Micaela es una joven humilde y llena de sueños que gana una beca para estudiar Literatura en una de las universidades más importantes del país.
Allí conoce a Nicolás, el director: un hombre atractivo, poderoso y verdadero dueño de la universidad.
Todos conocen su fama: relaciones ocultas con alumnas y un corazón que nunca se queda con nadie.
Pero cuando Micaela llega, algo empieza a cambiar.
Ella no quiere dinero ni poder, solo estudiar y salir adelante.
Aun así, el amor aparece cuando menos se espera, incluso donde no debería existir.
#Contiene: #RomanceProhibido #DirectorYAlumna #DiferenciaDeEdad
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capitulo 4: intriga
𝑬𝒏 𝒐𝒕𝒓𝒐 𝒑𝒖𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒊𝒖𝒅𝒂𝒅...
Mientras tanto, en su apartamento, el director disfrutaba de la soledad que lo acompañaba desde hacía mucho tiempo. Siempre había sido un hombre autosuficiente, orgulloso de no depender jamás de la fortuna familiar.
Pero esa noche no lograba sentirse tranquilo. Por más que lo intentaba, la imagen de aquella joven volvía una y otra vez a su mente.
𝘼𝙡 𝙙𝙞́𝙖 𝙨𝙞𝙜𝙪𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚
En su oficina, el director se encontraba pensativo cuando de repente decidió llamar a Berenice. Algo dentro de él le urgía a conocer más sobre la nueva estudiante, aunque no sabía exactamente el motivo. Berenice apareció en la puerta del despacho casi de inmediato, atenta y dispuesta a obedecer.
—Dígame, señor —respondió Berenice.
—Necesito el expediente de la nueva—Pidió el director, con voz serena, aunque su interés era evidente.
—Por supuesto, señor. —Berenice salió de la oficina y, al poco tiempo, regresó con la carpeta en las manos. Se la entregó y luego se retiró con discreción.
El director quedó mirando el expediente sobre su escritorio. Apoyó un dedo en la barbilla, dudando si abrirlo. Al final, empujado por la misma curiosidad que lo acompañaba desde el día anterior, tomó el documento y empezó a leer.
📁 Expediente estudiantil — Universidad Parkerson
Nombre: Micaela Sofía Chávez Rojas
Edad: 19 años
Dirección: Barrio El Laberinto, calle 12 #22-11
Procedencia: Escuela Pública Gabriel García Márquez
Promedio: 9.8 / 10
Observaciones: Estudiante destacada, responsable y dedicada. Obtuvo el mejor promedio de su promoción anterior y fue admitida a la Universidad Parkerson con beca por mérito académico.
—Tiene un buen promedio; ahora solo queda ver si aprovecha la oportunidad —expresó, reconociendo su desempeño.
Mientras tanto, en el salón 122, el ambiente era distinto. La profesora Sonia explicaba un tema importante y, luego, pasó a dar instrucciones sobre la actividad grupal que contaría mucho para la calificación final.
—Muy bien, estudiantes, formen parejas de a dos. Esta actividad vale mucho y, si fallan, no habrá forma de recuperar la nota. Espero que no tenga que repetirlo —dijo la profesora, decidida a no dar segundas oportunidades a quienes cometieran un error.
—Yo trabajaré con la nueva, con Micaela —anunció Kenta con rapidez, sonriendo con malicia. Los demás estudiantes se quedaron boquiabiertos; nadie imaginó que la chica más popular querría asociarse con la becada.
—Perfecto, Kenta. Ojalá que esta actividad muestre algo más que tu popularidad—le dijo, dejando entrever la molestia que le causaba.
—No se preocupe, profesora. Todo saldrá perfecto, mi popularidad es solo uno de mis muchos talentos —contestó Kenta, devolviendo la ironía que la profesora había dejado en sus palabras.
Micaela, por su parte, entendió que no tenía opción y, sin protestar, aceptó trabajar junto a Kenta.
Minutos después, al llegar la hora del descanso, Micaela salía del aula cuando Kenta la alcanzó y le puso una mano firme sobre el hombro.
—Ya sabes que harás la actividad conmigo, ¿verdad? Pero necesitamos el libro que sirve para desarrollarla, y yo no lo tengo. Como tú eres nueva y un poco nerd, seguro te será más fácil conseguirlo. El problema es que ese libro está en la oficina del director De la Vega, así que tendrás que entrar y sacarlo.— Le dijo Kenta, ya teniendo todo fríamente planeado para hacer quedar mal a la becada.
—¿No sería más fácil pedirlo prestado? —preguntó Micaela, buscando una opción lógica.
Kenta rodó los ojos, adoptando esa actitud típica de quien está a punto de chantajear.
—Micaela, ese libro el director no lo presta a nadie. Si no encontramos la forma de conseguirlo, no podremos entregar el trabajo. No querrás perder tu beca, ¿cierto?
Micaela dudó un momento, la sola idea de perder la beca la llenó de temor, así que negó con rapidez y aceptó. Cuando llegó a la oficina del director y vio que estaba vacía, entró con cuidado, tomó el libro y salió apresurada, sintiendo cómo la culpa le oprimía el pecho por su primer acto de atrevimiento.
Cuando se encontró con Kenta, esta le pidió que se llevara el libro a casa “para estudiarlo mejor”. Sin embargo, lo hacía para que, cuando el director notara la ausencia, Micaela quedara como la responsable.
Más tarde, mientras leía en su habitación, Micaela notó un aroma suave que salía del libro. Tenía ese olor a colonia de hombre, fresco y algo intenso. Lo acercó más, curiosa, y al respirar hondo, pensó que seguramente era la del director.
—La Merveille... —murmuró, creyendo reconocer el perfume.
Al día siguiente, el director entró a su oficina y, como cada mañana, buscó su libro favorito para leer antes de comenzar el trabajo. Al no hallarlo, comenzó a revisar los estantes con prisa. Movió varios libros con tanta fuerza que uno de los más grandes cayó directamente sobre su pie.
—¡¡Berenice!! —gritó, retorciéndose de dolor.