Mi vida nunca fue mía. Primero fueron los golpes de mi padre y sus gritos recordándome que no valía nada, hasta que finalmente decidió ponerme un precio. Me vendió como si fuera un objeto para pagar su maldita deuda.
Ahora mi dueño es Dante.
Él es frío, letal y no tiene piedad con nadie, pero me necesita para llevar las cuentas de su imperio. Pensé que pasaría de un infierno a otro, pero en sus ojos oscuros encuentro algo que nunca conocí. Ahora estoy atrapada entre los números de la mafia y el deseo por el hombre que me compró.
¿Se puede amar a quien te posee?
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Capítulo 4: La Jaula Compartida
POV: Alessia
La cena es un campo de minas. Cada tintineo de los cubiertos de plata contra la porcelana me suena como el gatillo de un arma. Estoy sentada a la derecha de Dante, vistiendo su camisa de seda bajo una chaqueta de lana que me pesa en los hombros, sintiendo las miradas de Marcello como si fueran agujas calientes sobre mi piel.
—Dime, Alessia —dice Marcello, cortando un trozo de carne con una precisión quirúrgica—, ¿dónde te encontró mi sobrino? No pareces el tipo de mujer que frecuenta los clubes de Milán. Tienes una mirada demasiado... calculadora.
Dante me aprieta la mano por debajo de la mesa. Sus dedos son un ancla, pero también una advertencia.
—Nos conocimos en un balance de cuentas, Marcello —respondo, y mi voz suena más firme de lo que esperaba. La adrenalina está borrando el dolor de mis costillas—. Me gusta el orden. Y a Dante le faltaba un poco de eso en sus asuntos privados.
—¿Ah, sí? —Marcello suelta una carcajada seca y se inclina hacia adelante, ignorando su plato—. Porque ese golpe en tu labio no parece producto de un "descuadre contable". Parece el rastro de un hombre que no sabe controlar su mano. ¿Es así como tratas a tu futura esposa, Dante?
El aire en el comedor se congela. Siento la furia de Dante irradiar de su cuerpo como una descarga eléctrica. Sus nudillos se vuelven blancos alrededor de su copa de vino.
—Alessia tuvo un accidente antes de que yo llegara a recogerla —dice Dante, y su voz es un susurro que hiela la sangre—. El hombre responsable de ese "accidente" ya está deseando no haber nacido. ¿Tienes alguna otra duda sobre mi vida privada, tío? ¿O prefieres que hablemos de por qué el puerto de Catania está enviando cajas vacías que facturan como oro?
Marcello se tensa. El color desaparece de su rostro y vuelve a su asiento, fingiendo desinterés. La cena continúa en un silencio sepulcral, pero la batalla ya ha comenzado. Dante no solo me ha reclamado como suya; ha usado mi presencia para ponerle una soga al cuello a su propio tío.
POV: Dante
Logro terminar la cena sin saltarle al cuello a Marcello, pero la rabia me quema la garganta. Guío a Alessia fuera del comedor, subiendo las escaleras de mármol hacia el ala privada de la villa. Ella camina a mi lado, rígida, con la mirada perdida. Sé que está al límite.
Llegamos a las puertas dobles de mi suite. Al entrar, el lujo de la habitación —con su cama de dos metros, techos altos y ventanales que dan al Mediterráneo— parece asustarla más que el propio Marcello.
—Hay un problema, Alessia —digo, cerrando la puerta con llave. El "clic" del cerrojo resuena en la habitación
Ella se gira rápidamente, apretando la chaqueta contra su pecho.
—¿Qué problema? Ya terminó la cena. Dame mi habitación y déjame dormir. No puedo más.
—No hay "tu" habitación. No por ahora —me acerco a ella, viendo cómo sus pupilas se dilatan—. Marcello tiene espías en cada rincón de esta casa. Si te vas a otra habitación, mañana todo Palermo sabrá que nuestra relación es una farsa. Y si eso pasa, mi protección sobre ti desaparece. Él te verá como una pieza prescindible.
