curiosa y preocupada al mismo tiempo— me dices qué te dijo el doctor…

La miro… y trato de sonreír con normalidad, aunque por dentro mi corazón latía con fuerza.

—Sí, hija… pero anda, ve tú tranquila…

No quería preocuparla antes de tiempo.

Cuando los dos salieron… la casa quedó en silencio.

Un silencio que me envolvía… que hacía que cada pensamiento se escuchara más fuerte dentro de mí.

Respiré hondo… y caminé lentamente hacia el baño, con la prueba de embarazo en mis manos… sintiendo una mezcla de nervios, emoción… y un poco de miedo.

Era un momento que podía cambiarlo todo.

Seguí las instrucciones… y esperé.

Esos minutos… se sintieron eternos.

Mi mente no dejaba de imaginar escenarios… mi corazón no dejaba de acelerarse…

Hasta que por fin… reuní el valor para mirar.

Dos rayas.

Positivo.

Por un segundo… me quedé completamente inmóvil.

Y después… una sonrisa se dibujó en mi rostro… mientras mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.

—Vamos a tener otro bebé… —susurré, llevándome la mano al vientre, con una emoción imposible de contener.

La felicidad me invadió por completo.

Mientras tanto…

—Papá… —dice mi hija con curiosidad— ¿qué es lo que piensas de lo que le está pasando a mamá?

Mi esposo suspira… como si también tuviera la misma idea rondando su cabeza.

—Bueno… —responde con una leve sonrisa— espero que sea lo que estoy pensando… tú querías desde hace mucho tiempo un hermanito…

Mi hija sonríe emocionada… como si esa idea le iluminara el día.

—Cuando llegue… me dicen… porque tú vas a ser el primero en saber, ¿verdad?

—Sí, hija… —responde él con ternura— anda, ve adentro de tu escuela.

Mientras tanto… yo no podía dejar de pensar en cómo darles la noticia.

Quería que fuera especial… inolvidable… algo que recordáramos para siempre.

Al regresar del médico… veo que mi marido ya estaba en casa, esperándome… con esa mezcla de nervios y esperanza en la mirada.

Mi corazón se aceleró otra vez.

Sabía que ese momento… lo cambiaría todo.

Pero también sabía…

Que nuestra familia estaba a punto de crecer.

Y eso… lo hacía aún más hermoso.

La emoción en la casa crecía como una chispa que nadie podía apagar. Cada rincón parecía guardar un secreto… uno que latía fuerte, como un corazón nuevo que estaba por llegar.

Mientras tanto, yo seguía observando todo.

Había algo raro… demasiado movimiento, demasiados susurros, demasiadas puertas cerradas.

Y eso solo hacía que mi curiosidad creciera.

Subí lentamente las escaleras, con el corazón acelerado, como si estuviera a punto de descubrir algo importante… algo que cambiaría todo.

—¿Por qué no me dejan entrar a ese cuarto…? —susurré para mí misma, frunciendo el ceño.

Me acerqué a la puerta.

Silencio.

Pero no era un silencio vacío… era un silencio lleno de intención.

Como si alguien estuviera ocultando algo hermoso… o algo que no querían que viera aún.

Extendí la mano… pero justo cuando iba a tocar la perilla—

—¡Cris! —la voz de mi mamá resonó desde abajo.

Me sobresalté.

—¡Baja, hija! ¡Te estamos esperando!

Solté la puerta de inmediato, sintiendo un pequeño vacío en el pecho.

—Ya voy… —respondí, aunque mi mente seguía atrapada en ese cuarto.

Bajé las escaleras lentamente.

Algo dentro de mí me decía que todo estaba conectado.

Los mareos de mamá…

Las salidas inesperadas…

Los secretos…

Las miradas entre mis papás…

Y esa sensación… esa extraña pero hermosa sensación de que algo grande estaba por suceder.

Al llegar a la sala, vi a mis papás sentados juntos.

Mi mamá tenía una sonrisa distinta… más suave, más profunda.

Y mi papá…

Mi papá tenía ese brillo en los ojos que solo aparece cuando algo lo hace inmensamente feliz.

Eso hizo que mi corazón diera un pequeño salto.

—¿Qué pasa? —pregunté, cruzándome de brazos, medio sospechando—. Están muy raros últimamente…

Se miraron entre ellos.

Y en ese momento…

Lo supe.

No necesitaba que me lo dijeran.

Mi corazón ya lo había entendido antes que mi mente.

Mi mamá se levantó lentamente… caminó hacia mí… y tomó mis manos con una ternura que me hizo contener la respiración.

—Hija… —su voz temblaba ligeramente—. Hay algo que queremos decirte…

Sentí cómo mi pecho se apretaba.

Mis ojos comenzaron a brillar sin que pudiera evitarlo.

—¿Qué pasa…? —pregunté en voz baja.

