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CEO Despiadado vs. Secretaria Indomable

CEO Despiadado vs. Secretaria Indomable

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Aventura de una noche / Mafia / Madre soltera / Secretario/a / Romance de oficina / Venganza por acoso / Completas
Popularitas:46.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche lo destruyó todo. Una trampa, una droga, un hombre que no pudo controlarse. Fernanda Arévalo perdió su pureza, su beca y su fe en el mundo a manos de Tristán Bracamonte, el heredero más poderoso —y más cruel— del país. Huyó sin mirar atrás, jurando enterrar aquella noche para siempre.

Seis años después, la vida tiene un sentido del humor perverso.

Fernanda ya no es el patito feo al que todos humillaban en la universidad. Ahora es una mujer imponente, madre soltera de un niño brillante, y acaba de ser contratada como secretaria personal del nuevo CEO del Grupo Bracamonte. El mismo hombre. La misma mirada gélida. El mismo apellido que le arrebató todo.

Pero Tristán tampoco es el mismo. Detrás de su fachada de hielo, lleva seis años buscando a la chica que desapareció sin dejar rastro, atormentado por una culpa que no lo deja dormir. Y cuando su nueva secretaria lo mira con esos ojos cristalinos que le resultan imposibles de olvidar, algo dentro de él se quiebra.

Ella finge no conocerlo. Él finge no sospechar. Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

Mientras Fernanda lucha por mantener oculta la identidad del padre de su hijo, una mujer del pasado urde un plan siniestro para destruirla. Secuestros, traiciones empresariales, una hermana gemela que nadie sabía que existía y una red criminal que se extiende desde Ciudad de México hasta las costas de Maldivas convergen en una trama donde el amor y la venganza comparten la misma cama.

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 35

Al llegar al jardín de la Residencia Bracamonte, majestuosa e imponente, Tristán apagó el motor de su auto. Apretó el volante con fuerza y dejó escapar un suspiro lento para deshacerse de los últimos rastros de nerviosismo que le oprimían el pecho. Después de armarse de valor, bajó del vehículo y avanzó con paso firme hacia la que fuera su hogar de infancia.

Cuando la enorme puerta de roble se abrió, varios empleados uniformados lo recibieron con una reverencia respetuosa, pero la atmósfera en el salón principal se sentía asfixiante y gélida. Y era que su padre, don Sebastián Bracamonte, ya estaba sentado esperándolo en el sofá principal, acompañado por su madre, que permanecía rígida junto a su marido. Las miradas de ambos lo atravesaron como cuchillos, cargadas de decepción y de una rabia contenida a punto de estallar en cualquier momento.

—Al fin te dignas a venir, Tristán. Tu padre ya pensaba que te habías olvidado de que todavía tienes una familia aquí —lo reprendió don Sebastián con un tono de sarcasmo implacable.

Con el rostro impasible y un aire desenfadado, Tristán se acercó y tomó asiento en el sillón individual que quedaba justo enfrente de sus padres.

—Ya, papá, no te enojes tanto. ¿Que no te da miedo que se te suba la presión? Y tú también, mamá: a cierta edad, ya no es bueno andar con esos corajes —dijo Tristán con calma. Sin embargo, aquellas palabras directas sonaron terriblemente ofensivas y le picaron el orgullo a ambos.

—¡Muchacho insolente! Veo que tus mañas de rebelde volvieron igualitas que antes. ¡Arrogante y sin un gramo de educación! —bramó don Sebastián, con el rostro encendido de furia.

Tristán soltó un largo suspiro y se enderezó en su asiento para sostenerle la mirada a su padre. —Papá, mamá... ya basta. Durante seis años, Tristán acató cada orden y cada regla que ustedes le impusieron sin chistar. Tristán también es un ser humano, Tristán quiere ser él mismo. Tristán necesita libertad, no que lo estén controlando y asfixiando de esta manera.

Al escuchar la defensa de su hijo, don Sebastián se enfureció todavía más, sintiendo que su autoridad como jefe de familia era pisoteada.

