Leticia fue traicionada y asesinada, pero el destino le dio una segunda oportunidad bajo un nuevo nombre... Isabela Torner, ahora tiene un esposo que la detesta, un pasado lleno de escándalos y una criatura que crece en su vientre.
Román Osorio cree conocer a su mujer, pero no tiene idea de que la verdadera Isabela murió y que en su lugar hay una mujer capaz de matar con la mirada... y de conquistar lo que se proponga.
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Capitulo:27
ISABELA:
—Mmm ¿Tan ansiosa estás? Estás toda mojada.
Murmura con voz ronca tocando ese lugar que hace que mi espalda se arquee, y un gemido salga de mis labios.
—Tú causaste este incendio Román... Ahora es tu deber apagarlo.
Jadeo echando la cabeza hacia atrás mientras sus dedos expertos encuentran el ritmo exacto que me está volviendo loca.
Román suelta una risa mientras siento la vibración directamente contra mi pecho.
Él no se detiene... Al contrario, presiona más recordándome quién tiene el control físico en este momento.
Con un movimiento ágil y rápido desabrocha su cinturón sin dejar de besarme, una combinación de destreza y urgencia que me hace perder el sentido de la realidad y me entrego por completo.
—Veinte minutos pueden ser una eternidad en mis manos, Isabela.
Gruñe separándose apenas unos milímetros para mirarme a los ojos.
Observo sus pupilas y están totalmente dilatadas y sus ojos están completamente oscuro.
—Dijiste que querías ver al depredador... pues aquí lo tienes ¿Te gusta?
Sonrío relamiendo mis labios y miro a su buen amigo ya listo para la acción.
—Me encanta.
Siento el frío de la madera del escritorio contra mi piel y el calor abrasador de su cuerpo presionándome hasta que finalmente nos unimos, el mundo exterior deja de existir... No hay logística, no hay empresa, no hay pasado... Solo es el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas y el roce de su piel contra la mía que me hace sentir tan viva y tan deseada.
Sus labios bajan a mi cuello y besa mis pechos con pasión dándole la atención que se merecen mis niñas.
Román es un hombre de acción y cada una de sus embestidas es firme y fuerte como si estuviera reclamando cada centímetro de mi cuerpo bajo ese nuevo contrato.
Mis manos se clavan en sus hombros y mis uñas marcan su piel mientras trato de contenerme para no gritar su nombre y alertar a toda la planta de la oficina... Aunque la idea no está nada mal... Así todos sabrán que él es mi hombre, solo mío.
—Mírame.
Ordena con voz autoritaria, sujetando mi barbilla para que no pueda desviar la vista a ninguna parte.
— Quiero que recuerdes siempre, que en tus pensamientos solo esté yo presente.
Cuando lo escucho decir eso, el placer me golpea en oleadas intensas y desbordantes.
Mi espalda se arquea y aprieto mis piernas a su alrededor de su cintura buscando más, necesitando que este momento no termine nunca.
Justo cuando siento que voy a estallar, Román acelera el paso, llevándome a ese abismo delicioso donde la razón se pierde por completo y mi cuerpo tiembla sin control.
Un gemido ahogado muere en mi garganta contra su hombro mientras el éxtasis me recorre de pies a cabeza.
Román se tensa hundiendo su rostro en el hueco de mi cuello mientras su respiración agitada es la única música en la oficina cerrada.
Nos quedamos así unos segundos abrazados mientras el pulso de ambos intenta recuperar la normalidad.
—Diez minutos para tu reunión.
Susurro con voz trémula, intentando recomponer mi postura mientras él me ayuda a bajar del escritorio con una delicadeza que me sorprende.
Román me mira y su cabello está despeinado y su camisa abierta con algunas marcas rojas en su pecho... ¿Cuándo hice eso? Pero miro que tiene una expresión de absoluta satisfacción y se inclina dándome un beso corto, casi posesivo en los labios.
—Valió cada maldito segundo.
Dice empezando a abotonarse la camisa mientras recupera su máscara de CEO implacable.
—Pero la próxima vez, Isabela... asegúrate de que no haya una junta directiva esperándome... Porque no te dejaré ir tan fácil.
Me arreglo el vestido y el cabello frente al espejo de su oficina sonriendo para mis adentros.
—No me des órdenes Román, será cuando yo quiera.
Me giro y lo observo ya listo para ir a la reunión y sonrío.
—Aún hay tiempo para otro... Lo quiero pegada a la ventana y mirando la hermosa ciudad.
—Issabella... No tengo tiempo...
Me encojo de hombros caminando hacia el gran ventanal.
—¿Que esperas? Ven.