Mi papá se acercó también… colocando su mano sobre mi hombro.

Y entonces…

Con una sonrisa llena de amor…

Mi mamá dijo:

—Vas a ser hermana…

El mundo se detuvo.

Literalmente.

Todo quedó en silencio.

Mi corazón… explotó en mil emociones al mismo tiempo.

Sorpresa.

Alegría.

Incredulidad.

Amor…

—¿En serio…? —susurré, llevando mis manos a mi boca, con los ojos completamente llenos de lágrimas.

—Sí, princesa… —dijo mi papá, con la voz quebrada de emoción—. Vamos a ser papás otra vez…

No pude contenerme.

Corrí a abrazarlos con todas mis fuerzas.

—¡Siempre quise esto! —dije entre lágrimas, riendo al mismo tiempo— ¡Siempre quise un hermanito!

Mi mamá me abrazó fuerte.

—O hermanita… —susurró con una sonrisa.

—O… —me separé un poco, mirándola con intensidad— …¿y si son dos?

Mis papás se quedaron en silencio unos segundos…

Y luego rieron.

Pero en los ojos de mi mamá…

Había una chispa.

Como si, en el fondo…

Ella también lo supiera.

Y en ese momento…

Supe que mi vida estaba cambiando.

Otra vez.

Pero esta vez…

No con dolor.

Sino con amor.

Yo seguía pensando en lo que había visto en ese cuarto, pero no quise decir nada. Sentía que mis papás querían darme una sorpresa, así que mejor me hice la que no sabía nada, aunque por dentro mi corazón no dejaba de latir rápido.

—Hija, ¿en qué piensas tanto? —me pregunta mi mamá al verme distraída.

—En nada, mamá… —le respondo, pero no era verdad— solo estoy feliz.

Y sí… estaba feliz, pero también emocionada, nerviosa y con muchas dudas.

En la tarde, mi prima llegó como siempre.

—¡Cris! ¿Vamos al centro? —me dijo con una sonrisa.

—Sí, vamos —le contesté rápido, porque quería distraerme un poco.

Salimos de la casa, pero antes de irnos, volteé a ver una vez más hacia ese cuarto.

Sentía que ahí estaba guardado algo muy importante… algo que iba a cambiar todo.

Ya en el centro, traté de concentrarme en otra cosa. Caminábamos viendo tiendas, riendo, platicando de cosas simples, pero mi mente regresaba una y otra vez a lo mismo.

—Oye… —me dice mi prima— ¿por qué estás tan pensativa?

—No sé… siento que algo va a pasar… algo grande —le dije sin pensar.

Ella solo se rió.

—Siempre dices eso.

Pero esta vez… era diferente.

Yo lo sentía de verdad.

Después de un rato regresamos a la casa.

Cuando llegué, vi algo que me dejó sorprendida.

Ahí estaba.

Una moto.

Brillando bajo la luz, completamente nueva.

Mi corazón dio un salto.

—No puede ser… —susurré, acercándome poco a poco.

Pasé mi mano por el asiento, sintiendo la textura, como si no fuera real.

—¿Te gusta? —escuché la voz de mi papá detrás de mí.

Me giré rápido.

—¿Es… es mía? —pregunté, sin poder creerlo.

—Claro que es tuya, princesa —dice con una sonrisa—. Sabemos cuánto la querías.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Papá… —corrí a abrazarlo— gracias…

Mi mamá también se acercó.

—Pero con una condición —dijo seria, aunque con ternura—: tienes que cuidarte mucho.

—Lo prometo —respondí sin dudar—, se los juro.

En ese momento entendí algo.

Mis papás no solo me estaban dando una moto…

Me estaban demostrando confianza.

Y eso valía más que cualquier cosa.

Esa noche, me fui a dormir con mil pensamientos en la cabeza.

El bebé…

El cuarto…

La moto…

Y todo lo que estaba pasando en mi vida.

Miré al techo, abrazando la almohada.

—Todo está cambiando… —susurré.

Pero esta vez…

No me daba miedo.

A la mañana siguiente, me desperté más temprano de lo normal.

No sé por qué… pero sentía una emoción rara en el pecho, como si algo dentro de mí no pudiera quedarse quieto.

Me levanté despacio, me asomé por la ventana… y ahí estaba la moto.

Brillando bajo la luz del sol.

Sonreí sin darme cuenta.

—Sí es real… —susurré.

Bajé las escaleras y vi a mis papás en la cocina.

Mi mamá estaba sentada, un poco cansada, pero con esa sonrisa que últimamente no se le quitaba.

Mi papá estaba a su lado, cuidándola como siempre.

—Buenos días, princesa —dice él al verme.

—Buenos días —respondí, acercándome a abrazarlos.

Abrazar a mi mamá ahora se sentía diferente… más delicado… más especial.

Como si no solo la abrazara a ella.

