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¿ALGO JOVEN PARA MÍ?

¿ALGO JOVEN PARA MÍ?

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor en la madurez / Romance de oficina / Completas
Popularitas:10k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

Valeria Salcedo, arquitecta de cuarenta años, cree tener todo bajo control. Hasta que un joven diseñador la empapa de café en su primer día de trabajo y, sin saberlo, le desordena la vida.
Héctor Mora, veinticinco, es ingenioso, un foco del desastre y peligrosamente encantador: justo el tipo de caos que Valeria evita desde hace años.
Entre proyectos, pullas y risas, lo que empezó como un accidente se convierte en una atracción que ninguno logra disimular.
Ella teme ser un cliché; él insiste en que el amor no entiende de edades, solo de ganas y afinidad.

HISTORIA DE 23 CAPÍTULOS. GRACIAS POR LEER.

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5

El viernes, el equipo decidió “descomprimir”. Eso significaba: micrófonos, cerveza y vergüenza ajena en un bar de karaoke cerca de la oficina.

Valeria casi no iba, hasta que Héctor pasó por su escritorio con su sonrisa ladeada y un:

—Vamos, jefa, la creatividad necesita un recreo.

Ella rodó los ojos, pero no pudo resistir la chispa en su mirada. Vaso en mano, prometió mantenerse al margen. Promesa que fue rota en menos de media hora.

—¡Voy yo! —anunció Héctor, subiendo al escenario con un movimiento exagerado de caderas, como un huracán de energía.

El presentador apenas le pasó el micrófono antes de que comenzara su versión desastrosamente apasionada de una balada romántica de los noventa.

—No puede ser —murmuró Valeria, grabando desde su asiento—. Va a destruir a Ricardo Montaner.

Cantaba con los ojos cerrados, dedos tamborileando en el micrófono, cuerpo entregado al drama. El equipo aplaudía entre carcajadas; ella intentaba no reír y fracasaba.

Al bajar, sudado y con un destello travieso en la mirada, preguntó:

—¿Qué tal?

—Inolvidable —dijo ella, levantando el celular—. Material para chantaje emocional por meses.

Él se lanzó a alcanzarlo, rozando su brazo con un toque deliberadamente largo.

—Borra eso.

—Ni loca.

—Te lo digo en serio —avanzó entre risas, acortando la distancia—. Dame el teléfono.

Retrocedieron, tropezando con el sofá y cayendo juntos, enredados. La risa era contagiosa, pero sus cuerpos rozándose empezaban a generar otra electricidad.

El bar seguía su ruido habitual, pero entre ellos, el silencio era distinto. Valeria sostenía el celular, atrapada por la muñeca de Héctor. Lo miró; estaba a centímetros de sus labios. Ninguno habló. Sus respiraciones se mezclaban.

—Si borro el video… ¿sigues grabando? —dijo él, apenas audible, inclinándose ligeramente hacia ella.

—Depende del repertorio —rió ella, mordiendo el labio inferior con un gesto que ella misma no esperaba.

Él sonrió, lento, curioso, suave, con la mirada que prometía travesuras.

—Entonces tendré que ensayar.

—Por favor, ensaya en otro país —respondió ella, recuperando la compostura, aunque el calor en sus mejillas traicionaba su efecto.

Héctor se quedó sentado, todavía riendo, observando cómo ella se alejaba. El video seguía intacto y algo más también quedó registrado aquella noche. Sin decirlo, ambos lo sintieron: una chispa que ninguno de los dos podría ignorar.

El bar había cerrado, pero ninguno tenía sueño.

Caminaron sin rumbo por la ciudad casi vacía, riéndose todavía del desastre musical.

—Creo que desafiné en todos los idiomas —dijo Héctor, apoyando una mano en la baranda de la plaza mientras hablaba.

—Sí, un homenaje internacional al ruido —respondió Valeria, con una sonrisa que no alcanzaba a ocultar el brillo en sus ojos.

Se detuvieron frente a un café pequeño, de esos que no cierran antes de medianoche.

—¿Entramos? —propuso él, rozando apenas el hombro de ella al señalar la puerta.

—Solo si prometes no cantar.

—Nada prometo, pero pago el café —dijo, con un gesto que rozaba lo seductor.

Se sentaron junto a la ventana, donde las luces del tráfico se reflejaban en charcos como si la ciudad parpadeara de cansancio.

