El peso de la vida a veces se manifiesta en las sombras más inesperadas. Un pasado turbio, marcado por la traición y la desesperación, dejó a Yerik en un camino solitario, cargando con un secreto que lo consume.
La vida, con su cruel ironía, le presentó una nueva batalla: la enfermedad de su hijo. Sin recursos y acorralado por la urgencia, Yerik se vio forzado a tomar decisiones que desafiaban su propio ser, buscando una luz en la oscuridad más profunda. Un acuerdo, una promesa, un futuro incierto que lo ataría a quienes le arrebataron la paz, mientras la esperanza de salvar a su pequeño se aferraba a un hilo delgado. Pero el amor de un padre es una fuerza indomable, capaz de enfrentar cualquier adversidad, incluso cuando el precio a pagar es el propio dolor.
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Cap 23: hospital 2
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Lioren había salido de la habitación para buscar a su padre, al saber que estaba en la recepción, se dirigió hacia allí.
— Padre, no quiero a esta mujer, quiero que Yerik regrese.
— No menciones a ese maldito mugroso, por su culpa nuestra familia está así— respondió Leonela.
— Padre, quiero que Yerik regrese, él sabe atenderme bien.
— Aún no he podido comunicarme con él, pero en cuánto lo haga le pediré que regrese.
— Tavian, no puedes traer a ese imbécil, después de como me ha tratado y dañó a nuestra familia.
Ignorando a la mujer, Lioren observaba hacia donde su padre estaba mirando.
— Padre, ese hombre se parece a ese niñero.
— Lo vuelven a mencionar y me iré y no regresaré nunca más.
— Si no fueras tan incompetente, no tendríamos por qué mencionarlo— dijo Tavian molesto por la actitud de la mujer.
Después de programar la cita, Yerik se dió la vuelta viendo a lo lejos a Vincenzo y Leo. El chico sonrió y fue hacia ellos.
— ¿Pudiste programar la cita?— preguntó Vincenzo
— Todo quedó en orden, así que podemos irnos.
— papá, quiero comer palomitas
— Está bien, al salir de aquí las compraremos.
Yerik tomó a su hijo de la mano, mientras que Vincenzo le robaba un beso.
— Vincenzo, estamos frente al niño.
— No he visto nada, papi— cubriendo sus ojos con su mano
— Nuestro hijo no ha visto nada— dijo con una sonrisa.
El hombre volvió a darle un suave beso mientras lo tomaba de la mano.
— Vamos por las palomitas y en casa vemos una película juntos.
Antes de que se retiraran, un socio de Vincenzo se acercó a saludar.
— Buenos días señor Bellocchio, ¿Es su familia?
— Buenos días, sí, ellos son mi hijo y mi prometido.
— Es un placer conocerlos— dijo el hombre con amabilidad
— también es un placer conocerlo— respondió Yerik
El hombre cruzó algunas palabras con Vincenzo y luego se retiró del lugar.
— ¿Soy su prometido?
— claro que sí, ¿Acaso piensas que estoy jugando contigo? Ya te había dicho que quiero que seamos una familia y seas mi amado esposo.
— papi, acepta a mi papá, quiero vivir con los dos.
— No es el momento ni el lugar para hablar de eso.
— Podemos hablarlo esta noche en nuestra habitación— le susurró al oído.
— Descarado— respondió mientras la empujaba con cuidado
Tavian y Lioren que habían seguido al hombre con la vista, reconocieron a Yerik y de inmediato fueron hacía él siendo seguidos por Leonela.
— ¿Estás siguiendo a mi familia?—preguntó la mujer molesta
— Vincenzo, vámonos de aquí.
La mujer molesta, se paró frente a Yerik obstaculizando el paso.
— No te quiero ver cerca de mi familia, si te veo cerca te denunciaré por acoso.
— Mujer inútil cierra la boca, no tienes derecho de decir nada— dijo Lioren furioso
— Yerik!— exclamó Tavian viendo a Vincenzo tomarle la mano
— Padre, pídele que regrese a casa, lo trataremos mejor.
— Lioren, yo soy tu madre y yo decido quién entra y quién no a nuestra casa— sujetando al niño del hombro con algo de fuerza
— Esa casa pertenece a mi padre y a mi, tu solo eres una intrusa que no sirve para nada— respondió empujandola
— Señorita Leonela, haga el favor de apartarse de mi camino. No me interesa nada que tenga que ver con su familia— dijo Yerik viendo a esos tres con molestia
— Beauregard, quita a tu familia de mi camino o no me detendré hasta dejarte en la calle pidiendo limosna.
— papá, papi, quiero ir por mis palomitas.
Vincenzo cargó al niño y tomó a Yerik nuevamente de la mano para salir de allí. Sin embargo, Tavian sujetó a Yerik del brazo.
— Yerik, regresa a casa con nosotros.
— Señor Beauregard, el contrato ya terminó y no me interesa trabajar para un par de egocéntricos, idiotas, maleducados y patanes como ustedes— apartando al hombre
— Te pagaré el doble de lo que te paga ese imbécil, por cuidar a ese bastardo moribundo— viendo al pequeño Leo
Al escuchar esto, Yerik le dió un fuerte puñetazo tirándolo al suelo. Estando en el suelo, se volvió a lanzar contra él, dándole golpes certeros rompiéndole la cara.
— vuelves a insultar a mi hijo y te mato….. Que te haya soportado a ti y a tu engendro no fue por gusto, solo cumplía el maldito contrato que firmé.
— Beauregard, esto no se quedará así, te haré pagar el insulto hacia mi hijo…. Yerik, amor, vamos.
El chico le dió una patada entre las piernas a Tavian y tomó la mano de Vincenzo para salir del hospital.
— Ese maldito mugroso con el apoyo de ese hombre, no regresará— dijo Leonela ayudando a levantar al hombre
— Todo es por tu culpa, eres una inútil que solo llegó a causar problemas. Tu lo denunciaste varias veces por estupideces que él no había hecho— reclamó Lioren
— ¿no escuchaste? dijo que no quería trabajar con ustedes, porque son unos idiotas que lo trataron peor que un animal callejero. No me culpes cuando tú lo insultabas, agredías y hacías lo que te daba la gana.
— Cierra la maldita boca, Lioren tiene razón, todo es por tu culpa. Desde que llegaste a la mansión no hiciste más que culparlo injustamente— apartando a la mujer con molestia
— jajajaja, pregúntale a tus supuestos amigos, ellos te dirán que ustedes son los culpables. También dejaban que esos se burlaran de él, lo insultaran, lo humillaran y en ocasiones lo agredieran. No se hagan los inocentes cuando son los culpables.
— Quiero que te vayas de mi casa, no te quiero, no quiero a una inútil como madre, quiero a Yerik.
Dicho esto, el niño salió corriendo para seguir a Yerik.
— Yerik detente, quiero que vuelvas a casa con nosotros. Prometo que me portaré bien— caminado tras él hombre
— Regresa con tus padres, no me interesa estar en el mismo lugar donde estés tu y tu padre. Eres un mocoso grosero, maleducado y déspota.
— Yerik, prometo portarme bien
El hombre ignoró al niño y subió al auto junto a su familia.