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No te mueras, mi amor

No te mueras, mi amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor en la guerra / Completas
Popularitas:17.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Mía Ríos

Valentina Mora es corresponsal de guerra. Tiene veinticinco años, una cámara y la convicción de que la verdad merece ser contada aunque duela. Lo que no tiene es miedo. O eso cree.

La primera vez que pisa una mina terrestre en Levante, un desconocido enmascarado le salva la vida. Solo ve sus ojos. Solo siente su mano arrancándole a la muerte. De su muñeca, ella se lleva un hilo rojo que no sabe que va a cambiarle el destino.

Santiago Herrera es el soldado más letal de su unidad y el más destruido por dentro. Desactiva bombas con las manos firmes de quien ya no le tiene miedo a morir. Pero cuando la ve a ella, por primera vez en años, quiere seguir vivo.

Se encuentran. Se pierden. Se vuelven a encontrar en cada rincón del infierno.

Pero Santiago guarda un secreto que podría destrozarlos a ambos. Y la guerra no perdona a los que se atreven a amar en medio de sus ruinas.

NovelToon tiene autorización de Mía Ríos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 30

Capítulo 30

La primera noche

La camiseta de Santiago le quedaba enorme.

Le llegaba a medio muslo, con las mangas cubriéndole los codos y el cuello tan ancho que le dejaba un hombro al descubierto. Era negra, de algodón gastado por cien lavadas, y olía a jabón de barra y a él — ese olor que no tenía nombre pero que Valentina habría reconocido en cualquier lugar del mundo.

Santiago estaba sentado en el borde de la cama con los audífonos ya quitados y la luz de la lámpara de noche haciéndole sombras en la cara. Valentina salió del baño con la camiseta puesta y el pelo suelto, todavía húmedo. Él la miró.

No dijo nada. No hacía falta. La forma en que la miraba era más elocuente que cualquier palabra — los ojos recorriéndole la cara, el cuello, el hombro descubierto, las piernas, con una lentitud que no era evaluación sino contemplación. Como si quisiera memorizarla.

Valentina se sentó a su lado. La cama individual apenas cabían los dos — un colchón de resortes que crujía con cada movimiento y una sábana blanca que olía a lavanda porque Don Ernesto las secaba al sol con ramas de lavanda entre la ropa.

—¿Estás nerviosa? —preguntó Santiago. Se lo dijo al oído derecho, para que ella supiera que estaba escuchando.

—Un poco. ¿Tú?

—Mucho.

Valentina se rio. La honestidad era lo que más le gustaba de él — la forma en que decía "mucho" sin esconderse, sin actuar, sin la coraza de masculinidad que otros hombres habrían usado como escudo. Estaba nervioso y lo admitía, y esa admisión era más atractiva que cualquier demostración de confianza.

Se besaron despacio. El beso empezó suave — labios contra labios, la mano de él en su mejilla, la mano de ella en su pecho. Después se fue haciendo más profundo, más urgente, como una conversación que pasa de los saludos a las cosas que importan. Santiago le quitó la camiseta con la misma delicadeza con que desactivaba explosivos — despacio, con atención, como si cada centímetro de tela fuera un cable que necesitaba manejar con cuidado.

Valentina le desabotonó la camisa. Debajo, las cicatrices. Las conocía por haberlas visto a través de la cámara — la línea del fragmento de metralla en el costado izquierdo, la marca redonda de una bala de goma en el hombro, la cicatriz larga del abdomen que la explosión del veintiséis de septiembre le había dejado como una firma. Las tocó con los dedos. Una por una. Santiago se quedó quieto, con los ojos cerrados, dejándola leer su historia en braille.

—¿Duelen? —susurró ella.

—Ya no.

La primera vez fue torpeza y ternura.

Valentina había esperado que Santiago fuera preciso en esto como en todo — pero no lo fue. Fue torpe. Los codos chocaban contra la cabecera, la cama crujía como si estuviera protestando, los pies se enredaban en la sábana. Valentina se rio cuando él le golpeó la rodilla con la suya. Santiago se rio cuando ella le jaló el pelo sin querer. Se rieron juntos — en silencio, con la boca apretada contra el hombro del otro para no despertar a Don Ernesto, que dormía al otro lado de la pared.

La risa se fue transformando. De nerviosa a suave, de suave a callada, de callada a un silencio que era otra cosa — un silencio hecho de respiración y de tacto y de dos cuerpos aprendiendo el idioma del otro. Santiago la besó en el cuello, en la clavícula, en el hombro que la camiseta había dejado descubierto. Valentina trazó la cicatriz del abdomen con las yemas de los dedos y sintió cómo él contenía la respiración.

La pulsera roja — la nueva, la que ella le había puesto la noche de la boda del Cabo Rivas — le rozaba la piel cada vez que él movía la muñeca. El hilo rojo contra la piel de ella. El símbolo más viejo del mundo: estamos conectados.

Después, acostados en la cama individual con las piernas entrelazadas y las sábanas hechas un desastre, Valentina apoyó la cabeza en el pecho de Santiago y escuchó su corazón. Latía rápido todavía — la frecuencia de alguien que ha corrido una carrera y no ha recuperado el ritmo normal.

—¿Estás bien? —preguntó ella.

—Mejor que bien.

—¿Mejor que desactivar una bomba?

—Infinitamente mejor que desactivar una bomba.

Valentina sonrió contra su pecho. La cicatriz del abdomen estaba debajo de su mejilla — una línea irregular, levantada, que subía y bajaba con la respiración de él. La besó. Santiago le puso la mano en el pelo.

—Valentina.

—¿Sí?

—Nada. Solo quería decir tu nombre.

