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Mi Suggar Es Un Mafioso

Mi Suggar Es Un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor prohibido / Posesivo / Mafia / Romance / Completas
Popularitas:4.1M
Nilai: 5
nombre de autor: Celina González ♥️

En las calles vibrantes, pero peligrosas de Medellín, Zaira, una joven brillante y luchadora de 25 años, está a tres semestres de alcanzar su sueño de graduarse. Sin embargo, la pobreza amenaza con arrebatarle su futuro. En un intento desesperado, accede a acompañar a su mejor amiga a un club exclusivo, sin imaginar que sería una trampa.

Allí, en medio de luces tenues y promesas vacías, se cruza con Leonardo Santos, un hombre de 49 años, magnate de negocios oscuros, atormentado por el asesinato de su esposa e hijo. Una noche de pasión los une irremediablemente, arrastrándola a un mundo donde el amor es un riesgo y cada caricia puede costar la vida.

Mientras Zaira lucha entre su moral, su deseo y el peligro que representa Leonardo, enemigos del pasado resurgen, dispuestos a acabar con ella para herir al implacable mafioso.
Traiciones, secretos, alianzas prohibidas y un amor que desafía la muerte.

NovelToon tiene autorización de Celina González ♥️ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 32

El ascensor se detuvo con un leve chirrido en el piso catorce, como si hasta la máquina sintiera el peso de la noche. Leonardo salió con pasos lentos, todavía envuelto en el resplandor íntimo del encuentro. Su chaqueta de cuero estaba abierta, revelando el pecho desnudo marcado con el leve rastro de uñas. El aire del pasillo, cargado con el perfume estancado de los productos de limpieza y un leve aroma a concreto viejo, se sentía más frío sobre su piel sudada, amplificando el contraste entre el deseo y la soledad que volvía a rodearlo.

Sus botas resonaban contra el mármol pulido, secas y firmes, marcando un ritmo perezoso que no ocultaba su satisfacción. Al pasar frente a la ventana del pasillo, la luz de la ciudad iluminó su silueta: el cabello revuelto por los dedos de Zaira, los labios aún algo hinchados por los besos, y el cuello manchado sutilmente por su boca hambrienta.

Al abrir la puerta del apartamento, una oleada de calidez lo envolvió. El aire estaba impregnado del aroma a café viejo y madera, con un dejo a papel y tapicería añeja que le daba al lugar una familiaridad acogedora. En el sofá, Marcelo lo esperaba, con una cerveza a medio terminar, una pierna cruzada y el control del televisor en la mano.

—Mierda… —soltó con un gesto de incredulidad—. ¿Vez la hora?

Leonardo se apoyó en el marco de la puerta, la sonrisa dibujándose lenta, insolente, en sus labios partidos por la pasión. Una ceja arqueada, la mirada encendida y ese aire triunfal que solo la carne satisfecha sabe cargar.

—Falta una hora —respondió con voz ronca, aún impregnada de jadeos pasados.

Marcelo soltó una risa baja y sarcástica, negando con la cabeza. Se incorporó, dejando el control a un lado.

—Hermano… no hace falta ser un genio para saber qué carajos estuviste haciendo. Sales como un rayo, con esa cara, vuelves sin camisa y con esa chaqueta apenas cerrada como para disimular. ¿Fue en el coche, no?

Leonardo no respondió. Cerró la puerta tras de sí y dejó caer las llaves sobre la repisa con un tintineo metálico. El sonido pareció romper el pequeño hechizo de la noche. Caminó hasta la cocina, sin prisa, mientras el reflejo del televisor parpadeaba en la superficie de los muebles.

El abrir del refrigerador trajo una bocanada de aire frío. Tomó una botella de agua, la destapó, y el gas burbujeó con un pequeño suspiro. Dio un trago largo, dejando que el líquido bajara por su garganta seca, calmando solo un poco el calor que todavía le quemaba el pecho.

—¿Fue en el coche, verdad? —insistió Marcelo desde el sofá, apoyando los codos en las rodillas—. ¿Con la chica?

—No es asunto tuyo —murmuró Leonardo sin mirarlo, limpiándose la boca con el dorso de la mano.

Marcelo soltó una carcajada fuerte, pero no burlona. Más bien asombrada. Lo conocía demasiado bien.

Leonardo se pasó una mano por el rostro, aún sintiendo el cosquilleo del perfume de Zaira adherido a su piel. En su cuello, las marcas rojizas comenzaban a asomarse, tímidas pero elocuentes. Sus ojos tenían un brillo ausente, de quien todavía no ha aterrizado del todo en la realidad.

Marcelo lo observó en silencio unos segundos, dejando que la burla se desvaneciera. Luego, con tono más bajo, casi fraternal, preguntó:

—¿Te estás enganchando?

Leonardo se detuvo, apoyó la botella sobre la barra, y lo miró de frente. Sus ojos, oscuros y profundos, no titubearon.

—Creo que ya estoy enganchado.

A kilómetros de allí, Zaira caminaba por la acera con pasos ligeros pero urgentes. Sus botas pisaban el pavimento con un ritmo nervioso, esquivando los charcos que reflejaban el parpadeo intermitente de los faroles. En sus manos, sujetaba con cuidado la camisa de Leonardo, doblada de forma torpe, pero delicada, como si fuera un secreto. El algodón aún conservaba el calor y el aroma de él, esa mezcla adictiva de cuero, colonia maderada y piel masculina que la hacía cerrar los ojos cada tanto para volver a él.

El aire estaba húmedo, con olor a tierra mojada y silencio. Solo el zumbido de un transformador eléctrico le hacía compañía. Sus labios, aún hinchados por los besos, tenían restos de carmín borrado, y su cuello todavía sentía la presión de las caricias.

