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Horizonte De Hielo

Horizonte De Hielo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Susana Reyes es fuego puro. Una teniente de la Fuerza Aérea estadounidense de raíces mexicanas que ha pasado su vida desafiando las expectativas de quienes la creen demasiado pequeña para dominar los cielos. Cuando es enviada a una remota base militar en las profundidades de Rusia como parte de un programa de intercambio de élite, espera encontrar resistencia, pero no un muro de hielo impenetrable.
Ese muro tiene nombre: Mikhail Volkov.
Con 1.90 de estatura, una disciplina de acero y una mirada azul que parece congelar el aire a su paso, Mikhail es el capacitador encargado de convertir a Susana en una piloto experta de los imponentes cazas Su-35. Para él, ella es una distracción impulsiva; para ella, él es un gigante arrogante que necesita una lección de humildad.

NovelToon tiene autorización de Ariane Salvatore Falcó para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 4

El reloj digital de la pared marcaba las 04:55 AM. El aire en la sala de la centrífuga era filtrado, aséptico y cargado de una electricidad estática que hacía que los vellos de los brazos de Susana se erizaran.

Mikhail Volkov ya estaba allí. No parecía un hombre que acabara de despertar; parecía un arma que nunca se apaga. Llevaba un traje de vuelo negro azabache que acentuaba su envergadura de 1.90 y la dureza de sus hombros. Sostenía una tableta digital, sus ojos azules escaneando datos con una concentración que ignoraba la presencia de Susana hasta que ella se detuvo a un metro de él.

—Llega con cinco minutos de antelación, Reyes —dijo Mikhail, sin levantar la vista—. Veo que el miedo es un excelente motivador para la puntualidad.

—O quizás es que no quería que empezara a contarle sus penas al simulador por falta de audiencia, Capitán —respondió Susana. Su voz era firme, aunque su corazón martilleaba contra sus costillas. Se había recogido el cabello borgoña en un moño bajo y ultra tenso, dejando su rostro bronceado totalmente despejado—. Dormí como un bebé. ¿Usted qué tal? ¿O los terminators no necesitan recargar baterías?

Mikhail levantó la vista. La luz fluorescente hacía que sus ojos parecieran cristales rotos.

—Suba a la góndola. Ahora.

El Desafío de la Gravedad

La centrífuga era un brazo mecánico gigante con una cápsula en el extremo que imitaba la cabina de un Su-35. Susana entró y se sentó en el asiento eyectable. Mikhail se acercó para supervisar el anclaje de los arneses. El espacio era reducido, diseñado para la eficiencia, no para la comodidad.

Mikhail se inclinó sobre ella para revisar los sensores de presión en su pecho y muslos. Estaba tan cerca que Susana podía oler una mezcla de jabón neutro, café cargado y ese aroma metálico propio de las bases aéreas. La diferencia de tamaño era abrumadora en ese espacio confinado; Mikhail llenaba toda la entrada de la cápsula, bloqueando la luz exterior.

—Escuche con atención, Teniente —susurró él, su voz vibrando cerca de su oído—. Vamos a subir a 7G de forma sostenida. Luego, ráfagas de 9G. Si siente que el túnel de visión se cierra, use la maniobra de esfuerzo respiratorio que le enseñaron en su país de juguete. Si se desmaya, la prueba termina y su reputación también.

—No se preocupe por mi visión, Volkov. Vigile la suya, no sea que se deslumbre con mi éxito —replicó ella, aunque su respiración se entrecortó cuando él tiró del arnés de los hombros con fuerza para ajustarlo.

Mikhail soltó el cierre, pero cuando intentó apartarse, la cápsula se movió ligeramente por un ajuste hidráulico automático. El espacio, ya de por sí mínimo, se contrajo.

Mikhail perdió el equilibrio un milímetro, lo suficiente para que su cuerpo colisionara contra el de Susana. Su mano grande y enguantada terminó presionada firmemente contra el muslo de ella para estabilizarse, mientras su pecho rozaba el hombro de la chica. Durante tres segundos interminables, el mundo se detuvo. Susana sintió el calor irradiando del cuerpo de Mikhail a pesar del frío de la sala. Sus ojos se encontraron a escasos centímetros: el café profundo y fogoso de ella contra el azul gélido y sorprendido de él.

Fue un roce accidental, pero la tensión que saltó entre ellos fue casi física, una chispa de estática que nada tenía que ver con las máquinas. Mikhail retiró la mano como si se hubiera quemado con el fuego que Susana llevaba en la sangre. Su expresión, normalmente de granito, flaqueó por una fracción de segundo antes de volver a cerrarse.

—Ajuste de seguridad —gruñó él, saliendo de la cápsula con una rapidez inusual—. Iniciando rotación en diez segundos.

El Vértice del Dolor

La puerta de la góndola se selló. Susana se quedó sola con el sonido de su propia respiración y la voz de Mikhail a través del intercomunicador.

—Iniciando. Tres... dos... uno...

El brazo empezó a girar. Al principio era un balanceo suave, pero pronto la fuerza centrífuga empezó a empujar a Susana contra el asiento. A las 4G, sintió como si un bloque de cemento se posara sobre su pecho. A las 6G, su rostro empezó a estirarse, la piel tirando hacia atrás, revelando la estructura ósea de sus mejillas.

—Respire, Reyes. No sea una estadística —la voz de Mikhail era fría, analítica, observando los monitores de ritmo cardíaco.

—Estoy... perfectamente —logró decir ella, forzando el aire hacia sus pulmones con gruñidos cortos y rítmicos.

