Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.
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Capítulo 03
La mañana en la mansión de los Liu no trajo la luz del sol. Pesadas cortinas de terciopelo gris bloqueaban cualquier atisbo de claridad, manteniendo el interior en un perpetuo crepúsculo. Para XiaoXuan, que había pasado la noche en un duermevela agitado por sueños de agujas y sombras, el despertar fue una transición brusca hacia una realidad aún más angustiante.
Unas criadas de movimientos silenciosos y rostros inexpresivos entraron en su habitación antes de que ella pudiera procesar dónde estaba. Le trajeron un vestido de seda en un tono azul tan oscuro que parecía negro y un desayuno que consistía en frutas exóticas y una infusión de hierbas amargas.
—La Señora la espera en la habitación del Joven Maestro —dijo una de las criadas, su voz carente de cualquier inflexión emocional—. Por favor, dese prisa. Él no está de buen humor.
"¿Alguna vez lo está?", pensó XiaoXuan mientras se vestía con dedos torpes.
Cuando salió al pasillo, el frío parecía haberse intensificado. La guiaron hasta la puerta de madera reforzada que había visto la noche anterior. Esta vez, la puerta estaba abierta. Lady Liu estaba allí, hablando en voz baja con el doctor Han. Al ver a XiaoXuan, la mujer le hizo una señal imperiosa para que entrara.
La habitación de Liu Chen Yi era un santuario de sombras. El aire estaba cargado con el olor a libros antiguos, incienso de sándalo y ese rastro metálico de la enfermedad. Al fondo, cerca de una ventana sellada, un hombre estaba sentado en un gran sillón de cuero.
XiaoXuan se quedó paralizada.
Si Lady Liu era una belleza gélida, su hijo era una obra maestra de la tragedia. Chen Yi era alto, incluso sentado se notaba su imponente estatura. Su piel no era simplemente pálida; era del color de la ceniza fina, casi translúcida en las sienes. Tenía facciones afiladas, pómulos altos y una mandíbula tensa que denotaba un dolor constante. Pero fueron sus ojos los que atraparon a XiaoXuan: eran de un gris tormentoso, rodeados de ojeras profundas que daban testimonio de noches de insomnio eterno.
Él no la miró de inmediato. Mantenía la vista fija en sus propias manos, donde las puntas de sus dedos parecían estar cubiertas de una costra grisácea que se desprendía en pequeñas escamas.
—Aquí está —dijo Lady Liu, su voz rompiendo el tenso silencio—. Chen Yi, mírame. Esta es la chica. Wang XiaoXuan.
Él levantó la cabeza lentamente. Cuando sus ojos se encontraron con los de XiaoXuan, ella sintió una descarga eléctrica que le recorrió la columna. No era una atracción romántica; era el choque de dos naturalezas opuestas. Ella era el calor del mediodía; él, el vacío del invierno.
—Huelo tu miedo —dijo Chen Yi. Su voz era una caricia áspera, profunda y melancólica—. Huele casi tan fuerte como esa dulzura empalagosa que emana de tus venas. Es... irritante.
XiaoXuan dio un paso adelante, apretando los puños. El miedo seguía ahí, pero la indignación empezó a ganarle terreno.
—Lamento que mi presencia le irrite, Joven Maestro Liu —replicó ella con una pizca de sarcasmo que hizo que el doctor Han abriera los ojos de par en par—. Créame, preferiría estar en cualquier otro lugar, incluso en la sala de espera de un hospital, antes que aquí sirviéndole de "aperitivo".
Chen Yi arqueó una ceja, una chispa de interés genuino cruzando su mirada gris.
—Tienes lengua, humana. Me preguntaba si solo serías un recipiente silencioso enviado por tu madre para comprar su tranquilidad.
—He venido por mi hermano —corrigió ella, manteniendo la mirada—. Y si para que él viva tengo que soportar sus desprecios, lo haré. Pero no espere que agache la cabeza.
—Basta de charlas —intervino Lady Liu, impaciente—. Chen Yi, el doctor Han ha preparado la primera dosis concentrada. Es necesario que la aceptes ahora. Tu cuerpo está al límite.
El doctor Han se acercó con un cáliz de cristal que contenía la sangre que le habían extraído a XiaoXuan la noche anterior. El líquido brillaba bajo la luz de las velas con una intensidad casi sobrenatural.
Chen Yi miró el cáliz con una repugnancia que rayaba en el odio.
—No voy a beber de un vaso como si fuera un animal enfermo —escupió él—. Si el destino de mi linaje es desvanecerse, que así sea. No quiero la "limosna" de una humana cuya vida dura un suspiro.
