Tras una muerte inesperada, una joven despierta convertida en un bebé dentro del mundo de la novela que leyó antes de morir: “Casada con el Príncipe Maldito”. Pero no como un personaje secundario… sino como la propia protagonista.
Con recuerdos intactos de la historia original, sabe exactamente cómo terminará todo: obligada a casarse con el temido príncipe heredero, un hombre marcado por una maldición que lo consume lentamente… y que, al final, incapaz de soportar el dolor y el rechazo, se quita la vida.
Ahora, renacida en su lugar, la nueva protagonista siente algo muy distinto: rabia hacia esa historia injusta… y una profunda lástima por el hombre destinado a romperse.
¿Debe seguir el curso de la novela para sobrevivir y alcanzar un final seguro… o desafiar el destino para salvar a alguien que nunca fue amado?
En un mundo donde el amor puede ser salvación o condena, cambiar la historia podría costarle todo… incluso su propia vida.
NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El nuevo profesor de luz
(Narra Selene)
Hay cosas que uno recuerda con claridad incluso cuando no quiere, detalles que en su momento parecieron simples, casi irrelevantes dentro del desarrollo de una historia, pero que, al verlos desde dentro, desde la realidad en la que ahora existo, adquieren un peso completamente distinto, uno que no se puede ignorar ni minimizar, porque dejan de ser escenas escritas para convertirse en hechos… en experiencias reales que alguien vive.
Y este… era uno de esos casos.
El nuevo profesor llegó sin anunciar nada fuera de lo común, presentado como cualquier otro docente de alto rango dentro de la academia, con un historial impecable, una reputación construida sobre años de servicio y dominio de la magia de luz, algo que, en este mundo, siempre ha sido visto como símbolo de pureza, de rectitud, de justicia incuestionable, y precisamente por eso… nadie sospechó.
Nadie, excepto yo.
Porque lo reconocí de inmediato, no por su rostro, no por su nombre, sino por su papel, por su función dentro de esa historia que tanto detesté.
Un hombre que, amparado en su posición, en su magia, en su imagen intachable, se permitió hacer algo que nadie cuestionó lo suficiente: convertir la vida de Estefan en un constante recordatorio de que no pertenecía, de que era una anomalía, de que su existencia misma era un error que debía ser corregido… o al menos contenido.
Y lo peor… es que lo hacía sin ensuciarse las manos, nunca de forma directa, nunca de manera evidente, siempre bajo la apariencia de disciplina, de corrección, de “bien común”.
—La magia de luz no solo purifica —dijo el primer día de clase, su voz firme, su presencia imponente frente a todos los estudiantes—, también revela aquello que debe ser eliminado.
Sus palabras fueron recibidas con atención, con respeto, como era de esperarse. Pero yo… no aparté la mirada de él, porque sabía exactamente a quién se refería, no lo dijo, no lo necesitaba. Sus ojos se desviaron apenas, lo suficiente para detenerse en Estefan durante un segundo más de lo necesario, y luego continuó como si nada. Nadie reaccionó, nadie cuestionó, nadie… hizo nada.
Mi mano se tensó ligeramente sobre el escritorio, un gesto pequeño, casi imperceptible, pero suficiente para recordarme algo importante, esto ya pasó, esto ya ocurrió. Y en la historia original… nadie lo detuvo.
La protagonista simplemente lo ignoró.
Pasaba frente a él como si no existiera, como si no valiera la pena intervenir, como si fuera más sencillo no involucrarse, no complicarse, no arriesgarse, y mientras tanto, Estefan… soportaba.
En silencio.
Siempre en silencio.
Apreté ligeramente los labios, conteniendo una reacción más evidente, porque aunque la rabia era real, no podía permitirme actuar impulsivamente, no aquí, no ahora, no sin entender completamente cómo moverme dentro de este entorno, pero eso no significaba que lo iba a dejar pasar, no esta vez, no otra vez.
—Selene.
La voz de Estefan me sacó de mis pensamientos, baja, contenida, como siempre, y giré apenas la cabeza hacia él, encontrando su mirada fija en mí.
—¿Estás bien? —preguntó.
La pregunta fue simple, directa, pero había algo detrás, algo que no dijo.
—Sí.— Asentí.
