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La Elección Perfecta

La Elección Perfecta

Status: Terminada
Genre:Romance / Comedia / CEO / Aventura de una noche / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:0
Nilai: 5
nombre de autor: Drica Samoura

Vitória lo tenía todo bajo control: una carrera que amaba, un departamento propio en São Paulo y un novio que parecía sacado de un sueño. Henrique era guapo, encantador, atento… demasiado perfecto. Lo que ella no sabía era que esa noche, en la cena «especial» que él le había preparado, cada copa escondía una trampa.

Cuando el instinto le grita que huya, Vitória corre sin mirar atrás y termina pidiéndole ayuda a un completo desconocido. Arthur no duda un segundo en salvarla. Es todo lo que Henrique jamás fue: sereno, firme, incapaz de pedir nada a cambio. Entre los dos nace algo que ninguno buscaba… hasta que descubren un vínculo que lo complica todo.

Pero Henrique no está dispuesto a perder. Herido en su orgullo y ahogado en deudas, su obsesión se vuelve peligrosa. Y no está solo: la persona en quien Vitória más confía guarda, tras cada sonrisa, una envidia capaz de destruirla.

Entre un amor que sana y un pasado que acecha desde las sombras, Vitória tendrá que aprender a confiar de nuevo… y a defender lo que construyó. Porque en la vida todo se reduce a elegir. Y esta vez no puede equivocarse.

Amor, traición, deseo y venganza en una historia que no vas a poder soltar. ¿Estás lista para descubrir cuál es la elección perfecta?

NovelToon tiene autorización de Drica Samoura para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La denuncia

Arthur ayudó a Vitória a subir al auto y ajustó el asiento para que estuviera más cómoda.

El trayecto hasta la comisaría transcurrió en silencio, pero no fue un silencio pesado. Vitória miraba por la ventana, todavía procesando todo lo vivido, agradecida de que Arthur hubiera entrado en su vida.

Al llegar a la comisaría, Arthur estacionó y luego se volvió hacia ella. Y en ese instante, otra vez, no pudo evitar notar lo hermosa que era.

—¿Quieres que entre contigo?

Vitória respiró hondo, nerviosa, pero decidida a seguir adelante.

—Sí… si no te importa.

—Claro que no.

Entraron juntos a la comisaría. Después de esperar unos veinte minutos, los atendió una investigadora de mediana edad, que los recibió con seriedad.

—Buenos días —saludó Vitória—. Quiero poner una denuncia contra Henrique Mendes…

Oír el nombre de su hermano hizo suspirar a Arthur.

Vitória contó todo lo ocurrido la noche anterior, pese a la emoción. Detalló la cena, la llegada de los tres hombres, la insistencia de Henrique para que bebiera, la huida desesperada al darse cuenta de que la habían drogado.

Arthur se quedó a su lado y relató el estado en que la había encontrado.

La investigadora escuchó con atención, hizo varias preguntas y registró la denuncia por sospecha de administración de una sustancia psicoactiva con la intención de dejar vulnerable a la víctima.

—Vamos a abrir una investigación y a indagar el caso —explicó la mujer—. Le recomiendo que solicite una orden de protección de urgencia contra su exnovio.

—Es lo que quiero…

Tras poner la denuncia y pedir la orden de protección, Vitória salió de la comisaría más liviana, como si se hubiera quitado un peso de encima. Se detuvo en la vereda y respiró el aire fresco de media mañana…

—Listo… ¡Está hecho!

Arthur la miró.

—Hiciste lo que tenías que hacer. Muchas víctimas no denuncian… muchas veces por miedo, por vergüenza…

Vitória asintió.

—No voy a dejarlo pasar; no quiero que ese hombre le haga esto a otra persona… —Sentía rabia con solo pensar en Henrique.

—¿Quieres ir por tu auto ahora o prefieres ir directo a casa? Podemos dejar eso para mañana, te ves cansada.

—Quiero mi auto hoy… aunque no quiera volver a ese lugar nunca más…

Arthur comprendía la decisión de Vitória, que quería ponerle punto final a esa historia.

—Entonces vamos, voy a llamar a un conocido que puede remolcar tu auto.

Mientras manejaba hacia la dirección de Henrique, Arthur sentía crecer la rabia por dentro. Ahora tenía dos misiones claras: garantizar la seguridad de Vitória y tener una conversación seria con su medio hermano, y por consiguiente con su padre.

El auto de Arthur se detuvo a una distancia prudente del edificio donde vivía Henrique. Vitória se puso tensa en el asiento del acompañante, apretando las manos al mirar la entrada, recordando la noche anterior.

La grúa llegó unos cinco minutos después. El conductor recibió de Arthur la llave del auto de Vitória y cruzó la entrada para sacar el vehículo.

Mientras el operador maniobraba el auto de Vitória, Henrique, que vigilaba el vehículo, apareció en la entrada del edificio buscándola. Apenas notó que ella no estaba ahí, su rostro se contorsionó de rabia.

—¡Oye! ¡¿Qué crees que estás haciendo con ese auto?! —gritó Henrique, avanzando hacia el conductor de la grúa—. ¡Esto es un robo! ¡Voy a llamar a la policía!

El operador de la grúa, un hombre con experiencia, respondió con calma:

—La propietaria me solicitó retirar el vehículo, y es lo que estoy haciendo. Apártese, por favor.

Henrique se irritó aún más y empezó a discutir, alzando la voz, gesticulando, amenazando al hombre.

—¡Esto es un absurdo! Yo conozco a la dueña de este auto, ¡es mi novia! Ella no mandó hacer esto, estoy seguro.

Vitória, que observaba todo desde el auto de Arthur, sintió un escalofrío en la espalda. El cuerpo entero se le tensó y la respiración se le aceleró. Ver a Henrique de nuevo hizo que todos los recuerdos de la noche anterior volvieran con fuerza.

—¿Cómo puede…? —susurró Vitória con la voz quebrada.

Arthur notó de inmediato el pánico que amenazaba con apoderarse de ella. Sin dudarlo, se inclinó hacia un lado, le pasó el brazo por los hombros y la atrajo con suavidad hacia él.

—Oye… ¡respira! —pidió en voz baja—. No va a acercarse a ti. Aquí estoy.

Vitória se dejó abrazar y apoyó el rostro en su hombro. Las lágrimas que había contenido en la comisaría empezaron a caer, mojándole la cara.

El abrazo de Arthur era cálido, seguro, y en ese momento era justo lo que ella necesitaba.

Él la sostuvo con firmeza, una mano acariciándole con suavidad la espalda, mientras miraba a Henrique. Ver a su hermano comportarse así solo le aumentaba la rabia.

Henrique seguía discutiendo con el operador de la grúa, sin darse cuenta de que el auto de su hermano estaba estacionado al otro lado de la calle.

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