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Enamorarse De Un Maxwell

Enamorarse De Un Maxwell

Status: En proceso
Genre:Elección equivocada / Traiciones y engaños / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio / Romance de oficina
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Haberle querido fue un error, pero seguía deseándole…

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Capitulo 4

La habían avisado de que había un verja de entrada y disponía del código de acceso. El camino adoquinado debía de haberles costado muy caro, pero era necesario porque, además de Land Rovers y vehículos todoterreno, a los hermanos les gustaban los coches que no soportaban ser maltratados.

El preferido de Danel era un precioso Ferrari negro. Una vez, durante su corta relación, él la había llevado en el elegante vehículo a medianoche. Se alejaron de Portland por una carretera de dos carriles bastante recta. La velocidad a la que Dan conducía era excitante.

Incluso ahora, Helena recordaba el viento en las mejillas y su sobresalto cada vez que Dan aceleraba. Él estaba en su elemento, riéndose y burlándose de ella cuando gritaba.

Más tarde halló un sendero aislado donde le hizo el amor sobre el capó aún caliente.

Helena respiró hondo y notó que se le endurecían los pezon**s. Todo lo referente a Danel Maxwell le había parecido perfecto, si no tenía en cuenta los ceros de su cuenta corriente ni su incapacidad de relacionarse emocionalmente con una mujer.

Olvidarse de aquellos dolorosos recuerdos no sería fácil. Probablemente fuera imposible.

A su alrededor, el bosque creaba un túnel de verdor: fresnos, álamos, pinos, hayas, nogales, enebros y abetos. No era de extrañar que los hermanos Maxwell fueran allí en cuanto podían. Por desgracia, todos los caminos terminaban, tanto si el viajero estaba preparado como si no.

Helena aparcó el Honda Civic junto a los escalones de entrada y observó la casa de Danel.

Era magnífica, construida con madera de cedro y piedra, con enormes ventanales para contemplar el mar y el horizonte. Ese día, el mar estaba en calma.

Nadie salió a recibirla, aunque Helena pensaba que el viejo Toyota aparcado un poco más allá pertenecía a algún empleado. Subió los escalones despacio. Estaba nerviosa, lo cual era absurdo.

Habían pasado casi dos años desde la ruptura con Danel . Durante ellos, se había preocupado de saber cuándo estaba él en la sede de la empresa para evitar encuentros embarazosos.

Aunque el despacho de ella estaba al lado del de Fabio, le resultaba fácil escabullirse cuando sabía que era probable que Danel se presentara, lo cual solo sucedía cuando sus dos hermanos estaban en la sede de Portland al mismo tiempo.

Hacía año y medio, en el funeral del señor Maxwell, había hablado con su antiguo amante, que estaba tenso y estresado, y aún vendado y con muletas. Al verlo, a Helena se le partió el corazón. Intercambiaron unas palabras, antes de avanzar por la fila de personas que recibían el pésame.

Saber lo cerca que había estado Danel de morir la había conmocionado.

Ahora, allí estaba, más de un año después, a punto de entrar en la boca del lobo. Sin embargo, Helena quería ver a Danel. Lo que la asustaba de la situación era su total falta de control.

Danel Maxwell era el único hombre cuyas caricias había anhelado. A pesar de saber que no estaba hecho para ella, había necesitado toda la determinación que poseía para dar la relación por concluida.

Ahora estaba a punto de deshacer lo que tan bien había hecho. Su sensata decisión se había pulverizado

Se acercó de puntillas a la ventana más cercana y echó una ojeada al interior. El lugar parecía desierto, aunque sabía que era una falsa impresión. El dueño de la casa no podía moverse de allí. Por eso le habían pedido que trabajara allí, en vez de en Portland.

Por desgracia, se había dejado las gafas de sol en el coche. Cerró los ojos y alzó la cabeza hacia el cielo para calentarse el rostro. Un error, porque bajo sus párpados comenzaron a bailar imágenes de Dan sonriendo, riendo… Medía un metro ochenta, frente al metro setenta de ella. Una vez, él le había dicho que le gustaba que fuera alta porque, así, el sexo de pie era más fácil. Y procedió a demostrárselo.

Le dolía la cabeza. ¿Qué iba a decirle cuando lo viera?

Volvió a mirar al interior. El pulso se le aceleró. No iría a desmayarse, ¿verdad? Estaba asustada y ansiosa por verlo. Se llevó la mano al estómago y volvió a echar una última ojeada antes de llamar al timbre.

Cuando levantó el dedo para hacerlo, un ruido a sus espaldas la hizo volverse. Tropezó y se cayó. Aterrizó sentada.

El hombre alto y largirucho que la miraba esbozó una sonrisa torcida.

–¿Estás inspeccionando la casa para robar?

–Claro que no –mascullo ella, roja como un tomate–. Hola, Danel.

Él asintió con la cabeza…

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Celinda Piña
directo al grano Helena 🤣🤣
Celinda Piña
estamos frente a un macho alfa loquito 😱👦
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