No añadí más, no era el momento, pero lo entendí. Él también lo había notado, por supuesto que lo había hecho. El profesor continuó con la clase, desarrollando conceptos, explicando teorías, demostrando su dominio con una precisión impecable, y cualquiera que lo observara sin contexto lo consideraría un docente ejemplar, alguien digno de respeto y admiración, alguien cuya presencia en la academia era un privilegio, pero yo veía más allá, veía los pequeños gestos, las pausas, las miradas, la forma en que dirigía ciertas preguntas, la forma en que elegía a quién corregir… y cómo hacerlo, no atacaba directamente, no humillaba abiertamente, pero cada palabra dirigida a Estefan tenía un filo distinto, una intención oculta que, aunque disfrazada de enseñanza, dejaba una marca.
—Príncipe heredero —dijo en un momento, su tono perfectamente controlado—, su respuesta es… interesante.
El silencio se alargó apenas.
—Pero incompleta.
No era la palabra, no realmente, la respuesta de Estefan no estaba incompleta, lo sabía, yo lo sabía, pero no dije nada. Porque esto… no era un error, era una elección y Estefan no respondió, no discutió, no corrigió, solo asintió, como siempre y algo dentro de mí… se tensó más. Porque eso también lo recordaba, esa aceptación, esa falta de resistencia, no porque no pudiera defenderse, wino porque no veía el sentido, porque estaba acostumbrado, demasiado acostumbrado.
La clase terminó, como cualquier otra. Los estudiantes comenzaron a salir, las conversaciones retomaron su curso habitual, como si nada hubiera pasado, como si todo hubiera sido completamente normal, pero no lo era, al menos no para mí.
Caminé junto a Estefan, manteniendo el mismo ritmo, la misma cercanía de siempre, sin invadir, sin forzar, pero presente.
—Ese profesor —dije finalmente, sin rodeos.
Él no respondió de inmediato.
—¿Qué pasa con él? —preguntó después de unos segundos.
Lo miré directamente.
—No me gusta.
La respuesta fue simple, pero suficiente. Estefan desvió la mirada ligeramente, no por incomodidad, sino como si estuviera considerando algo.
—No es necesario que te guste —dijo—. Es un profesor.
—No es un buen profesor —corregí.
Silencio.
—Cumple su función —respondió él.
Ahí estaba, la diferencia, para él… eso era suficiente. Para mí… no.
—No —dije con calma—. No la cumple.
No insistí más, no en ese momento. Porque esto no era algo que pudiera resolverse con una conversación simple, no era algo que pudiera enfrentarse directamente sin consecuencias, no… si quería hacerlo bien.
...****************...
Esa noche, en mi habitación, con la luz tenue y el silencio rodeándome, mi mente no dejó de trabajar, repasando cada detalle, cada recuerdo de la historia original, cada escena en la que ese hombre aparecía, cada momento en el que contribuía, poco a poco, a desgastar a Estefan sin que nadie interviniera. Y una pregunta se formó, clara, inevitable.
¿Qué clase de autor escribe algo así? ¿Qué clase de historia permite que alguien sufra tanto… sin darle siquiera una oportunidad real?
Fruncí ligeramente el ceño, mirando el libro que tenía abierto frente a mí, aunque ya no estaba leyendo, no tenía sentido, no tenía lógica, pero aquí estaba y yo también.
Así que no importaba, no importaba lo que el autor pensara, no importaba lo que la historia original dictara, porque esta vez… no se va a repetir porque ahora no está la Selene de la novela original, ahora estoy yo.
No voy a ignorarlo, no voy a mirar hacia otro lado, no voy a permitir que alguien se esconda detrás de una máscara de rectitud para hacer daño sin consecuencias. Si quiere actuar así… Entonces voy a asegurarme de que todos vean lo que realmente es.
No de golpe, no de forma impulsiva, wino… poco a poco, con pruebas, con hechos, con paciencia.
Cinco pasos, haré cinco movimientos. Y al final… No tendrá dónde esconderse.
Cerré el libro con suavidad, dejando que el silencio volviera a llenar la habitación, mientras una idea comenzaba a tomar forma con claridad.
Esto no es solo proteger a Estefan, es para cambiar el entorno que lo está rompiendo. Y para hacerlo… Primero tengo que destruir la imagen de quien lo está dañando. Sin que él siquiera se dé cuenta… hasta que sea demasiado tarde.