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Hasta Que El Tiempo Se Rompa

Hasta Que El Tiempo Se Rompa

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Vampiro
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dania B

dioses, vampiros y amor

NovelToon tiene autorización de Dania B para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 4: el nido de cuervos

El viaje hacia las profundidades de los bosques de Japón fue silencioso. Cuando la vegetación se abrió para revelar el complejo del JNC, Mizuki y Minori soltaron un suspiro de asombro. La fachada era una obra maestra de cristal y madera oscura que se integraba perfectamente con los árboles milenarios. Parecía un templo moderno.

Pero al cruzar las puertas automáticas, el aire cambió. El aroma a bosque fue reemplazado por el olor a antiséptico, metal y ozono. El interior era una estructura de concreto pulido y luces blancas, tan fría que hacía que los huesos dolieran.

—Bienvenidos al hogar de los monstruos —murmuró Alfred, tratando de sonar carismático, aunque se notaba su tensión.

El muro de miradas

Caminar por los pasillos del JNC fue como desfilar frente a un tribunal. Los otros reclutas y agentes —hijos de linajes ninja antiguos, herederos de fortunas y apellidos que Shion ni siquiera sabía pronunciar— se detenían para observar.

El cuchicheo era unánime. No gustaba que "civiles" entraran, pero lo que realmente molestaba era la guardia de honor que llevaban. Alfred caminaba junto a Mizuki, bromeando; Yaquimura mantenía una distancia protectora cerca de Minori; y Usui... Usui caminaba varios pasos atrás de Shion, observando su nuca con una intensidad depredadora.

—¿Viste eso? —susurró una recluta de una familia influyente—. Los Namikaze nunca tienen amigos. ¿Quiénes son esos desarrapados?

La Oficina del Patriarca

Los llevaron directamente a la parte más alta, donde la oficina de Takahiro Namikaze dominaba todo el complejo. El despacho era enorme, con un ventanal que mostraba la inmensidad del bosque, pero dentro, el aire pesaba tanto que era difícil respirar.

Takahiro, un hombre de mirada de acero y cicatrices que contaban historias de guerras olvidadas, los recibió con un silencio sepulcral.

—Así que estos son los protegidos de mis hijos —dijo Takahiro, su voz resonando como una sentencia—. Espero que sus habilidades compensen su falta de linaje.

Shion no bajó la mirada. Mientras Mizuki y Minori se sentían intimidados por la presencia del jefe del JNC, ella sentía un extraño déjà vu. Hombres poderosos en tronos, juzgando su valor. Ya lo había vivido antes, en una vida que su mente aún no lograba descifrar del todo.

—Lo compensarán —intervino Usui, dando un paso adelante mientras exhalaba humo de un cigarrillo, ignorando la regla de no fumar—. O al menos servirán para que el resto deje de estar tan cómodo.

El primer entrenamiento y el "estilo" Namikaze

Tras firmar los contratos que garantizaban el mejor servicio médico para su madre a cambio de su lealtad total, los hermanos fueron llevados a las salas comunes y de entrenamiento.

Fue allí donde la hostilidad estalló. Un grupo de reclutas de alto nivel cerró el paso a Shion en la sala de armamento.

—Este no es lugar para alguien que no sabe distinguir una katana de un cuchillo de cocina —se burló uno de ellos, un chico llamado Eduard, que Shion reconocería más tarde como un futuro aliado, pero que ahora era solo un estorbo.

Antes de que Shion pudiera responder, Alfred intervino con una sonrisa afilada.

—Cuidado, Eduard. Ella tiene un temperamento que ni yo puedo controlar.

—Déjalos, Alfred —dijo Yaquimura, apareciendo con su habitual elegancia—. Tienen miedo de que alguien sin apellido los supere en el primer examen.

La sorpresa en el JNC fue absoluta. Los Namikaze, conocidos por ser fríos e individualistas, estaban sacando las garras por unos extraños.

Sombras en la noche

Esa primera noche en los dormitorios fue difícil. Shion se sentó en el borde de su cama, mirando por la ventana hacia el bosque oscuro. El pecho le volvió a doler.

La imagen borrosa: Unas manos fuertes que la sujetaban mientras ella lloraba sobre un mar de cuerpos. Una voz que decía: "Te encontraré en la siguiente".

De pronto, un golpe suave en el cristal la sacó de su trance. Era Usui, apoyado en el marco de la ventana desde el exterior, a varios pisos de altura.

—¿Ya te estás arrepintiendo, Extranjera? —preguntó él con esa sonrisa sarcástica.

—¿No tienes una sirvienta que atender o un cigarro que prender? —respondió Shion, sin abrir la ventana.

Usui se acercó más al cristal, su aliento empañando el vidrio. Por un segundo, su mirada dejó de ser burlona y se volvió escrutadora, como si buscara algo dentro de los ojos grises de Shion que le resultara familiar.

—Nadie sobrevive aquí siendo blando. Mañana en el entrenamiento de combate... no esperes que mis hermanos te salven. Yo mismo me encargaré de ver de qué estás hecha.

—No necesito que me salven —sentenció Shion, cerrando las cortinas.

Usui se quedó unos segundos más en la cornisa, intrigado. Había algo en la forma en que ella no se inmutaba ante su presencia que lo volvía loco de curiosidad. No era solo que fuera fuerte; era como si ella ya hubiera enfrentado a dioses, y un ninja engreído no fuera más que un mosquito en su camino.

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