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Justicia Y Amor.

Justicia Y Amor.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Malentendidos
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Entre rejas, mentiras y mafias, un hombre inocente lucha por recuperar su libertad mientras una abogada arriesga todo para demostrar la verdad.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dejar la Universidad.

Mientras Valentino Rossi intentaba aprender a sobrevivir dentro de la prisión de Blackstone, afuera el mundo seguía avanzando… sin él.

En un pequeño apartamento al norte de New York, Yaya Rossi observaba el reloj de la pared con nerviosismo.

Las agujas parecían moverse demasiado rápido.

Sobre la mesa de la cocina había varias cartas abiertas. Eran facturas, otras de cuentas médicas de su madre y algunas de avisos de pagos atrasados, tenía demasiadas deudas y se encontraba prácticamente sola y al borde del colapso mental.

Yaya suspiró profundamente y pasó una mano por su cabello oscuro.

Tenía apenas dieciocho años, pero en los últimos meses sentía que había envejecido diez.

La puerta del dormitorio se abrió lentamente.

—¿Yaya…?

La voz era débil.

La joven se levantó rápidamente.

—Mamá, no debiste levantarte. Tienes que guardar absoluto reposo, no te esfuerces demasiado.

Su madre caminó lentamente hacia la mesa. El tratamiento contra el cáncer la había debilitado mucho.

Las quimioterapias la agotaban y le dejaban decaída y sin fuerzas, sus ojos estaban cansados, pero aún conservaban una ternura profunda.

—No podía dormir —dijo sentándose con cuidado.

Miró las cartas sobre la mesa.

—¿Son del hospital verdad hija?

Yaya intentó ocultarlas, pero ya era tarde.

—Solo son recordatorios —respondió tratando de sonar tranquila.

Pero su madre no era tonta, ella sabía bien la situación en la que estaban, así que tomó una de las facturas con sus manos temblaban ligeramente.

—Esto es demasiado dinero hija…

Yaya se sentó frente a ella. Y con mucha calma y tranquilidad le dijo:

—Lo resolveremos mamá, tú no te preocupes por nada, yo me encargo de esto, tranquila mamá.

—¿Cómo? Pregunto su madre, con un tono de desesperación.

La pregunta fue suave, pero cargada de sinceridad.

Yaya dudó un momento, pero pronto se le ocurrió una idea para calmarla

—Encontré un trabajo. dijo con tono feliz.

Su madre levantó la mirada. Muy preocupada.

—¿Qué pasó con la universidad hija? Ese era tu mayor sueño.

Yaya bajó los ojos.

Ese era el tema que más le dolía. Era su sueño más anhelado convertirse en una doctora exitosa y ayudar a quienes más lo necesitaban, a personas que no podían costear los tratamientos, así como era el caso de su madre.

—La universidad puede esperar, mamá. Hay cosas más importantes en este momento.

—No. dijo su madre, con tono tajante.

La respuesta dejo helada a Yaya.

—Tu hermano trabajó todos estos años para que pudieras estudiar. El confía en tí, no puedes fallarle hija, debes continuar estudiando.

El nombre de Valentino llenó el pequeño apartamento de silencio.

Yaya sintió que un nudo se formaba en su garganta. Y los ojos se ponían vidriosos por las lágrimas que querían salir.

—Valentino también quería que usted se curara mamá, el trabajaba muy duro para que usted tuviera los mejores tratamientos o más bien los necesarios.

Su madre cerró los ojos por un momento recordando.

—Mi hijo no es un asesino. El es inocente, yo lo sé, lo conozco. Es mi hijo, yo lo crié.

Las palabras fueron firmes, claras, pero sobre todo seguras.

Yaya levantó la mirada.

—Yo lo sé mamá. Yo también conozco a mi hermano y se que el no sería capaz de algo así, el es bueno.

—Entonces ¿por qué nadie más parece saberlo? Dijo la madre.

El silencio volvió.

Yaya no tenía respuesta para ello.

Aquella misma tarde, Yaya salió del apartamento.

El aire frío de la ciudad le golpeó el rostro.

Caminó varias cuadras hasta llegar a una pequeña cafetería.

Un cartel en la ventana decía:

“Se necesita mesera”.

Entró con algo de nerviosismo.

Un hombre de mediana edad estaba detrás del mostrador.

—¿Puedo ayudarle? —preguntó.

—Vengo por el trabajo.

El hombre la observó unos segundos.

—¿Tienes experiencia?

Yaya negó con la cabeza.

—No.

El hombre suspiró.

—Este trabajo no es fácil.

—Aprendo rápido. dijo ella.

El hombre pareció considerar la respuesta.

Finalmente asintió.

—Empiezas mañana.

El alivio recorrió el cuerpo de Yaya.

—Gracias.

—El turno empieza a las seis de la mañana.

La sonrisa de Yaya se congeló un poco.

—Estaré aquí.

Salió de la cafetería con una mezcla de emociones.

No era el futuro que había imaginado.

Pero era lo que tenía.

Esa noche, mientras Yaya regresaba a casa, pasó frente a una tienda de televisores.

Las pantallas mostraban las noticias.

Yaya se detuvo.

En la pantalla apareció una foto que le hizo detener el corazón.

Era Valentino.

El titular decía:

“Asesino condenado enviado a prisión de máxima seguridad”.

Varias personas miraban la pantalla.

—Dicen que mató al hijo de un mafioso —comentó un hombre.

—Debe ser un psicópata.

Yaya sintió que la sangre le hervía.

—¡No saben de lo que hablan! —exclamó.

Las personas la miraron con sorpresa.

Pero ella ya se alejaba caminando rápidamente.

Las lágrimas corrían por su rostro.

—No eres un asesino… —susurró.

En ese mismo momento, pero en otro lugar, en un elegante edificio en el centro de la ciudad, una joven mujer cerraba un expediente sobre su escritorio.

Su nombre es Isabella Montesini.

Tenía veinticuatro años y era una de las abogadas más prometedoras de su firma.

El despacho era amplio y moderno.

Desde la ventana se veía el horizonte iluminado de New York.

Isabella tomó otro expediente de una pila.

Cuando lo abrió, una fotografía cayó sobre el escritorio.

Era la foto de Valentino.

Isabella frunció ligeramente el ceño.

Leyó el nombre.

Valentino Rossi.

Acusado de asesinato.

La joven comenzó a leer el caso.

Pasaron varios minutos.

Luego volvió a leer algunas partes.

Algo no le gustaba.

Algo no encajaba.

Las pruebas parecían demasiado… perfectas.

Isabella se recostó en su silla.

—Qué extraño… —murmuró.

Tomó la foto nuevamente.

Los ojos de Valentino en la imagen parecían llenos de cansancio… pero no de odio.

No parecían los ojos de un asesino.

Isabella suspiró.

—Tal vez estoy imaginando cosas.

Estaba a punto de cerrar el expediente.

Pero algo dentro de ella se lo impidió.

Volvió a abrirlo.

Y comenzó a leer otra vez.

Sin saberlo…

aquella decisión cambiaría la vida de muchas personas.

Especialmente la de Valentino Rossi...

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