—Subiendo a 8G.

El mundo exterior desapareció. La visión de Susana empezó a estrecharse, las sombras devorando los bordes de su campo visual. Sentía que sus órganos pesaban toneladas. El esfuerzo era sobrehumano; cada músculo de sus piernas y abdomen estaba contraído al máximo para evitar que la sangre abandonara su cerebro.

Mikhail observaba desde la consola de mando. El monitor mostraba el rostro de Susana a través de la cámara interna. Esperaba ver pánico. Esperaba ver el parpadeo rápido que precede al desmayo. Pero lo que vio fue una determinación feroz. Los ojos cafés de la chica estaban inyectados en sangre, pero fijos, desafiantes, como si estuviera mirando directamente a través de la lente para retarlo a él.

—Aguante... —murmuró Mikhail para sí mismo, un impulso que no supo explicar.

—¿Eso es todo... Capitán? —la voz de Susana salió como un rasguño, distorsionada por la presión—. Pensé que... Rusia era... dura.

Mikhail apretó los dientes. La arrogancia de la chica era irritante, pero su resistencia era... excepcional.

—¿Quiere dureza, Teniente? Probemos los 9G.

La centrífuga rugió. El sonido del motor era un aullido de metal. Susana sintió un dolor agudo en la base del cráneo. El gris empezó a invadirlo todo. Era el momento de la verdad. Recordó a su padre, un hombre que nunca se rendía ante el cansancio; recordó las horas de vuelo en el desierto. Apretó los puños, forzó una última bocanada de aire y mantuvo la conciencia por puro orgullo.

El Descenso

La rotación empezó a disminuir. El peso del mundo fue abandonando su cuerpo gradualmente, dejando una sensación de ligereza mareante y náuseas latentes. Cuando la cápsula se detuvo por completo y la puerta se abrió, el aire frío de la sala entró como un bálsamo.

Susana estaba empapada en sudor, su trenza borgoña ligeramente deshecha. Tenía pequeñas petequias —puntos rojos de capilares rotos— en las mejillas, pero sus ojos seguían encendidos.

Mikhail apareció en la entrada. Esta vez no traía la tableta. La miró en silencio durante un largo rato, evaluando el daño y la victoria. Se acercó para desenganchar los arneses, pero sus movimientos eran más cautelosos, evitando el roce que los había sacudido minutos antes.

—Nueve G durante quince segundos —dijo él, su voz desprovista de su habitual burla—. No se desmayó.

—Le dije... que no decoraría su simulador —respondió Susana, tratando de que sus piernas no temblaran mientras bajaba de la cápsula.

Al poner un pie en el suelo, el mareo la golpeó. Se tambaleó y, por instinto, Mikhail la sujetó por los hombros para evitar que cayera. Fue un agarre firme, protector por un segundo, antes de volverse formal. El calor de sus manos atravesó la tela del traje de Susana.

—Vaya a la enfermería, Reyes. Tiene capilares rotos y el equilibrio comprometido —dijo Mikhail, soltándola rápidamente, como si el contacto físico fuera una violación de su protocolo personal—. Descanse. Mañana subiremos a un avión real.

Susana se estabilizó, respirando hondo el aire gélido de la base.

—¿Un avión real? —sonrió, a pesar del cansancio—. Pensé que todavía era la "aprendiz que necesitaba niñera".

Mikhail caminó hacia la salida, pero se detuvo en el umbral. Giró levemente la cabeza, permitiendo que la luz iluminara solo la mitad de su rostro severo.

—Una niñera no deja que su protegida maneje un Su-35. Un instructor, sí. No llegue tarde, Teniente. Y limpie su cara; parece que ha estado en una pelea.

—En una pelea con usted, Capitán —murmuró ella mientras él se alejaba—. Y creo que he ganado el primer asalto.

Mikhail no respondió, pero sus pasos resonaron con una fuerza distinta en el pasillo. Susana se quedó sola en la sala, con el corazón todavía acelerado y la piel quemando allí donde él la había tocado. El horizonte de hielo seguía ahí, pero el fuego mexicano acababa de abrir la primera grieta.

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Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
😔😔😔😔
Luz Granados
por favor segunda parte, merecen quedar juntos👏
Luz Granados
muy buena, pero nos falta la segunda parte, después de sufrir tanto merecen quedar juntos.gracias...
𓏲 ๋࣭ ࣪Aɾყ S.F𑁍ɾιԃ ˖: es que me gustan los finales no felices y también los felices....este fue uno no muy feliz
total 1 replies
Rubiia sanz
venga yaaaa 😟😟😟😟 cómo no van a terminar juntos depues de todo joderr que mal 💔
Rubiia sanz: me ha gustado pero esperaba ver un poco de guerra más escenas de mikhail y susana volando en sus aviones joee es un sabor amargo 💔 pero dentro de lo que cabe está bien
total 2 replies
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥
corina
está historia me trae de los cabellos me encanta que la prota no se de esas gafas que se dejan joder de los demas
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Aracelis Durango
Buenísima 🔥🔥🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
😈😈🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏👏❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Se derrumbaron las barreras ❤️❤️❤️🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Está buenísima 👏👏
Rubiia sanz
a mí me gustaria leer lo que piensa el al verla osea leer su opinión y narrado por el. Muy buena me encanta que ella sea piloto de cazas
Nairobis Cardozo Portillo
Susana estás jugando con fuego y te vas a quemar ese capitán es de armas tomar🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Susana eres una guerrera
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