La aurora no promete perdón: sólo la prueba de quien se atreve a reclamar el cielo.
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 21
Helios sintió una náusea violenta. Todo su dolor, sus años de hambre y lucha en el exilio, habían sido el resultado de una mentira calculada en un observatorio.
—Dame las pruebas —exigió Helios, agarrando al anciano por los hombros—. Dame los registros originales.
—Están bajo la piel de la ciudad, en la Casa del Velo —susurró Ezzar, su voz volviéndose más débil—. Pero ten cuidado, Helios. Cuando sepas la verdad sobre tu padre, desearás haberte quedado en la oscuridad.
***
De regreso a su refugio, la tensión entre Helios y Mirea alcanzó un punto de ruptura. La revelación de Ezzar había actuado como un catalizador, transformando la furia política de Helios en algo mucho más personal y destructivo.
Al entrar en el estudio, Helios cerró la puerta de un golpe. La adrenalina de la incursión y el peso de la traición celestial palpitaban en sus sienes. Se quitó la capa, arrojándola al suelo, y se giró hacia Mirea. Ella lo observaba, apoyada contra la pared, con una expresión que mezclaba la astucia con un deseo que no intentaba ocultar.
—Todo es una mentira, Mirea —dijo Helios, su voz era un rugido contenido—. Mi vida entera ha sido una construcción de esos bastardos.
—Entonces destrúyela —respondió ella, dando un paso hacia él—. Destruye su construcción y construye algo real sobre sus cenizas.
Helios la agarró por los brazos, atrayéndola hacia él con una urgencia que no admitía delicadeza. Sus ojos se encontraron, y en ese instante, no hubo estrategia, ni política, ni coronas. Solo había la necesidad cruda de dos seres que se sabían perdidos en un mundo de sombras.
—Tú eres lo único real que me queda en esta ciudad podrida —gruñó Helios antes de aplastar sus labios contra los de ella.
El beso fue violento, una colisión de dientes y lenguas que sabía a desesperación. Mirea respondió con la misma intensidad, rodeando el cuello de Helios con sus brazos y tirando de él hacia el diván de cuero que ocupaba el centro de la habitación. Helios no se detuvo; sus manos buscaron la seda de su vestido, rasgándola con una fuerza que hizo que los ojos de Mirea brillaran con un deleite salvaje.
—Tómame como el conquistador que juraste ser —susurró ella contra su oído, mientras él bajaba sus besos por su garganta, dejando marcas ardientes sobre su piel pálida.
Helios la despojó de su ropa con una eficiencia brutal, admirando por un segundo el contraste de su cuerpo suave contra la dureza de su propia armadura, que aún no se había quitado del todo. El metal frío de su peto rozaba los pechos de Mirea, creando una sensación electrizante que la hizo gemir de placer y dolor.
Él se deshizo de sus piezas de armadura con manos temblorosas por el deseo, hasta que quedaron piel contra piel. La luz de la luna bañaba sus cuerpos, resaltando las cicatrices de Helios y la perfección sinuosa de Mirea.
Cuando se unieron, fue como si el sol y la sombra finalmente colisionaran. No hubo la calma del capítulo anterior; esto era una batalla. Helios la penetró con una fuerza que la dejó sin aliento, marcando su territorio, reclamando no solo su cuerpo, sino su lealtad eterna a través de la carne. Mirea clavó sus uñas en la espalda de él, incitándolo a más, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura para atraerlo lo más profundo posible.
—Dime que eres mía —exigió Helios, su voz rota mientras se movía dentro de ella con un ritmo implacable.
—Soy la sombra que te sigue... el eclipse que te devora... —respondió Mirea entre jadeos, sus ojos fijos en los de él, compartiendo el mismo abismo de ambición y deseo.
El placer fue una explosión de calor que pareció quemar los restos de la mentira que Ezzar les había contado. En ese momento de éxtasis absoluto, Helios se sintió verdaderamente dueño de su destino. No eran las estrellas las que dictaban este momento, sino su propia voluntad, su propia sangre latiendo contra la de la mujer que se había convertido en su cómplice y su debilidad.
Después, mientras yacían entrelazados, con la respiración recuperando su curso, Helios le acarició el rostro a Mirea con una ternura que rara vez se permitía.
—La Casa del Velo es nuestro siguiente objetivo —dijo, su mente ya volviendo a la guerra—. Si lo que dice Ezzar es cierto, allí encontraré las pruebas para deslegitimar a Valerius ante todo el pueblo.
Mirea se apoyó en su pecho, escuchando el latido fuerte y constante de su corazón.
—La Casa del Velo no es solo un archivo, Helios. Es el hogar de una secta que mezcla la luz con la oscuridad. Lo que Ezzar no te dijo es que ellos no solo escriben el destino... ellos lo alimentan con sacrificios.
Helios miró hacia el techo, donde las sombras parecían haber cobrado una nueva vida.
—Entonces alimentaremos su altar con sus propios cuerpos. Si el sol requiere sangre para brillar de nuevo, le daré un océano.
***
La mañana siguiente encontró a Helios más decidido que nunca. Había reclutado a Ezzar, no como un aliado, sino como una herramienta que guardaba bajo llave en un sótano seguro. Los "Susurros al Sol" habían revelado que la herencia de los Voran no estaba maldita por los cielos, sino por la mano del hombre.
Pero la advertencia de Mirea sobre la Casa del Velo resonaba en sus oídos. Mientras preparaba a sus hombres para la infiltración, Helios sabía que estaba a punto de cruzar una línea de la que no habría retorno. No se trataba solo de política o de reclamar un trono; se trataba de enfrentar la vertiente más oscura de la magia que corría por sus venas.
—Señor —Caius entró en la sala, interrumpiendo sus pensamientos—. Los informes dicen que la Casa del Velo ha aumentado su guardia. Parece que saben que alguien está haciendo preguntas incómodas a las estrellas.
Helios se ajustó el cinturón de su espada, su mirada fija en el horizonte donde el sol comenzaba a asomar, tiñendo el cielo de un rojo sangre.
—Que se preparen. Mañana, el destino de Solis dejará de escribirse en el cielo para escribirse con el acero.