Se quedaron en silencio. Afuera, San Lorenzo dormía. El río hacía el sonido que hacen los ríos cuando nadie los escucha — un murmullo constante que no es lenguaje pero que se parece. Los grillos cantaban su canción de una sola nota. El viento movía las hojas del limonero del patio.

Valentina se durmió primero. Santiago se quedó despierto un rato más — no por insomnio, no por pesadillas, sino por la razón opuesta: porque el momento era demasiado bueno para cerrarlo. Porque quería quedarse un minuto más dentro de esta versión del mundo donde no había explosiones ni dulces envueltos en papel de colores ni zumbidos en los oídos. Solo esta mujer contra su pecho, con el pelo mojado que le olía a su propio shampoo barato, respirando despacio.

Se durmió con la mano en su pelo y la comisura izquierda levantada.

---

Valentina despertó primero.

La luz de San Lorenzo era distinta a la de la ciudad — más limpia, más directa, sin el filtro de smog y cristal que la ciudad le ponía al sol. Entraba por la ventana del dormitorio y caía sobre la cara de Santiago como una manta dorada.

Valentina lo miró dormir. Era la primera vez que lo veía así — completamente relajado, con la guardia bajada, con la cara que tendría si la guerra nunca hubiera existido. Las arrugas de la frente se le habían borrado. La mandíbula estaba suelta. Los labios ligeramente abiertos. La cicatriz de la sien se veía más clara a la luz de la mañana — una línea fina, casi plateada, que contaba una historia que él todavía no le había contado entera.

Se veía joven. Se veía como lo que era — un hombre de veintiocho años que debería estar empezando su vida, no reconstruyéndola.

Valentina le puso la mano en la mejilla. Santiago no se despertó. Le pasó el pulgar por el pómulo, por la línea de la mandíbula, por la comisura izquierda. La comisura que se levantaba cuando algo le daba gracia o cuando la miraba o cuando decía algo que importaba.

Desde el patio llegaba el olor de café y de leña. Don Ernesto estaba despierto. El perro del vecino ladraba. Un gallo cantó — tarde, como si se hubiera quedado dormido.

Valentina se acostó de nuevo junto a Santiago. Cerró los ojos. No se durmió. Se quedó en ese espacio entre el sueño y la vigilia donde todo es suave y nada duele, con el sol de San Lorenzo en la cara y el brazo de Santiago alrededor de su cintura y el olor de limones y café entrando por la ventana.

Pensó: así debería ser siempre.

Pensó: nada que sea así de bueno dura para siempre.

Se quedó de todos modos.

1
Paola Mattei
Maravilloso
Consuelo Oré Huraranga
Autora muchas gracias por su novela, he leído 4 veces y lloro y sufro con cada una de sus narraciones, UD con esta historia nos enseña que existe el AMOR VERDADERO,LEAL, Valentina nos demuestra que una mujer cuando ama con el alma no se rinde , cae pero se levanta y sigue para delante y no se deja imponer de callarse sino que cuenta la verdad para que sea escuchada y se sepa todo lo que hay en las guerras ,cuando las autoridades no quieren que se sepa , MUCHAS GRACIAS POR SU HISTORIA . ES MUY GRATIFICANTE LEERLA. MUCHAS BENDICIONES.
Dayana Castillo: quedé sin batería 🪫 y no se que más decir quedé con el corazón en dos
total 2 replies
Pilar Milano
Muy bella escritora, muy triste, con mucho sentimiento, Díos té bendiga
Rossi
losmonstruos si existen, desgraciadamente.
Rossi
la Pulsera, la traía rl cuando se despidió en el aeropuerto, la encontró ella colgando de un cajón y ahí mismo la dejo, ahora el la trae puesta?
Rossi
ambos son orgullosos y necios
Gaby❤️
Muy buen comienzo 👌🏻
YAS
Muy conmovedora, invita a reflexionar y valorar lo que damos por hecho, la paz y sensación de seguridad, el compromiso... en fin la vida bajo un manto de honor
Carmen Gloria Rivas Barrio
Me encantó, un amor increíble, un amor dispuesto a todo, un amor a prueba de balas y de guerra
Miriam Molina Molina
Es una obra de arte... tan fantástica como real... dolorosa y amorosa como lo es la vida misma...
Por momentos te sumerge en la realidad que desangra y luego te sube a la exaltación de la vida amorosa...
Su narración por momentos te hace caminar...y luego correr hasta lograr sentir profundamente la vida misma... con su crueldad, su injusticia, su perdón dentro del recuerdo vivo de lo que se debe hacer... justo como el que alguien debe hacerlo.
Es una obra literaria en toda su extensión como ninguna otra.
Laura Castañon
que historia más maravillosa e impresionante me gusto mucho gracias escritora felicidades muchas bendiciones
Amanda Gongora
excelente felicitaciones gracias
Naicka Rodriguez
gracias me gustó mucho cada capítulo, me concentre tanto que hasta me involucre en todo los personajes, felicitaciones ame bastante esta historia 😍
Luz myriam Navarrete
Es buena la trama pero aburre q tiene poco dialigo de parte de los personajes mucha descriccion de alrrededor autora mejoralo bay no continuo ..dienpre repites lo mismo
Luna del Mar
Muy buena historia, excelente narración y trama. Felicidades escritora.
Helizahira Cohen
Esta interesante, bonita se ve
Isabel Balderas
esta historia me la encontré de casualidad y empecé a leerla pensando que era la típica historia de amor y el vivieron felices por siempre pero la leí completa y llore mucho solo me queda decir que esta historia me encantó sentí cada palabra como si estuviera yo presente en la historia 👏😭👏😭
Luna del Mar
Excelente primer capítulo
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