—¡Ah, entonces con esa actitud rebelde y arrogante lo que pretendes es destruir la empresa que tu padre levantó con sudor y sacrificio desde cero, ¿verdad?! —lo acusó don Sebastián, fuera de sí.

—Papá, ¿nada más porque las acciones de la empresa bajaron un diez por ciento hoy, me vas a dar esta regañiza? —respondió Tristán con un desdén calculado—. Tranquilo, un gigante del calibre del Grupo Bracamonte no se va a ir a la quiebra de la noche a la mañana solo por una fluctuación del diez por ciento en un día.

—¡Tú siempre le restas importancia a todo, Tristán! —intervino su madre, sumándose al reproche.

—¿Acaso ustedes dos tampoco se han dado cuenta de que siempre me han menospreciado a mí? —cortó Tristán; la voz se le volvió grave, cargada con la decepción que había guardado durante años—. Yo, al que siempre tachan de arrogante y rebelde, siempre soy el primero en cargar con la culpa cada vez que la empresa tiene un problema. Papá... para una corporación del tamaño del Grupo Bracamonte, es absolutamente normal que de vez en cuando sufra una caída por el sentimiento del mercado, sumada a la competencia cada vez más feroz por las inversiones aquí en Ciudad de México. Tristán está trabajando muy duro para levantar y sanear la empresa de su padre. Tú mismo sabes, papá, que Tristán apenas lleva unos cuantos días al frente de la filial del Grupo Bracamonte en Ciudad de México.

¡Tum!

Aquellas palabras que salieron de los labios de Tristán golpearon de lleno la conciencia de don Sebastián. Lo que decía su hijo no dejaba de tener razón. Antes de que Tristán asumiera el mando, los estados financieros y el sistema administrativo de la filial en Ciudad de México estaban hechos un desastre por culpa de la directiva anterior, y Tristán en realidad estaba reestructurando todo desde los cimientos para erradicar la corrupción.

Don Sebastián se quedó callado de golpe. Su ira fue cediendo poco a poco, reemplazada por el razonamiento lógico de un empresario veterano.

Al ver que su padre empezaba a suavizarse, Tristán aprovechó para rematar con énfasis. —Esta vez, te pido que me confíes por completo la filial del Grupo Bracamonte en Ciudad de México, papá. Te doy mi palabra: en dos meses, las acciones de la empresa van a repuntar y no volveremos a sufrir una caída vergonzosa como la de hoy.

Don Sebastián clavó la mirada en los ojos afilados de su hijo, buscando en ellos la determinación verdadera. Tras unos instantes de silencio, asintió despacio. —Está bien. Tu padre te toma la palabra. Espero ver pruebas de esa promesa en dos meses.

Una vez zanjado el asunto de la empresa, fue el turno de la madre, que tomó la palabra para abordar el tema personal que llevaban planeando junto con la familia política.

—Tristán, lo de la oficina ya quedó resuelto. Pero mañana, en cuanto salgas de trabajar, tienes que ir a ver a Bella. Hazle un espacio en tu agenda, porque dentro de poco la noticia de su compromiso se va a anunciar públicamente —dijo su madre con una sonrisa exigente.

Al escuchar el nombre de aquella víbora, un relámpago de furia centelleó en los ojos de Tristán. Sin dudarlo un segundo, se puso de pie de un salto, miró a sus padres con una frialdad cargada de rechazo absoluto.

—Jamás voy a aceptar un compromiso con una víbora como ella. Ni ahora ni nunca. Cancelen esa idea, porque esa boda no va a suceder —sentenció Tristán con voz potente, dio media vuelta y se marchó del salón sin hacer caso de los gritos atónitos de su madre.

Tristán siguió caminando a zancadas, dándoles la espalda a sus padres, que se habían quedado en shock en la sala. Mientras se dirigía a la puerta de salida, levantó despacio la mano y se frotó el pecho, que le retumbaba con violencia.