—¡No es limosna! —gritó XiaoXuan, sorprendiéndose a sí misma. Se acercó más a él, ignorando la advertencia del doctor Han—. ¡Es un sacrificio! ¿Sabe cuántas personas darían lo que fuera por tener una oportunidad de vivir? Mi hermano está luchando por cada respiración, y usted, que tiene todo este poder y riqueza, ¿se rinde por puro orgullo? ¡Es un cobarde!
El silencio que siguió fue absoluto. Lady Liu pareció congelarse en su sitio, y el doctor Han retrocedió un paso. Nadie le hablaba así a Liu Chen Yi.
El vampiro se levantó del sillón con una rapidez inhumana. En un parpadeo, estaba frente a XiaoXuan. Era mucho más alto de lo que ella pensaba, y su presencia física era abrumadora. El frío que emanaba de él hizo que XiaoXuan castañeara los dientes, pero ella no retrocedió.
Chen Yi la agarró por los hombros, sus dedos, aunque fríos, tenían una fuerza de acero. Se inclinó hacia su cuello, y XiaoXuan pudo sentir su respiración gélida contra su piel.
—¿Cobarde? —susurró él cerca de su oído—. No tienes idea de lo que es vivir siglos viendo cómo todo lo que tocas se marchita. No tienes idea de lo que es sentir que tu propia sangre te quema por dentro.
Él inhaló profundamente, su nariz rozando la línea de su mandíbula. XiaoXuan sintió un escalofrío que no era de miedo, sino de una extraña vulnerabilidad. El aroma de su propia sangre, procesado por los sentidos de él, parecía haber creado un vínculo invisible entre ambos.
—Tu sangre... —murmuró Chen Yi, y por un momento, la dureza de su voz desapareció, reemplazada por una debilidad desgarradora—. Huele a sol. Huele a todo lo que perdí hace mucho tiempo.
Él la soltó bruscamente, como si se hubiera quemado. Retrocedió y arrebató el cáliz de las manos del doctor Han. Sin dejar de mirar a XiaoXuan a los ojos, bebió el contenido de un solo trago.
Al instante, una reacción violenta sacudió su cuerpo. Chen Yi cayó de rodillas, soltando el cáliz, que se hizo añicos contra el suelo de piedra. Se aferró el pecho con fuerza, soltando un grito ahogado de agonía.
—¡Chen Yi! —gritó Lady Liu, corriendo hacia él.
—¡No me toques! —rugió él, mientras sus ojos cambiaban de gris a un rojo carmesí brillante por un segundo antes de volver a la normalidad.
XiaoXuan observó, aterrorizada, cómo las manchas cenicientas de sus manos se desvanecían ligeramente, pero él parecía estar en un infierno personal. El doctor Han comenzó a tomarle el pulso, murmurando términos médicos sobre "choque biológico" y "purificación acelerada".
Después de unos minutos que parecieron horas, Chen Yi se estabilizó. Su respiración era pesada. Se levantó lentamente, ignorando la mano de su madre, y volvió a mirar a XiaoXuan. Ya no había odio en su mirada, sino algo mucho más complejo: una curiosidad amarga.
—Mañana —dijo él con voz ronca—, no quiero el cáliz. Si voy a ser condenado a este vínculo, lo haré de la manera antigua. Prepárate, Wang XiaoXuan. No será tan indoloro como una aguja.
—¿Qué quiere decir? —preguntó ella, aunque en el fondo lo sabía.
—Quiere decir que el tratamiento requiere el contacto directo de su boca con tu piel —explicó Lady Liu con una frialdad renovada—. La pureza se degrada en el cristal. Mañana, tú le entregarás tu vida directamente de la fuente.
XiaoXuan sintió que el mundo daba vueltas. Miró a Chen Yi, que seguía observándola con esa mezcla de fascinación y rechazo. Él era el monstruo que debía alimentarse de ella, y ella era la medicina que él despreciaba pero necesitaba para respirar. En ese momento, comprendió que el trato no solo involucraba su sangre, sino que sus almas estaban empezando a entrelazarse en un baile de sombras del que ninguno de los dos saldría ileso.
—Estaré lista —dijo ella, con una determinación que ocultaba el hecho de que su corazón estaba a punto de estallar de miedo—. Pero recuerde su promesa: mi hermano debe ser operado.
—Ya se han dado las órdenes —respondió Lady Liu—. Ahora, retírate. Necesita descansar. El proceso de asimilación ha comenzado.
XiaoXuan salió de la habitación, pero antes de que la puerta se cerrara, escuchó el susurro de Chen Yi, una nota de advertencia que la perseguiría en sus sueños:
—Dulce XiaoXuan... ten cuidado. Una vez que pruebe la luz, puede que no quiera dejarte volver a la oscuridad de tu mundo común.