—No... —susurra ella, retrocediendo hasta que sus talones chocan con el borde de la inmensa cama—. No puedo dormir con un hombre. No en la misma cama. Dante, por favor...
POV: Alessia
El pánico, ese viejo conocido, me sube por la garganta. Ver a Dante, tan alto, tan poderoso, cerrando la puerta y diciendo que tengo que quedarme aquí, me devuelve a las noches de terror en mi casa. No importa que él me haya curado las heridas; en mi mente, un hombre en una habitación cerrada siempre significa dolor.
—No voy a tocarte, Alessia —su voz es grave, casi molesta, pero hay algo en ella que me detiene—. No soy él.
—Todos dicen lo mismo —respondo con amargura, sintiendo que las lágrimas que he contenido todo el día amenazan con salir.
Dante se quita la corbata con un movimiento brusco y empieza a desabrocharse los puños de la camisa. Se detiene a dos metros de mí. Su mirada recorre mi rostro, deteniéndose en mi labio y luego en el miedo que emana de mis ojos.
—Escúchame bien —se acerca un paso, y aunque quiero correr, mis piernas no responden—. En este mundo soy un monstruo. He matado, he destruido familias y no tengo alma para la mayoría. Pero tengo un código. Y mi código dice que no se toca a una mujer que ha buscado refugio bajo mi techo.
Se sienta en el borde de la cama, dándome la espalda. Es un gesto de vulnerabilidad que no esperaba de él.
—Toma el lado derecho. Yo dormiré sobre la colcha, con mi arma debajo de la almohada. Nadie entrará en esta habitación. Y si tienes pesadillas, solo recuerda que el hombre que te asustaba está a miles de kilómetros, y el hombre que está a tu lado es el único que puede evitar que vuelva.
POV: Dante
Me acuesto vestido, sintiendo cómo el colchón se hunde levemente cuando ella, después de lo que parecen horas, se tumba en el extremo opuesto. Está tan lejos que casi se cae de la cama. Escucho su respiración entrecortada, intentando no hacer ruido, intentando ser invisible.
Pasa el tiempo. La luna siciliana entra por el ventanal, bañando la habitación de plata.
De repente, escucho un sollozo. Es pequeño, casi inaudible, pero me golpea más fuerte que una bala. Alessia está llorando en silencio, con el cuerpo encogido en posición fetal. El trauma de su padre, el miedo a Marcello y la intensidad de este día finalmente la han quebrado.
Me giro hacia ella. No debería hacerlo. Mi mente me dice que mantenga la distancia, que es solo un activo financiero. Pero mi mano se mueve sola.
La alcanzo y, con una lentitud que me resulta extraña, pongo mi mano sobre su hombro. Ella se tensa violentamente, pero no se aleja.
—Duerme, piccola —susurro en la oscuridad—. Mañana, cuando despiertes, empezaremos a destruir a los hombres que te hicieron esto. Uno por uno.
Siento cómo su respiración empieza a calmarse bajo mi toque. Poco a poco, su cuerpo se relaja. Y justo cuando creo que se ha dormido, su mano pequeña busca la mía sobre la manta y la aprieta con una fuerza desesperada.
Me quedo helado. El contacto de su piel con la mía dispara algo en mi pecho que no sé cómo apagar. No es deseo. Es algo mucho más peligroso. Es la necesidad de quemar el mundo entero solo para verla sonreír una vez.
Sin embargo, justo antes de cerrar los ojos, noto algo. En la mesita de noche de mi lado, mi teléfono encriptado vibra. Es un mensaje de un número desconocido con una sola foto.
Es una imagen de Alessia entrando a mi jet privado hace unas horas, tomada desde lejos. Y debajo, un texto en italiano:
"Tu 'prometida' tiene secretos que ni tú conoces, Dante. Pregúntale qué pasó realmente con su madre."
Miro a la mujer que duerme a mi lado, aferrada a mi mano como si fuera su único salvavidas. El pasado de Alessia no es solo dolor doméstico; hay algo más, algo que Marcello sabe y que podría destruirnos a ambos antes de que salga el sol.