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El Taxista Y La Dama De Rojo

El Taxista Y La Dama De Rojo

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Equilibrio De Poder / Dejar escapar al amor / Aventura de una noche / Completas
Popularitas:62.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria L C

Itzcelina Bocanegra dejo todo por el amor de Luca Harrison.
Adrian Stuart ama a su esposa.
una noche unidos por la traición se encuentran.
¿Que pasará entre ellos dos?

NovelToon tiene autorización de Maria L C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

Acabaría jamás. El sofá era chico e incómodo, casi como si los objetos a su alrededor quisieran recordarle que ya no pertenecía a su propia vida. Se envolvió en una cobija delgada y se volteó, observando las luces de la ciudad a través de la ventana. Parpadeaban sin importarles nada, ajenas a su tristeza.

Recordó cuando ese mismo departamento les parecía lo mejor. El primer mes durmiendo en una pequeña cama individual, comiendo sopas instantáneas y riéndose de cualquier cosa. En aquel entonces, Luca la abrazaba como si tuviera miedo de perderla. Y ahora, ni siquiera había intentado buscarla.

Las horas se arrastraron. Escuchó el agua de la ducha, el sonido del agua correr, la puerta cerrándose. No hubo un ¿estás bien?, ni un lo siento, ni siquiera un intento de arreglar las cosas. Solo silencio. Y ese silencio lastimaba más que cualquier pelea.

Al amanecer, Itzcelina se levantó antes que el sol. Se bañó, se vistió y salió sin hacer ruido. Dejó la cafetera sin usar en la cocina. Sabía que Luca se haría uno rápido, o lo compraría de camino. Ya no tenía sentido ese ritual que antes los unía.

En la cafetería la recibió el aroma a café y pan. Prendió las luces, subió la cortina y respiró hondo. Ese lugar seguía siendo suyo. Ahí, por lo menos, no se sentía invisible.

Mientras arreglaba las mesas, no dejaba de pensar en la noche anterior. En cómo Lucas evitaba mirarla. En cómo sus palabras parecían chocar contra una pared.

A media mañana, llegó Clara, como siempre, con su sonrisa amable y su mirada atenta.

—No dormiste nada, ¿verdad? —dijo en cuanto la vio.

Itzcelina negó.

—Creo que nunca me he sentido tan cansada.

—¿Problemas?

—No fue una pelea... fue peor. Me di cuenta de que estamos en diferentes canales.

Clara dejó su bolso y la abrazó sin decir nada. Itzcelina cerró los ojos, permitiéndose ser consolada por un momento.

—Anoche pensé algo horrible —confesó—. Pensé que si desapareciera, tardaría días en notarlo.

Clara se separó para mirarla.

—Eso no es horrible, Itz. Es una señal.

—Tengo miedo.

—¿De qué?

—De darme cuenta de que ya no somos nosotros.

El día pasó entre clientes, pedidos y sonrisas fingidas. Itzcelina hacía su trabajo, pero por dentro algo se rompía poco a poco. Cada pareja con un bebé, cada niño corriendo entre las mesas, le dolía en el pecho.

Al cerrar, tomó una decisión que venía posponiendo desde hacía meses.

Esa noche no hizo la cena. Cuando Lucas llegó, la encontró sentada a la mesa, con una carpeta frente a ella.

—¿Qué es esto? —preguntó, con desconfianza.

—Siéntate, porfa —le pidió ella.

Lucas se sentó, incómodo.

—Son los números de la cafetería. Los estados de cuenta. Lo que tenemos ahorrado.

—¿Y?

—Quiero que veas que no dependemos solo de lo que haces. Que no es verdad que todo depende de ti.

Lucas frunció el ceño.

—¿A dónde quieres llegar con esto?

Itzcelina respiró hondo.

—Quiero intentar tener un hijo o una hija. Ya. No en cinco años. No, cuando me quede sin energía. Y necesito saber si tú no quieres.

Lucas apoyó los codos sobre la mesa.

—De esto ya hemos hablado.

—No —lo corrigió ella—. Tú hablaste. Yo escuché.

—No es el momento.

—Para ti nunca lo es.

—No entiendes la presión que tengo.

—¿Y tú entiendes la mía? —su voz tembló—. Vivo esperando. Esperando a que llegues temprano, esperando a que me mires, esperando a que me elijas.

Lucas se levantó.

—No me presiones.

—No lo hago. Te estoy dando una opción. Tú decides si la tomas o no.