—¿Siempre terminas tus viernes así? —preguntó ella, removiendo el azúcar con un movimiento que parecía deliberadamente lento.

—No. A veces los jueves —sonrió, encogiéndose de hombros—. No suelo salir mucho.

—No pareces del tipo que se queda quieto.

—Lo intento. Pero mis razones no duran.

Valeria lo miró, interesada. Él sostuvo su mirada un instante más de lo necesario, como tanteando un terreno invisible.

—Nunca tuve relaciones largas después de la primera. Ella prefirió un arquitecto con la vida más estructurada. Ahora ya no me aferro, no sé si por elección, aburrimiento o porque me distraigo de lo importante.

—Clásico síndrome del siglo XXI —dijo ella, con un suspiro divertido.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿Tienes síndrome?

—Tuve matrimonio. Eso debería contar —rió, bajando los ojos al vapor que se escapaba de su taza.

El silencio que siguió no era incómodo. Tenía un peso dulce, cargado de algo que ninguno se atrevía a nombrar.

—A veces creo que olvidé cómo empezar algo nuevo —susurró ella.

—No parece —respondió él, suave. Su mano rozó la mesa, muy cerca de la de ella, y el contacto quedó suspendido, eléctrico y callado—. No cualquiera podría tomarme en serio después de lo del karaoke de esta anoche.

—Eso fue heroísmo, no comedia —replicó ella, divertida, con un brillo nuevo en los ojos.

El mesero dejó la cuenta. Héctor la tomó sin preguntar, y sus dedos rozaron los de ella al pasar la tarjeta. El gesto fue breve, pero cargado de intención.

Al salir, el aire fresco los envolvía. Las luces de la ciudad parecían más amables.

—Gracias por el café.

—Gracias por no subir el video.

—Aún no lo borré.

—Valeria, eso es un arma letal.

—Lo sé. Alguien tiene que recordarte que entusiasmo no siempre es arte.

Rieron. Mientras esperaban el taxi, ella le rozó el brazo. Solo un instante, pero suficiente para que ambos sintieran el calor que dejaba ese roce. Él se quedó quieto, respirando un poco más lento, sin apartar la mirada de ella.

Y en ese silencio compartido, todo lo que no dijeron tuvo peso suficiente para ambos. Sus gestos, las miradas, la cercanía contenida: un romance que empezaba sin palabras, pero imposible de ignorar.

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Anonymous
Está historia tocó mi corazón, aunque corta, muy Corta fue genial y creo que no fueo que más me gusto, un amor sin promesas, sin maltrato, ni violencia todo fue saliendo sin pensar te felicito Rene por esta historia tan conmovedora, con mucho realismo y sentimientos /Smile//Rose//Heart/
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Anonymous
Rene te fe está historia te la compro sin mirar atrás ni pensarlo
Anonymous
Qué historia tan conmovedora y linda 🥰🥰
Anonymous
Qué amor tan hermoso sin promesas sólo viviendo
Anonymous
No se que decir en este capitulo estoy triste muy triste 😭😭😭😭😭
Anonymous
Me encanta la historia gracias autor 👏👏👏👏👏
Anonymous
Espero, Valeria no haga un capricho de lo que vio
Anonymous
Pensé era valeria la chica del dibujo 🤭
Anonymous
Muy buen comienzo sin importar opiniones ajenas👏
Anonymous
Qué siga el horno encendido 🥰
Anonymous
Así es Valeria se valiente y demuestra que todavía eres una mujer genial capaz de volver a ser feliz 🥰🥰
Anonymous
Muy buena la historia 👏👏
Anonymous
Vive, Valeria vive 🥰🥰👏👏
Anonymous
Así es Valeria porfin pensaste en ti y tus sentimientos
jmlanena
Vas por buen camino Héctor!!! 🤭🤭🤭
jmlanena
Una buena motivación para elevar la autoestima!!! 😉
Anonymous
La historia es encantadora 🥰🥰
Anonymous
Valeria qué no te importe el mundo sólo el y tú 🥰🥰
Beatriz
La mejor edad para disfrutar su sexualidad de forma libre,consensuada, sin límites
Beatriz
40 y 20. No se porque cuando el hombre es mayor es normal pero en caso contrario crucifican a la mujer. Ellos son libres,no están engañando a nadie. La veterana y el novato,no tan novato,ya tiene 25 años. Yo conozco varias parejas como esta y han formado excelentes familias
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