Calma, Tristán... Controla tu temperamento. Todavía no es el momento de contarles a papá y a mamá lo de Fernanda y Elián, se dijo Tristán para tranquilizarse.

A sus espaldas, la voz de doña Marcia no paraba de llamarlo a gritos con un tono estridente, pero Tristán no le prestó la menor atención. Cruzó la puerta principal, subió a su auto y decidió irse directo a su departamento privado. Sabía que allá el ambiente sería mucho más tranquilo y libre de todas las reglas y presiones que le apretaban el cuello.

Mientras tanto, en la sala de la Residencia Bracamonte, don Sebastián exhaló un largo suspiro al ver partir a su hijo. Volteó hacia su esposa, que seguía echando chispas.

—Mamá, ya déjalo... Deja que Tristán se concentre primero en los asuntos de la empresa. No lo presiones tanto para que se apresure a comprometerse con Bella —dijo don Sebastián, conciliador.

—¡Pero, papá! ¡A mí me da mucha pena con la familia Barrera! —protestó doña Marcia con voz irritada—. ¿Cuántas veces se ha postergado y fracasado este matrimonio arreglado nada más porque Tristán siempre sale con la excusa de que ya está enamorado de otra mujer? Yo tengo miedo, papá... Miedo de que la mujer de la que está enamorado resulte no estar a la altura de nuestra familia. Y ni se diga lo de la cuna, la posición y el patrimonio. Me aterra que Tristán acabe atrapado con una mujer pobre y sin clase.

Don Sebastián negó con la cabeza despacio y recargó la espalda en el sofá. —Mamá, ya basta... En asuntos del corazón, tu padre no quiere meterse demasiado. Deja que Tristán escoja por sí mismo. Además, ¿de qué nos sirve buscar una nuera que solo empate con nosotros en el papel? Lo que importa es que esa mujer sea capaz de querer a nuestro hijo de verdad.

—¡No puede ser así, papá! ¡Esto también tiene que ver con la imagen y el buen nombre de la familia Bracamonte, que...!

—¡Basta! —la cortó don Sebastián con voz tajante, y doña Marcia enmudeció al instante—. No le estés poniendo tantas cadenas a nuestro hijo. Tristán es la única esperanza que tenemos para que continúe el legado de esta empresa. ¡Ya no lo asfixies más, mamá!

Doña Marcia resopló con fastidio. Cruzó los brazos sobre el pecho y compuso una mueca agria, insatisfecha porque su marido no le había dado la razón.

*

*

Al llegar a su lujoso departamento, Tristán se dejó caer de cuerpo entero sobre la cama sin la menor intención de cambiarse de ropa primero. Cerró los ojos, que le pesaban enormemente. Pero en cuanto los párpados se le cerraron, las imágenes de los momentos dulces de aquella tarde junto a Fernanda y Elián empezaron a reproducirse en su mente, borrando por completo los restos de estrés que le había dejado la discusión con sus padres.

Una sonrisa cálida se dibujó en sus labios atractivos.

—Parece que... lo que dijo Fernanda tiene razón —murmuró Tristán en voz baja, a la soledad de la habitación—. Tengo que esperar el momento adecuado para contarles a papá y a mamá sobre ella y sobre Elián. Y más ahora, que la situación interna de la empresa en la oficina de Ciudad de México sigue bastante revuelta. Primero tengo que poner orden ahí.

A la mañana siguiente, apenas estaba despuntando el alba. En la recámara de su departamento de renta, Fernanda acababa de terminar de ponerse su ropa formal de trabajo. Estaba de pie frente al tocador, contemplando su reflejo en el espejo mientras se aplicaba un maquillaje ligero, natural pero fresco.

A diferencia de otros días en los que siempre se arreglaba sin mayor esmero, esta vez Fernanda se había esmerado deliberadamente en verse lo más bonita y atractiva posible delante de Tristán. Desde que se había levantado, el corazón le rebosaba de alegría porque sabía que, a partir de hoy y en adelante, cada día se encontraría con el hombre al que siempre había amado, y ahora con una relación clara y definida. Solo faltaba un paso para convertirse oficialmente en la esposa de su primer amor.

