Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 4
Hubert no me denunció porque simplemente nadie le iba a creer lo que pasó y por el contrario prefirió dejar la policía, espantado de lo que yo le había hecho, mordiéndole el cuello. Se marchó sin despedirse de nadie. Tomó sus cosas y se fue. Yo no sabía nada. Una amiga en común me avisó que Hubert había dejado la academia de repente.
Por lo que yo sabía del internet, Hubert debía convertirse en vampiro después que lo mordí y me bebí su sangre. Eso era lo que ocurría con los humanos que eran mordidos por las mujeres vampiro, sin embargo Hubert no se transformó en nada, estaba demasiado asustado por lo que pasó y se marchó de repente. No volví a saber más de él ni lo que le pudo haber pasado.
Lo peor es que me aterraba la idea de ser una mujer vampiro. ¿Cómo truenos podía estar pasándome eso? Imaginaba que todo era una pesadilla de la que no podía despertar. Todas las mañanas al levantarme, trataba de verme en el espejo, sin embargo yo no estaba allí, no había, siquiera había una sombra mía, y eso me atormentaba, me sumía en el desconcierto y creía que estaba enloqueciendo.
Antes no le prestaba atención a esos detalles del espejo sin imagen, porque yo no necesitaba de verme para lucir hermosa. Mi belleza es natural y siempre fui despreocupada, demasiado distendida, ajena al mundo, extraviada en pensamientos extraños de hacer el amor y de erotismo pleno, pero luego que mordí a Hubert empecé a descubrir muchas cosas extrañas que antes ignoraba.
Para pintarme usaba mi celular. Ya saben, los vampiros no aparecemos en los espejos porque no tenemos alma, pero sí estamos en el móvil porque la pantalla del celular no es un espejo ni un reflejo, sino tan solo una imagen reflejada de mí. Entonces usaba mi tablet o mi laptop para maquillarme. Por eso que no le prestaba atención a nada, porque yo era demasiado informal.
La segunda vez que mordí a un hombre fue cuando ya me había gradado, estaba en la policía y tenía el rango de alférez y participé en una redada en los suburbios donde pulula la gente de mal vivir. Antes de salir, me dieron un casco, chaleco antibalas, guantes, botas y una vara de jebe para aporrear a los malandrines.
-Alférez Dumitrache cerciórese de que no hay hampones en esa callejón baldío-, me ordenó mi jefe , el entonces capitán Marcus, en medio de la intensa redada que hicimos en esa jornada. A mí me gusta Marcus porque es muy guapo, bastante varonil, arrollador y dominante. ¡¡¡Me encantan los hombres dominantes porque yo quiero ser dominada!!!
Fui presta a cumplir la orden y al entrar al callejón baldío, fue igualito que encontrar un nido de cucarachas. Todos los hampones escondidos en sus diferentes ambientes, salieron huyendo despavoridos por techos y ventanas, por el patio trasero y por las claraboyas, gasta por los desagües. Al único que alcancé fue a un tipo que estaba demasiado drogado para saber lo que ocurría y ¡pum! lo tiré contras la pared. -¡¡¡Policía!!!-, le grité de acuerdo al reglamento.
Yo todavía era muy novata en la policía, inexperta, nerviosa y atarantada. ¡Pum! ¡pum! ¡pum! empecé a golpear al pobre tipo para que me obedeciera, incluso, creo, le fracturé una costilla de un fortísimo rodillazo.
-No me pegue jefa, no me pegue-, me suplicaba el tipo y eso fue lo que enervó, me excitó, me sulfuró e hizo que mi sangre se revoloteara en las venas igual a cataratas y remolinos y ¡zas! completamente enajenada, enloquecida por mi popo ímpetu, ardiendo en fuego totalmente excitada, le mordí el cuello con furia, ira y cólera extrema a sabiendas, incluso, que su sangre estaca corrompida por las drogas, pero al sentirme malévola y ruin, toda poderosa con el pobre sujeto, me hizo volverme un volcán en erupción y no tuve remordimiento en estamparle mis colmillos, incluso jadeando desesperada como una mujer lobo hambrienta.
El pobre tipo se desparramó en el suelo como una piltrafa, encharcado en sangre.
-No tenías por qué darle una paliza a ese sujeto-, me reclamó Marcus viéndolo regado en el suelo, inconsciente y maltratado. ¡¡¡Me encantaba que él me regañara!!! se le veía tan altivo, dominante y avasallador que me eclipsaba. No le respondí nada, porque, ya les digo, estaba demasiado embelesada.
-Lo siento, señor-, puse mi carita de niña buena, abanicando mis ojitos.
Fui incorporada a la policía apenas terminé mis estudios en la academia con el rango de alférez, ya les dije. Me recibí con todos los honores porque era eficiente, intrépida, audaz, muy vehemente y porfiada. Destaqué en armas tácticas y defensa personal. Yo podía derrumbar a tres o cuatro hombres que me atacaban, incluso le di una paliza a un tipo de dos metros, más grande que un elefante, al que lo dejé inerte, después de atinarle una gran patada en medio de la cara.
Al poco tiempo, en virtud a mis méritos y valentía, ya era teniente y finalmente obtuve el galón de capitán después que Marcus fue ascendido a coronel. El propio Marcus me recomendó para ocupar su puesto.
-Esa mujer es muy audaz, sagaz y perspicaz, pareciera que tuviera sensores y parabólicas en la cabeza-, le dijo a los mandos al recomendarme para el puesto. Mi hoja de servicios era impecable, participé en muchísimas detenciones, resolví numerosos crímenes que la división de homicidios tenían entrampada y fui además seguridad personal del presidente de la república, Harold Garrison. Como yo soy alta, delgada, hermosa, cautivante y atractiva, el mandatario me pidió a gritos para que sea su escolta.
Todo eso me ayudó para hacerme capitana.