Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
NovelToon tiene autorización de Karol para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Maldita suerte
Bueno… hablé demasiado rápido. Claro que sí podía haber algo peor.
Al llegar al campamento había una cantidad absurda de personas heridas que, en mi experiencia, ya deberían estar curadas. Pero bueno, ¿qué esperaba? No era la era moderna y no existían métodos de curación avanzada. Así que, con todo el cansancio del mundo sobre los hombros, tuve que ponerme a trabajar.
Mi Mateo me ayudó con todo lo que le pedía mientras le enseñaba. Nadie dijo nada por haber traído a mi bebé, así que fue un problema menos. Mateo sugirió que utilizáramos capas para no llamar la atención, y así lo hicimos.
Esa semana la pasamos ocupados. Cuando por fin pude escapar un momento, fuimos al bosque a buscar plantas medicinales y algo de fruta. Para nuestra suerte, había muchas. Comimos hasta quedar satisfechos y luego regresamos al campamento.
Pensarán que todo salió bien… pero no.
Al volver, descubrimos que nos habían tendido una emboscada. El objetivo era claro: eliminar a todos los médicos y heridos para debilitar al ejército del reino.
—Son unas malditas escorias —dije frustrada—. ¿Cómo se atreven a hacer esto? ¿No se supone que va contra las leyes de guerra? ¿Acaso no tienen honor?
No hubo tiempo para más.
Alcé a mi niño en brazos y corrí en dirección al bosque con la adrenalina golpeándome las venas. Pero fue inútil: ya nos habían rodeado. No había escapatoria directa.
Sin pensarlo dos veces, trepé hasta un árbol cercano y, con cuidado pero con urgencia, subí a Mateo hasta la copa, ocultándolo entre las ramas más densas.
—Quédate aquí, mi amor —le susurré con firmeza—. No te muevas pase lo que pase. Mamá va a volver por ti.
No esperé respuesta. Giré sobre mis talones y corrí de regreso al campamento.
Nuestros soldados estaban siendo superados. Muchos apenas podían mantenerse en pie, pero aun así seguían luchando. No iba a permitir que murieran ahí.
Aunque venía de un mundo moderno, mi deporte favorito siempre había sido la esgrima, y esa disciplina sí que la había perfeccionado. Mi cuerpo reaccionó solo, como si recordara cada entrenamiento, cada movimiento grabado en la memoria.
Me lancé al combate.
Mi resistencia no era la mejor en ese momento; estaba agotada, llevaba días sin descanso y mi cuerpo no se encontraba en condiciones óptimas. Aun así, mientras peleaba, logré salvar la vida de varios soldados, interponiéndome entre ellos y el enemigo, atacando con precisión cuando era necesario.
Pero eran demasiados.
Cada vez aparecían más soldados enemigos, como si no tuvieran fin. La frustración me invadió por completo y, sin poder contenerme, grité con rabia, alzando la voz por encima del caos:
—¡¿El maldito general piensa dejarnos morir aquí?!
Como siempre, el guion no estaba de mi lado, porque justo en ese momento una voz habló detrás de mí.
—No te preocupes, ya llegué.
Su voz era tan fría que me caló hasta los huesos, pero no me dejé intimidar.
—Pues ya era hora —respondí con sarcasmo, sin dejar de pelear.
Sentí su mirada clavada en mi espalda por mi tono, pero la ignoré y seguí luchando.
Cuando todo estaba casi terminado, miré hacia el lugar donde había dejado oculto a Mateo. Para mi sorpresa, mi bebé venía corriendo hacia mí con una sonrisa de victoria. De la emoción, había dejado al descubierto su hermosa cabellera blanca y sus ojos dorados.
—¡Mamá, ganamos! —gritó feliz.
Iba a sonreír… pero a lo lejos vi una flecha volando directo hacia él.
Corrí con todas mis fuerzas. Al llegar, lo giré bruscamente y la flecha impactó en mi espalda.
—Bebé… ¿estás bien? —pregunté con desesperación, sin notar que la sangre ya comenzaba a brotar de mi boca.
—Mamá… mamá… no me dejes —sollozó, aferrándose a mí—. Prometiste que nunca te irías.
Mi corazón se rompió.
Acaricié su carita empapada en lágrimas mientras el cansancio se apoderaba de mi cuerpo. Un sueño pesado me envolvió. Caí de rodillas y mi capa se deslizó hacia atrás, revelando mi verdadera apariencia, tan distinta a la de Mateo.
—Bebé… eres el niño más hermoso del mundo —dije entre lágrimas—. Te amo. Has sido el mejor hijo que pude haber deseado.
No sabía si saldría viva de eso. Por si acaso, saqué el cuchillo que había traído conmigo del otro mundo y se lo entregué.
—Mamá… no digas eso —lloró—. Yo sé que estarás bien. Si me porto bien, si soy el mejor niño… no puedes dejarme. Me lo prometiste. Te amo, mamá.
Su llanto desgarró lo poco que quedaba de mí.
Fue lo último que escuché antes de desmayarme.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno