Estaré subiendo capítulos diario y es una historia corta sin muchas complicaciones y personajes
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CAPITULO 4
El día de la inauguración, la plaza central amaneció con un murmullo de anticipación.
Evelyn no había escatimado en "marketing" moderno: días antes, había enviado cajas de muestra con un solo macaron de seda a las matronas más influyentes del reino, sin remitente, solo con una tarjeta que decía: "El lujo tiene un nuevo nombre".
A las doce en punto, Evelyn salió a la puerta de L'Éclat. Lucía un vestido de seda en un tono champán que se fundía con su piel, con un escote cuadrado muy fino y mangas transparentes.
No llevaba joyas, excepto un par de pendientes de esmeraldas que colgaban como gotas de rocío. Se veía etérea, casi irreal.
Con un gesto elegante, tiró de la cinta de seda roja que cubría la entrada.
—Bienvenidos al nuevo estándar del buen gusto —anunció con una sonrisa que fue captada por todos los nobles presentes.
La multitud entró y el aire se llenó de "ohs" y "ahs". El suelo de mármol brillaba bajo las lámparas de cristal, y el aroma a mantequilla tostada, chocolate belga y vainilla fresca era embriagador.
Pero lo que más impactó fue la vitrina: los postres no eran montones de pan seco, sino pequeñas obras de arte que parecían talladas en joyas.
Entre la multitud, Rose apareció del brazo de un Julian que se veía visiblemente incómodo. Rose vestía un traje cargado de encajes y volantes que, junto a la decoración minimalista y lujosa de la tienda, la hacían parecer un pastel barato en una galería de arte.
—Vaya, Charlotte —dijo Rose en voz alta, tratando de llamar la atención—. Qué curiosa... ocupación. Abrir una tienda para alimentar a la gente... ¿acaso las minas de tu padre se están secando que ahora debes vender pan para sobrevivir?
Un silencio incómodo recorrió el salón. Julian soltó una risita burlona. Evelyn, que estaba atendiendo a la Duquesa de una provincia vecina, ni siquiera se inmutó.
Se giró lentamente, sosteniendo una pinza de plata con un pequeño pastel de frambuesa.
—Rose, querida —dijo Evelyn con una calma que hizo que Rose retrocediera un paso—. Entiendo que tu concepto de "negocio" sea esperar a que alguien te mantenga, pero en mi familia, la riqueza se crea, se expande y se disfruta.
Esta tienda no es para "sobrevivir", es para educar el paladar de aquellos que, como tú, creen que la calidad se mide por la cantidad de volantes que llevan puestos.
Evelyn se acercó un poco más, bajando la voz pero asegurándose de que los círculos cercanos escucharan.
—Y por cierto, Julian... ese tinte amarillento en tu piel ha empeorado. ¿Seguro que no es la bilis de ver cómo tu ex prometida brilla más que todo tu linaje?
Julian se puso lívido.
Los presentes comenzaron a susurrar y a reírse por lo bajo. Rose, roja de furia, intentó una última estocada:
—¡Nadie pagará estos precios absurdos por un poco de azúcar! ¡Esto fracasará en una semana!
Justo en ese momento, una voz profunda y autoritaria resonó desde la entrada, acallando todas las conversaciones.
—Yo pagaré lo que sea necesario por el invento más fascinante que he visto en años.
La Entrada del Caballero Carmesí
La multitud se dividió como el Mar Rojo. Caminando con una presencia que hacía que incluso el Duque de Belmont pareciera un plebeyo, entró el joven pelirrojo.
Hoy no vestía ropa de montar; llevaba un uniforme militar de gala negro con detalles en plata que resaltaban su figura imponente y sus hombros anchos.
Sus ojos verdes esmeralda estaban fijos únicamente en Evelyn.
—¡El Gran Duque Alistair de la Frontera Norte! —susurró alguien entre la multitud con tono de pánico y respeto.
Rose y Julian palidecieron. Alistair era conocido no solo por su inmensa fortuna, sino por ser el guerrero más implacable del reino y el primo cercano del Rey.
Alistair se acercó al mostrador, ignorando por completo a Rose, a quien casi golpea con su capa al pasar. Se detuvo frente a Evelyn y se quitó el guante, ofreciéndole la mano.
—Lady Charlotte de Belmont, supongo —dijo él, con una chispa de diversión en sus ojos verdes—. Me debe una explicación sobre ese papel que casi me cuesta un caballo, y sospecho que la respuesta está en este pequeño pastel de esmeralda.
Evelyn, manteniendo su papel de diva impecable, puso su mano sobre la de él. Sintió el calor de su piel y cómo la intensidad de su mirada intentaba traspasar su fachada de actriz.
—Gran Duque —respondió ella con una inclinación de cabeza perfecta—, es un honor que alguien de su... velocidad... haya encontrado el camino hacia mi humilde establecimiento.
Maximilian soltó una carcajada que llenó el local.
—No hay nada humilde aquí, Milady. Ni el lugar, ni los postres, y ciertamente, no usted. Quiero que reserve este local para una cena privada mañana por la noche. Deseo probar todo lo que su mente ha creado.
Rose estaba a punto de estallar de envidia. Había intentado humillar a Charlotte llamándola "pastelera", y ahora el hombre más codiciado del reino la estaba cortejando frente a todos.
—Me temo, Excelencia —dijo Evelyn, dándose el lujo de hacerlo esperar—, que mi agenda está algo llena. Pero por tratarse de un caballero tan... eficiente rescatando bocetos, haré un espacio.
Julian, queriendo recuperar algo de relevancia, intervino:
—Excelencia, seguramente no sabe que Charlotte es conocida por sus... excentricidades.
Maximiliam se giró hacia Julian. Su mirada pasó de ser cálida a ser tan fría como el hielo del norte en un segundo.
—Lo que yo sé, Lord Julian, es que usted tiene el dudoso talento de interrumpir a sus superiores. Si no está comprando nada, le sugiero que despeje la entrada. Hay gente con clase esperando afuera.
Julian y Rose salieron de la tienda casi huyendo, bajo las miradas de desprecio de toda la alta sociedad.
Evelyn miró a Maximiliam. Él seguía sosteniendo su mano, un poco más de lo necesario según la etiqueta.
—Parece que hoy ha vuelto a salvarme de algo molesto, Gran Duque.
Maximiliam se inclinó y le susurró al oído, enviando un escalofrío por la espalda de la actriz:
—No se equivoque, Lady Charlotte. Hoy no la salvé yo. Usted ya había ganado la batalla antes de que yo cruzara esa puerta. Solo vine a ver el espectáculo de cerca.
Evelyn sonrió, esta vez de verdad.
Por primera vez en su nueva vida, sentía que había encontrado a alguien que podía seguirle el ritmo en este gran escenario que era el reino.
que no tiene una obsesión por humillar más de lo debido.
y que el pelirrojo va hacer su piedra de tropiezo. 😂