Hubo un silencio tenso. Lucas tomó la carpeta, la cerró sin mirarla y la dejó sobre la mesa.

—No puedo prometerte eso ahora.

Itzcelina asintió.

—Entonces yo tampoco puedo prometer que seguiré esperando.

Esa noche durmieron en camas separadas. Y por primera vez, no fue por estar peleados, sino porque lo tenían más claro.

Los días siguientes fueron raros. Amables, educados, distantes. Lucas salía temprano. Itzcelina regresaba tarde. Estaban en el mismo lugar, pero no viviendo lo mismo.

Una tarde, Clara la encontró llorando en la bodega.

—Saqué una cita con un doctor —le contó Itzcelina—. Quiero saber porque no puedo quedar embarazada, dejé los anticonceptivos hace meses.

—Eso es ser valiente.

—No me siento valiente. Me siento sola.

La cita confirmó sus temores. El doctor fue amable, pero concreto.

—Tu cuerpo está listo—dijo—, pero también tu esposo debe hacerse exámenes.

Itzcelina salió con un nudo en la garganta y una idea creciendo en su interior.

Esa noche, Lucas llegó más temprano de lo normal. La encontró haciendo la maleta.

—¿Qué haces?

—Me voy un par de días —respondió evitando mirarlo—. Necesito pensar. Necesito escucharme.

—¿Te vas a ir así como así?

—Así como te fuiste tú primero —replicó con calma—. Solo que mi ausencia sí se va a notar.

Lucas se acercó.

—No hagas esto, Itzcelina, no destruyas nuestro matrimonio.

—No estoy destruyendo nada —dijo ella—. Solo estoy dejando de cargar con todo yo sola.

—Te quiero, Itz.

Ella lo vio. Ella también lo quería. Y eso era lo peor de todo.

—El amor no debería sentirse como abandono.

Luca no contestó. La vio cerrar la maleta, ponerse el abrigo y tomar las llaves.

—Cuando estés listo para ser parte de mi vida, y no solo de tus sueños —agregó—, hablamos.

Cerró la puerta con suavidad.

Y por primera vez en años, Itzcelina sintió miedo...pero también alivio.

No sabía qué iba a pasar después. No sabía si Luca iba a reaccionar, si iba a cambiar, si se iban a perder para siempre.

Pero sí sabía algo con toda seguridad.

Que no iba a desaparecer para que alguien más brillara.

Itzcelina no anunció su regreso con llamadas largas ni mensajes llenos de reproches. Simplemente regresó. Un jueves, con la misma maleta con la que se había ido, pero con una actitud diferente. Más recta. Más segura. Lucas estaba en la cocina cuando escuchó la llave.

Se dio la vuelta de inmediato.

—Itz...

Ella dejó la maleta y lo miró sin apuro.

—Hola.

Durante unos segundos nadie dijo nada. El ambiente se sentía pesado, como si tuvieran miedo de romper algo delicado con la primera palabra.

—Pensé que te tardarías más —admitió al fin.

—Yo también —respondió ella—. Pero necesitaba volver para hablar, no para huir.

Lucas asintió. Se acercó un poco, sin invadir.

—¿Te quedas?

—Si seguimos queriendo lo mismo después de hablar... sí.

Se sentaron uno frente al otro, como dos personas que se están conociendo otra vez. Itzcelina respiró hondo.

—Durante este tiempo pensé mucho. En nosotros, en mí… y en todo lo que hemos logrado juntos. Te amo Luca, hemos estado en peores momentos y ahora ya es tiempo.

—Yo también —dijo Luca—. Y no fue fácil.

Ella sonrió un poco.

—Nada importante lo es.

Metió la mano en su mochila y sacó una carpeta.

—Quiero que sepas algo antes de que digas nada, no nos está yendo nada mal, Lucas. Al contrario, genial.

Él frunció el ceño, confundido.

—¿A qué te refieres con no nos?

—La cafetería y tu empresa. La sociedad funciona. Todo está bien. Estamos generando más dinero de lo que jamás hubiéramos imaginado.

Lucas tomó la carpeta y empezó a leer los documentos. Abrió los ojos al ver las ganancias.

—Esto… es muchísimo más de lo que yo esperabas.

—Porque siempre menospreciaste todo lo que habíamos construido juntos —dijo ella con calma—. Yo también tenía sueños, ¿recuerdas?

Luca cerró la carpeta y la dejó sobre la mesa.

—¿Qué quieres decir con todo esto?