Tum... tum... tum...

¿Por qué de repente el corazón se me puso a latir tan fuerte?, pensó Fernanda, apenada, mientras se llevaba la mano al pecho, que le palpitaba a toda velocidad.

¡Toc, toc, toc!

Unos golpes en la puerta de la entrada la sacaron de su ensoñación. Afuera de la recámara, Elián, que oyó los golpes, salió corriendo encantado hacia la sala para abrir la puerta, mientras doña Mila seguía atareada preparando el desayuno en la cocina.

En cuanto la hoja de madera se abrió, Elián se quedó boquiabierto, con los ojitos redondos brillándole de felicidad. La persona que estaba parada en el umbral no era otra que su padre.

—¡Papi...! —gritó Elián, eufórico. El pequeño se lanzó de inmediato a abrazarle la cintura a Tristán con todas sus fuerzas.

Tristán, que llevaba desde la noche anterior extrañando a su hijo, soltó una risa cálida. Se agachó y levantó el cuerpecito de Elián para cargarlo en sus brazos firmes.

—¿Cómo amaneciste hoy, campeón? —le preguntó Tristán con voz dulce.

—¡Siempre bien, papi! —respondió Elián, radiante, y le plantó besos alternados en ambas mejillas con ternura desbordante.

Mientras tanto, dentro de la recámara, Fernanda oyó la vocecita aguda de su hijo gritar "papi" y se sobresaltó al instante. Se apresuró a terminar de acomodarse la ropa y salió del cuarto a paso acelerado.

Los pies de Fernanda se detuvieron en seco en el umbral de la sala. Se quedó pasmada, con los ojos como platos, sin dar crédito a lo que tenía delante. Tristán ya estaba de pie, imponente, dentro de su departamento de renta a esas horas de la mañana, impecable con su traje de trabajo y envuelto en un perfume masculino que inundó la estancia por completo.

—Tristán... Tú... ¿por qué tan temprano ya estás aquí?! —preguntó Fernanda a trompicones, sacudida por la sorpresa.

Tristán giró la cabeza hacia Fernanda; los ojos se le quedaron fijos un instante al contemplar lo mucho más bonita y elegante que se veía ese día. Enarcó una ceja, le hizo un gesto despreocupado con la mano y le dedicó una sonrisa encantadora a la mujer que amaba.

—Buenos días, cariño... —la saludó Tristán con voz seductora.

Continuará...

1
diana orozco
mil gracias muy buena
Jos Qui
😂😂😂😂😂😂
Zaira
Bello trabajo felicidades.
Maria del Carmen Herrera
Una historia entretenida. Gracias autora por tu dedicación para brindarnos este material!
Maria del Carmen Herrera
Al fin...! Un capítulo con mucha acción
Noemi Alvarez
excelente , maravillosa novela me encantó
Maria del Carmen Herrera
No entiendo por qué cuando se refieren a expresiones de ellos mismos, o sea: primera persona lo hacen en tercera persona ¿??? Desconozco si en algún país de habla hispana se acostumbra así. Aunque sea por un uso regional es una conjugación incorrecta del español
Marcela Allendes
Excelente novela muy entretenida, cada capítulo nos regala una nueva pista para completar esta hermosa historia. Felicidades por tan linda, buena y entretenida historia.
Nerika Moreno
Huy lo siento yo ya le hubiese dado una buena patada en el trasero 😤😒 para que aprenda a respetar a los empleados y a una mujer 😒😒
Elena Rodriguez Welman
Me encantó la novela ,linda historia de amor. Felicitaciones escritora
Miriam Cantero
muy buena
Miriam Cantero
muy buena
Elena De Cuadros
excelente historia muy buena
Clayas Pao
es excelente
Ruth Stella Osorio
No devia de tomar
Ruth Stella Osorio
Interesante gracias
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