Cada paso era un eco del momento en el coche: las manos firmes de Leonardo sujetándola por la cintura, la respiración entrecortada, los jadeos que se ahogaban en la música tenue del estéreo, el crujido del cuero bajo sus movimientos.

Al llegar a la puerta de su casa, el corazón se le aceleró de golpe. Sacó las llaves con dedos temblorosos, escuchando el leve clic metálico de la cerradura. Entró con la respiración contenida, cerrando la puerta con tanto cuidado que apenas hizo ruido.

El interior estaba bañado por una penumbra cálida. El televisor seguía encendido, mostrando imágenes sin sonido que proyectaban sombras tenues sobre las paredes. Una vela aromática, ya consumida, había dejado flotando un delicado perfume a vainilla y lavanda, envolviendo todo en una sensación de hogar adormecido.

En el sofá, su madre dormía con los brazos cruzados sobre el abdomen, la cabeza ladeada y el rostro relajado por el sueño. La manta le cubría hasta las rodillas y su pecho subía y bajaba con serenidad. Zaira se quedó quieta, como si el más mínimo suspiro pudiera despertarla.

El alivio fue inmediato. Casi se le doblaron las piernas al sentir la tensión liberarse de golpe. Caminó de puntillas por el pasillo, esquivando las tablas del piso que sabía que crujían. Su respiración aún era corta, como si el deseo se negara a desaparecer.

Al llegar a su habitación, cerró la puerta con una lentitud reverente y apoyó la espalda contra ella. Solo entonces soltó un suspiro largo, tembloroso. Era como volver a un mundo que ya no la representaba.

La luz azulada del despertador digital recortaba su silueta en la oscuridad. Todo seguía igual: su cama, el espejo, los libros. Pero ella ya no era la misma. Se sentó despacio, sintiendo la humedad tibia aún presente en su ropa interior. Llevó la camisa de Leonardo a su rostro, buscando un rincón limpio donde no la había usado para limpiarse, y aspiró profundo. El olor la estremeció.

La colocó con cuidado sobre la cesta, como si guardara un trofeo íntimo. Luego se desvistió, uno a uno los movimientos lentos, reverentes. Cada prenda al caer revivía una caricia. Se metió a la ducha con la piel aún vibrando, dejando que el agua tibia la envolviera como un abrazo.

Las gotas caían sobre su cuerpo y con ellas, los recuerdos: la forma en que él la miró antes de tocarla, su aliento en el oído, el murmullo grave cuando dijo su nombre entre gemidos. La forma en que la cubrió después, ayudándola a vestirse con ternura, besando sus muslos como quien se despide de un lugar sagrado.

Cerró los ojos y sonrió bajo la lluvia artificial. Nunca imaginó que esa noche la marcaría así. Que su cuerpo, vendido como una moneda, terminaría siendo reclamado por alguien que lo tocó como si fuese suyo desde siempre.

—¿Qué estás haciendo Zaira? —Se preguntó.

Una noche antes fue traicionada, expuesta, vendida. Pero al día siguiente, fue descubierta, adorada, respetada… amada. Tal vez demasiado pronto. Tal vez demasiado profundo. Pero real.

Y ahora, mientras el vapor llenaba el baño y empañaba el espejo, en dos rincones distintos de la ciudad, dos cuerpos seguían temblando por el eco del otro.

En medio del deseo, algo más se había encendido. Algo visceral. Irreversible.

Y ni el silencio del callejón, ni el agua, ni el amanecer serían suficientes para apagarlo.

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Miriam Torres
hermosa historia de amor y unión 👏🏻👏🏻👏🏻
Imacairy Lopez
Hermosa historia, me encanta❤️
Maigualida Saavedra
/Drool/
Cuty Pasetti
muy bien capitulo 🇦🇷
Cuty Pasetti: me gusta
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
esa murió x ambiciosa y x fácil
Leticia Baeza Vazquez
para empezar fue una estúpida imprudente y pues la ambiciosa obtuvo lo q quería y el karma es malo espero y la escritora haga q la estúpida ya madure
Leticia Baeza Vazquez
esta protagonista si q es buen pendeja y estúpida , ley la gordita del mafioso y nada q ver con esta gran estúpida q Atodo le tiene miedo q no mame la 🍷 gordita aprendió a luchar y a disparar y está pendeja x favor escritora q asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor tiene 25 años no es una maldita niña osea q ponga los putos pues en la tierra
Leticia Baeza Vazquez
osea esa pregunta estúpida nunca te as subido a uno cuando ella y contrabajo usa pecero osea no mames escritora con esa pregunta idiota
Flor Perez
yo en lo personal no me gustan las novelas de mafias por algunas que he leído sin embargo esta me tiene atrapada ,simplemente me a gustado muchísimo
Belkis Sioli
deja de llorar, es lo único que sabes hacer???😞😞😞😕😕
Belkis Sioli
más sensata la madre que ella. 😞😞😞👀👀
Belkis Sioli
querida, es lo mejor que te puede pasar, ser la mujer de un mafioso 😅😅😅
Belkis Sioli
porqué la narradora se extiende tanto en cosas que no aportan nada a la historia ??? aburre!!!!
Belkis Sioli
Marcelo y Tatiana quizás!!!🤔🤔🤔🤔
Belkis Sioli
la perdonó porque le salió bien, si era al revés que hubiese hecho???
Belkis Sioli
que cosa cuando se meten en vida ajena.
Belkis Sioli
alejate de esa mina, es muy venenosa 🤔🤔🤔😐😐😐
Belkis Sioli
se supone que se iba por dos días, ya pasaron esos dos días y se queda dos días más????
Belkis Sioli
ni vos te crees eso.😅😅
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