—¿Dormiste bien? —me pregunta.

—Sí… pero sigo pensando en todo —le digo sincera.

—Es normal, hija —responde con ternura—, son muchos cambios.

La miré a los ojos… y por un segundo quise preguntarle todo.

El cuarto.

Los bebés.

Las cosas que estaba sintiendo.

Pero me detuve.

Sabía que ellos querían decírmelo a su tiempo.

Después de desayunar, salí un momento al patio.

No pude evitarlo.

Me acerqué otra vez a la moto.

La observé con calma… con emoción… con orgullo.

—Ahora sí… —dije en voz baja— ya estoy creciendo de verdad.

Pasé mi mano por el manubrio, imaginándome manejando, sintiendo el aire, siendo libre.

Pero también…

Siendo responsable.

—Hija —escuché a mi papá desde la puerta—. ¿Quieres probarla?

Lo miré sorprendida.

—¿En serio?

—Sí, pero con cuidado —dijo firme—. Yo voy contigo.

Sentí una mezcla de nervios y emoción.

—Está bien…

Me puse el casco, mis manos temblaban un poco.

No de miedo… sino de emoción.

Encendí la moto.

El sonido hizo que mi corazón latiera más fuerte.

—Tranquila —me dijo mi papá—. Yo estoy aquí.

Lo miré… y asentí.

Avancé despacio.

Sintiendo cada movimiento.

Cada vibración.

Cada segundo.

Era una sensación increíble… como si todo lo que había soñado poco a poco se estuviera volviendo realidad.

Cuando me detuve, me bajé rápido y corrí a abrazarlo.

—¡Gracias, papá! —dije con una sonrisa enorme.

—Te la ganaste, princesa —respondió—. Con tu esfuerzo… con tu forma de ser…

Eso hizo que mis ojos se humedecieran.

Mi mamá nos observaba desde la puerta.

Con esa mirada llena de amor…

Y orgullo.

—Mi niña ya no es tan niña… —dijo en voz baja.

Pero la escuché.

Y eso me hizo sonreír.

Ese día me quedé pensando mucho.

En todo.

En lo que fui.

En lo que soy.

Y en lo que voy a ser.

Subí a mi cuarto en la tarde.

Miré alrededor.

Mis cosas.

Mis recuerdos.

Mi vida.

Y entendí algo…

Todo estaba cambiando.

Pero no estaba perdiendo nada.

Estaba creciendo.

La tarde cayó lentamente, como si el tiempo quisiera alargarse un poco más.

Yo estaba sentada en mi cama, mirando por la ventana, mientras el cielo se pintaba de tonos naranjas y rosados.

Todo se sentía… distinto.

Más intenso.

Más real.

Escuchaba a mis papás abajo, hablando en voz baja.

No entendía lo que decían, pero sus voces transmitían algo que me hacía sentir tranquila… protegida.

Cerré los ojos un momento.

Y respiré profundo.

—Mi vida está cambiando… —susurré.

Y por primera vez…

No sentí miedo.

Pensé en todo lo que había pasado.

El bebé…

El cuarto…

La moto…

Mi familia…

Todo estaba conectado, como si cada cosa estuviera acomodándose en su lugar poco a poco.

Me levanté de la cama y me miré en el espejo.

Me quedé unos segundos observándome.

Ya no era la misma.

Había algo diferente en mis ojos.

Más madurez.

Más seguridad.

Más… amor.

—Voy a ser hermana… —dije en voz baja, sonriendo—… y voy a ser la mejor.

Sentí un calorcito en el pecho.

Uno bonito.

En ese momento, tocaron la puerta.

—¿Puedo pasar? —era mi mamá.

—Sí…

Entró despacio y se sentó a mi lado.

—¿En qué piensas, hija?

La miré… y esta vez no dudé.

—En todo… en lo que viene… en ustedes… en mí…

Ella sonrió con ternura y tomó mi mano.

—Vienen cosas muy bonitas… —me dijo—, pero también cambios importantes.

—Lo sé… —respondí—, y estoy lista.

Mi mamá me abrazó.

Un abrazo largo.

De esos que dicen todo sin palabras.

—Siempre vas a ser nuestra princesa… —susurró.

—Y ustedes siempre van a ser mi todo… —respondí, abrazándola más fuerte.

Cuando salió del cuarto, me quedé en silencio otra vez.

Pero ya no era un silencio de dudas.

Era un silencio lleno de calma.

Me acosté en la cama y abracé mi almohada.

Miré al techo una vez más.

Y sonreí.

Porque entendí algo…

El futuro puede dar miedo…

Pero también puede ser lo más bonito que te pase.

Cerré los ojos lentamente.

—Que venga lo que tenga que venir… —susurré.

Y sin darme cuenta…

Me quedé dormida.

Con el corazón lleno…

Y una nueva historia comenzando.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play