Una brillante Doctora reencarna en el cuerpo de una delicada aristócrata. Para evitar un matrimonio forzado y seguir su pasión, decide estudiar medicina, desatando el escándalo.
Su padre la envía a prueba al Hospital Central bajo las órdenes del doctor más estricto del imperio. Él cree que es una noble caprichosa y la manda al peor pabellón para que renuncie.
Pero ella no le teme a la sangre, domina técnicas del futuro y está lista para demostrar que nadie maneja el bisturí mejor que ella.
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Capítulo 4
Elara se quedó observando durante unos segundos el rostro preocupado de Lucael. Era evidente que le gustaba aquella muchacha y, al mismo tiempo, la idea del compromiso parecía llenarlo de culpa.
Carraspeó suavemente.
—Y... ¿no te gustaría romper el compromiso?
Lucael se giró tan rápido que casi tropezó con sus propios pies.
—¿Qué?
Ella soltó una pequeña risa.
—Como te dije hace un momento, fue una decisión que tomaron nuestras madres. Nosotros éramos unos niños. Además, ¿qué pasará si esa chica viene a la capital y, por estar comprometido conmigo, pierdes la oportunidad de conquistarla?
El joven la observó en silencio.
Elara sonrió con tranquilidad.
—Sería una lástima.
Lucael bajó la mirada.
—¿Y tú?
—¿Yo?
—No quiero que por mi culpa la sociedad te critique o te mire mal. Eres como mi hermanita, Ela. Lo último que quiero es que te hagan daño por mi egoísmo.
Elara sintió cierta calidez en el pecho.
Realmente la apreciaba.
No estaba preocupado por sí mismo.
Estaba preocupado por ella.
«Qué tierno», pensó.
—No tienes que preocuparte por mí.
Luego dudó unos segundos.
Quizá era buena idea contarle parte de la verdad. No toda, por supuesto. Jamás podría decirle que era una mujer reencarnada proveniente de otro mundo, pero sí podía compartir su nuevo sueño.
Después de todo, Lucael era el mejor amigo de Elara.
Y quizás ella también necesitaba un amigo.
Se inclinó ligeramente hacia él.
—Te contaré algo, pero solo porque eres mi mejor amigo.
Lucael parpadeó.
—¿Qué sucede?
Elara bajó un poco la voz.
—Me gustaría convertirme en doctora.
El silencio se instaló entre ambos.
Lucael abrió los ojos.
—¿Cómo?
Ella apartó la mirada hacia las flores del jardín.
—Cuando te fuiste me sentí bastante sola. Empecé a leer mucho para entretenerme y encontré algunos libros de medicina. Me parecieron fascinantes.
Aquella explicación era una pequeña mentira.
O, al menos, una verdad a medias.
No podía decirle que había pasado años en quirófanos, que había salvado vidas o que conocía procedimientos médicos que ni siquiera existían en aquel mundo.
Lucael permaneció unos segundos en silencio.
—Vaya... jamás lo habría imaginado.
Elara sonrió con cierta inseguridad.
—¿Te parece extraño?
Él negó inmediatamente.
—No. Solo me sorprendió.
Luego le dedicó una sonrisa cálida.
—Pero si eso es lo que quieres, cuentas con mi apoyo.
Poco después regresaron al salón, donde Celestine y Clarissa seguían conversando animadamente. Ambas parecían tan concentradas en su conversación que apenas notaron su llegada.
—Y entonces le dije...
—¡No puede ser!
Las dos mujeres se detuvieron cuando vieron a los jóvenes acercarse.
—Continuaremos después —dijo Clarissa.
Lucael y Elara se miraron al mismo tiempo.
Y ambos terminaron riéndose.
Se sentaron para compartir algunos postres mientras las dos madres seguían observándolos con evidente ilusión.
Lucael le dio discretamente un codazo.
Elara lo miró.
El joven le hizo una seña con la cabeza.
«Habla del compromiso.»
Ella le devolvió otro pequeño golpe con el codo.
«Habla tú.»
Lucael abrió los ojos.
«¡Fue tu idea!»
«¡Es tu enamorada!»
Las dos madres los observaron intercambiar miradas.
Clarissa frunció ligeramente el ceño.
—¿Sucede algo?
Lucael prácticamente saltó en su asiento.
—¡Ela quiere decirles algo!
Elara giró la cabeza lentamente.
Lucael le dedicó una sonrisa nerviosa mientras juntaba las manos en señal de disculpa.
«Perdón.»
Ella entrecerró los ojos.