Itzcelina lo miró a los ojos.

—Comprarnos una casa.

El silencio fue incómodo. Lucas se acomodó en la silla.

—¿Una casa?

—Nuestra. No un departamento de paso. Un lugar en el que podamos formar una familia, vivir juntos.

Luca tragó saliva.

—¿Ya tienes algo en mente?

Ella dudó por un segundo…y luego se sonrió.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace meses. No iba con la intención de comprarla al principio. Pero cada vez que entraba ahí me sentía como en casa.

Lucas la miró sorprendido.

—¿Y por qué no me dijiste nada?

—Porque no era el momento. Tú no estabas listo… y yo no estaba dispuesta a seguir esperando a que lo estuvieras.

Luca se levantó.

—Llévame. Vamos a verla.

Itzcelina parpadeó.

—¿Ahora?

—Ahora.

No hablaron en todo el camino, pero no era incómodo. Cuando llegaron, la casa ya los estaba esperando detrás de unas rejas de color blanco. No era enorme, pero tenía ventanas grandes, un jardín y era muy acogedora desde afuera.

Itzcelina abrió la puerta.

—Adelante.

Luca entró y se quedó parado. Se respiraba un aire a madera en el ambiente.

—Ahí me imaginé poner la mesa para desayunar —dijo ella señalando—. Y justo aquí… un sillón para leer.

Luca camino con cuidado, tocando las paredes asegurándose de que era real.

—Se siente cálido —mencionó.

Salieron al patio trasero. Era lo suficientemente amplio como para poner planta, una mesa...

—Imagino risas aquí ¿no crees? —dijo Luca sin pensarlo.

Itzcelina lo miró. Sus ojos brillaban.

—Yo también.

Se miraron por mucho tiempo. No había promesas. Tenían una decisión.

—Comprémosla —dijo el por fin—. Hagámoslo bien esta vez. Juntos.

Itzcelina cerró los ojos. Cuando los abrió soltó una lagrima.

—Eso era lo que más quería escuchar.

La compra fue sencilla. Los papeles, las firmas, las llaves en la mano. El día que se mudaron, Lucas cargo cajas como nunca. Itzcelina se reía al verlo todo sudado

—Creí que nunca habría visto que harías algo más que solo trabajar en todo el día.

—Creí que nunca encontraría algo importante —respondió sin pensar.

La primera noche durmieron en el piso, como al principio. Pero esta vez, el silencio no era incómodo. Lucas la abrazó fuerte.

—Gracias por volver —susurró.

—Gracias a ti por estar —respondió ella.

Aún no tenían idea qué pasaría después. Por primera vez se sentían agusto, y no como una carga que querían llenar.

1
🪽Arleth 🪽
muy buena
Damiana
excelente me encantó
Rosita
excelente me gustó mucho
Petrita
me encantó
Antonella
muy buena
Maris Benitez
Laura está recogiendo lo que sembró
Maris Benitez
Bellisima novela de amor ❤️❤️❤️❤️
Maris Benitez
Hermosa historia de amor 💕💕💕💕💕💕
Maris Benitez
Comienzo de una nueva vida 😃 qué pena qué Lucas haya muerto
Maris Benitez
Casados 👰🤵🥂🍾💕💕💕💕💕💕💕💕
Maris Benitez
Que hermoso 😍😍 llegó el día de la boda, y ella está embarazada 🫄
Maris Benitez
Que hermoso pedido de matrimonio 💍🧎💘💘💘💘 y ahora conociendo al suegro 💕💕💕💕💕💕
Maris Benitez
Sólo le queda el arrepentimiento a Lucas, ya es hora que pase página y lo mismo va para Laura
Maris Benitez
Romántico 😍😍😍😍❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥💥💥💥💥💥🥵🥵🥵🥵🥵🥵 cuánta pasión ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥 hufffggggggggg ❤️‍🔥❤️‍🔥
Maris Benitez
El amor es bello ❤️💕💕💕💕😍😍😍😍❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Maris Benitez
Me encanta 💕💕💕se aman ❤️‍🔥❤️‍🔥😍😃😃😃😍😍😍😍😍
Maris Benitez
Me encanta 😍😍 el destino los unió 💕💕💕💕💕
Maris Benitez
Humm 🤔🤔 quién será la visita
Maris Benitez
Excelente 👏👏👏💪💪💪💪 renovando todo
Maris Benitez
Excelente 👏👏 Itzel también divorciándose haciendo separación de bienes💪💪💪
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