Reencarné en un mundo omegaverse medieval… como un omega masculino.
Todo iba más o menos bien hasta que descubrí dos problemas: 1️⃣ El alfa más atractivo del reino puede escuchar mis pensamientos.
2️⃣ Yo pienso demasiadas tonterías, especialmente cuando está cerca.
Mientras intento fingir que nada pasa (leyendo libros con mucha concentración), él no solo escucha TODO… sino que además me molesta a propósito, con una sonrisa molesta, voz peligrosa y una paciencia sospechosa.
Entre reencarnación, nobles aterradores, padres alfa sobreprotectores, política, proyectos sociales y pensamientos que jamás debieron ser escuchados…
¿Cómo se supone que un omega sobreviva sin pensar cosas como:
“¿Por qué este alfa es tan sexy?”
💭
Comedia, romance, omegaverse y malentendidos garantizados.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 5 Seraphiel Nocturne decidió que yo era su entretenimiento
Elio Renard Valemont despertó con una certeza incómoda.
Seraphiel Nocturne no había hablado en broma.
—“Te buscaré” —repitió en voz baja, mirando el techo—.
—Eso nunca significa algo bueno.
Intentó convencerse de que era solo una frase educada. Un comentario vacío típico de eventos nobles. Los niños decían cosas así todo el tiempo y luego seguían con sus vidas.
💭 “Eso hacen los niños normales.”
El problema era que Seraphiel Nocturne no parecía un niño normal.
El primer encuentro “casual” ocurrió dos días después.
Elio estaba en la biblioteca del castillo Valemont, escondido entre estanterías altas, leyendo un libro lo suficientemente aburrido como para que nadie más se acercara voluntariamente.
Perfecto.
O lo habría sido.
—Sabía que estarías aquí.
Elio cerró el libro de golpe.
💭 “NO.”
—Buenos días, Elio —saludó Seraphiel con absoluta tranquilidad, como si aparecer sin aviso en un castillo ajeno fuera lo más normal del mundo—. ¿Lees sobre impuestos otra vez?
—No —mintió—. Es… ficción.
—Mientes mal.
—¡TÚ NO SABES ESO!
Seraphiel ladeó la cabeza.
—Lo sé —dijo—. Siempre frunces la ceja cuando mientes.
Elio se llevó una mano a la cara.
💭 “¿POR QUÉ ME OBSERVA TANTO?”
Seraphiel sonrió, satisfecho, y se sentó frente a él.
Demasiado cerca.
Desde ese día, Seraphiel empezó a aparecer.
No de forma brusca.
No escandalosa.
De manera estratégica.
Si Elio iba al jardín, Seraphiel “casualmente” paseaba por ahí.
Si se refugiaba en la biblioteca, Seraphiel “tenía curiosidad”.
Si se sentaba a comer en silencio, Seraphiel ocupaba la silla de al lado.
—Qué coincidencia —decía siempre.
💭 “MENTIRA.”
—Sí —respondía Elio, rígido—. Muchísima.
Elio intentó ignorarlo.
Funcionó exactamente cero veces.
—¿Por qué siempre estás pensando? —preguntó Seraphiel una tarde, caminando a su lado.
—Porque soy humano.
—Eso no explica nada.
—¡EXPLICA TODO!
💭 “ESTE NIÑO ES AGOTADOR.”
Seraphiel rió.
Rió de verdad.
Y eso fue… inquietante.
El problema real empezó cuando Elio notó algo peor.
Seraphiel respondía cosas que él no decía.
—No mires así —dijo Elio una vez.
—No estoy mirando raro —respondió Seraphiel—. Solo curioso.
—No dije eso.
—Lo pensaste.
Silencio.
Elio se detuvo en seco.
—¿Qué?
Seraphiel también se detuvo.
Se miraron.
—…nada —corrigió el alfa rápidamente—. Supuse.
💭 “ESO NO FUE UNA SUPOSICIÓN.”
Elio empezó a hacer experimentos.
No porque quisiera.
Porque necesitaba respuestas.
Esa tarde, se sentó en el banco del jardín y decidió no pensar en absolutamente nada.
Vacío mental.
Nada.
Silencio.
Seraphiel se sentó a su lado… y frunció el ceño.
—¿Te sientes mal?
—No.
—Estás… raro.
💭 “¿CÓMO SABE ESO?”
—Ahí —sonrió Seraphiel—. Volviste.
—¡ESO NO ES JUSTO!
—Nunca dije que lo fuera.
Elio apretó los puños.
Mientras tanto, los adultos empezaron a notar la frecuencia sospechosa.
—¿Por qué el hijo del Marqués Nocturne pasa tanto tiempo aquí? —preguntó Aurelian con el ceño fruncido.
—Dice que Elio es interesante —respondió Mirelle—. Yo también lo creo.
—Eso no es tranquilizador.
El Duque Alaric observaba desde lejos, con los brazos cruzados.
—Ese niño alfa lo mira demasiado.
Elio se tensó.
—¿Eso es malo?
—No lo sé —respondió su padre—.
—Pero si le hace algo raro, hablaré con su padre.
💭 “NO HAGAS ESO.”
Lysenne, en cambio, sonrió con calma peligrosa.
—Déjalo —dijo—. Aún no es peligroso.
—¿AÚN? —repitió Elio.
—Aprende a observar —respondió ella—. Esto será importante.
Eso fue todavía menos tranquilizador.
La confrontación ocurrió al atardecer.
Seraphiel se inclinó un poco más de lo habitual mientras caminaban por el pasillo largo del ala este.
—¿Sabes qué descubrí? —dijo.
—No quiero saber.
—Que cuando te pones nervioso… piensas más rápido.
Elio se sonrojó.
💭 “NO DIGAS ESO.”
—Gracias —respondió Seraphiel automáticamente.
Elio se giró de golpe.
—¡DEJA DE HACER ESO!
—¿Eso qué?
—¡RESPONDER LO QUE NO DIGO!
Seraphiel lo miró fijamente.
Por primera vez, no sonreía.
—No lo hago a propósito —dijo—.
—Solo… pasa contigo.
Silencio pesado.
—Eso no es tranquilizador —susurró Elio.
—Lo sé —admitió—. Pero no me molesta.
💭 “…eso fue injusto.”
Seraphiel sonrió otra vez.
—¿Ves? Eso.
—¡NO!
Elio se dio la vuelta y se fue.
No corriendo.
Pero rápido.
Esa noche, Elio escribió en su cuaderno con letra apretada:
Situación crítica:
Seraphiel Nocturne responde pensamientos.
Hipótesis:
Puede leer mi mente.
Hipótesis alternativa:
Estoy perdiendo la cordura.
Conclusión:
Ninguna opción es buena.
En otra habitación, Seraphiel se recostó en la cama, mirando el techo.
No entendía qué le pasaba.
No entendía por qué cerca de Elio sentía cosas que no eran suyas.
Pero sí entendía algo muy claro:
👉 El omega Valemont no era aburrido.
👉 Y no pensaba dejarlo solo.