«Te mataré después.»
Suspiró.
Las cuatro miradas estaban ahora sobre ella.
Elara dejó la taza sobre la mesa y entrelazó las manos sobre su regazo.
—Bueno... la verdad es que me gustaría decirles algo.
Las dos mujeres la observaron atentamente, esperando que continuara. Elara respiró profundamente.
—La verdad es que... nosotros no queremos estar comprometidos.
Las palabras cayeron de golpe sobre la mesa.
El silencio que siguió fue tan absoluto que incluso el sonido de los cubiertos pareció desaparecer.
—¿Qué? —preguntaron Clarissa y Celestine al mismo tiempo.
Elara se removió ligeramente en su asiento, aunque mantuvo la calma.
—Lu y yo hemos crecido juntos desde que éramos niños. Siempre hemos estado juntos, pero nunca de esa manera. Lo queremos mucho al otro, pero solo como familia.
Hizo una pequeña pausa antes de mirar a Lucael.
—Y bueno...
Sin que las madres lo notaran, le dio una pequeña patada bajo la mesa.
Lucael se sobresaltó.
—¡Ay!
Las tres mujeres lo miraron.
—Bueno, yo... es que... —miró a Elara buscando ayuda.
Ella giró la cabeza hacia otro lado.
«Te toca.»
El joven tragó saliva.
—Es que me gusta alguien.
Clarissa y Celestine abrieron los ojos.
—Además —continuó rápidamente—, Ela es como mi hermanita. Y ustedes saben lo que pasa después del matrimonio, ¿verdad?
Las dos mujeres parpadearon.
Lucael se llevó una mano al pecho con dramatismo.
—¡Sería muy extraño hacer esas cosas con alguien que siento como una hermana! ¡Sería horrible!
Elara giró lentamente la cabeza hacia él.
—¿Horrible?
Lucael se puso pálido.
—¡No! ¡No contigo específicamente!
—Ah.
—¡Quiero decir que cualquier otro hombre estaría encantado de casarse contigo! Eres hermosa y... y... ¡ese no es el punto!
Elara no pudo evitar reír.
—Bueno, sí sería un poco extraño.
Las dos madres permanecieron completamente en silencio.
Por primera vez desde que se conocían, Clarissa y Celestine parecían realmente sorprendidas.
Después de todo, habían pasado años imaginando aquella boda.
—Jamás imaginé que se sintieran así —admitió Clarissa.
Celestine suspiró.
—Entonces, ¿por qué nunca dijeron nada?
Elara y Lucael se miraron.
Ambos se encogieron de hombros al mismo tiempo.
Las dos mujeres volvieron a suspirar.
Sus hijos.
Definitivamente eran demasiado parecidos.
Celestine tomó la mano de Elara.
—Cariño, sabes que esto podría no ser fácil para ti.
Clarissa también la miró con preocupación.
—¿Estás segura, Elara?
Ella asintió con tranquilidad.
—Sí.
Sus ojos se suavizaron.
—Además... tengo planes para mi futuro.
Las dos mujeres intercambiaron una mirada.
Aquellas palabras llamaron su atención, aunque ninguna preguntó en ese momento.
Después de varios minutos de conversación, tanto Clarissa como Celestine terminaron aceptando la situación. No era exactamente lo que habían soñado durante años, pero tampoco querían obligar a sus hijos a un matrimonio que ninguno deseaba.
—Tendremos que hablar con sus padres —dijo Celestine.
Lucael asintió.
—Yo hablaré con mi padre.
—Y yo con el mío —añadió Elara.
La conversación terminó mucho mejor de lo que ambos habían imaginado.
Más tarde, cuando el sol comenzaba a descender en el horizonte, las despedidas llegaron.
Celestine volvió a abrazar a Elara con cariño.
—Ven a visitarme más seguido.
—Lo haré.
Lucael la acompañó hasta el carruaje.
—Gracias, Ela.
Ella sonrió.
—¿Por qué?
—Por no odiarme.
Elara soltó una pequeña risa.
—Tonto. ¿Por qué iba a odiarte?
El joven bajó un poco la mirada.
—Porque me enamoré de otra persona.
Ella le dio una pequeña palmada en el hombro.
—Entonces asegúrate de conquistarla cuando llegue a la capital.
Lucael sonrió.
—Lo intentaré.
Mientras el carruaje comenzaba a alejarse de la residencia Winters, Elara observó por la ventana la figura de su mejor amigo.
La historia seguía avanzando exactamente como la recordaba.
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que alguien me explique 🤔🤔🤔