Keile después de cometer muchos errores y ganarse el odio de su enigma tuvo que ver como la vida se le escapaba a la persona que más amo , no solo lo vio morir el fue su verdugo y vivió cada día en el arrepiento pero ahora el destino a decido darle una oportunidad volviendo al momento antes de que la luz de su egnima fuese apaga¿cometerá keile los mismo errores de su vida pasada?
NovelToon tiene autorización de feliannys Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
orgullo de egnima
Tragué saliva, sintiendo que el suelo bajo mis pies era tan inestable como el muelle viejo. Se supone que yo era el que ganaba estos encuentros, pero ahora mismo, sentía que si Keile no me soltaba, me iba a desarmar por completo.
Pero, ¿quién demonios me creía que era? Yo soy un Enigma. El orgullo me recorrió las venas como una descarga eléctrica, quemando esa sensación de vulnerabilidad que me había invadido. No iba a permitir que un "Soldadito" con crisis de personalidad me ganara en mi propio terreno. Si él quería romper las reglas del manual, yo iba a quemar el libro entero frente a sus ojos.
Cerré los dedos que aún estaban atrapados en su mano, no para soltarme, sino para devolverle el apretón con una fuerza desafiante. Mi pulso seguía acelerado, sí, pero ahora era por la adrenalina del contraataque.
—Vaya, vaya... parece que al Alfa le crecieron los colmillos de repente —solté, recuperando mi sonrisa más descarada, esa que sabía que volvía locos a los de su clase—. Y yo que pensaba que lo más emocionante de tu día era lustrarte las botas.
Me acerqué un centímetro más, eliminando cualquier rastro de la "distancia adecuada" que él tanto respetaba antes. Si él quería invadir mi espacio, yo iba a convertir ese espacio en una trampa. Bajé la mirada a nuestros labios, solo un segundo, lo suficiente para ser una provocación directa, y luego volví a sus ojos con una chispa de malicia.
—Dices que estás recuperando lo que es tuyo, Keile... pero para reclamar una propiedad, primero tienes que ser capaz de domarla. —Le di un tirón suave a su mano, obligándolo a dar un paso más hacia la zona de sombras bajo el muelle—. Y no recuerdo haber firmado ningún contrato de pertenencia.
Mi voz ya no estaba rota; ahora era un ronroneo peligroso. Me divertía ver cómo, a pesar de su nueva confianza, sus pupilas se dilataban ante mi cercanía. Él creía que tenía el control porque sabía algo que yo no, pero yo tenía el poder de la imprevisibilidad.
—Si de verdad quieres jugar a que no hay reglas —le susurré, imitando el tono que él había usado antes, pero cargándolo de una insolencia mucho más cruda—, vas a tener que demostrarme qué tan lejos estás dispuesto a llegar antes de que tu preciado honor militar empiece a estorbarte. Porque yo no me detengo, Keile. Y tú... tú siempre te detienes antes de cruzar la línea.
Le solté la mano de golpe, pero antes de que pudiera reaccionar, pasé mi mano libre por su cuello, rozando apenas la tela de su uniforme con la punta de mis dedos, en una caricia que era casi un insulto a su jerarquía.
—¿Entonces qué? —lo reté, arqueando una ceja—. ¿Vas a seguir mirándome como si fuera un fantasma o vas a demostrarme qué significa eso de que "el guante es lo de menos"? Porque me estoy empezando a aburrir de tanta intensidad y tan poca acción, Soldadito.