Nikolai Ivánov es un hombre forjado en el dolor, de ojos duros y manos de hierro. No tolera mentiras y aprendió desde joven que el amor es la mayor debilidad del ser humano.
Envuelto en un frío implacable y pasos calculados, vio en una alianza de sangre solo poder… y cree que nada puede romper su control sobre el mundo.
Helena Lombardi, adelantada a su tiempo, cree en el amor con la misma intensidad con la que vive su libertad. Cada gesto suyo rebosa coraje y determinación, desafiando todo lo que Nikolai considera inquebrantable.
Cuando dos mundos tan opuestos chocan, las certezas se transforman en dudas, y los deseos que antes parecían imposibles irrumpen como una tormenta. Entre dolor y entrega, pasión y desafío, alguien tendrá que ceder…
Pero nadie saldrá ileso.
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Capítulo 27
Nikolai
Estoy en la secret. Un día infernal terminó, pero el peso no. No piso mi propia casa hace días. Cada rincón allí me recuerda a Helena. Cada detalle parece cargar el olor de ella, el sonido de la risa, el toque que no debería más estar en mi vida.
Prefiero quedarme aquí. En el vacío de la secret, por lo menos, nadie me obliga a encarar el pasado a cada mirada.
Sostengo un vaso de vodka. La bebida desciende quemando, como si arrastrase la rabia y el dolor junto. Pero no funciona. Nada funciona.
Mi celular vibra en la mesa. Miro. Natalia.
En la barra de notificaciones, parece que no es solo un mensaje: es una foto. Un apretón en el pecho me alerta, pero el impulso vence. Abro.
Lo que veo me congela por un instante.
Y es imposible desviar los ojos.
Más abajo hay otros mensajes...
"Niko, te amo y por amarte. Estoy aquí. Helena y el bebé necesitan de ti.
No seas cabeza dura.
Helena no está bien. Está anémica"
Mis ojos no se desvían de la imagen del ultrasonido. Cada detalle, cada sombra, cada puntito que representa a mi hijo, me aprieta el pecho de un modo que no consigo controlar.
Pero junto a la alegría, un dolor inmenso me invade. Helena no está bien. No está conmigo. Y yo no puedo hacer nada ahora, a no ser quedar mirando una pantalla y sentir la frustración crecer.
Me siento como un animal enjaulado, preso entre la voluntad de correr hasta ella y la realidad cruel de no poder. El vaso de vodka que estaba en mi mano resbala casi sin percibir, y yo percibo que ni la bebida consigue anestesiar esa mezcla de rabia, miedo y nostalgia.
Mi pecho quiere moverse antes mismo que la cabeza piense. Quiero ir corriendo hasta ella, sostenerla, protegerla, mostrar que nada va a lastimarla. Pero mi orgullo… mi maldito orgullo pesa más que cualquier urgencia.
Respiro hondo, apretando el celular contra el pecho. Quiero convencerme de que estoy haciendo lo correcto quedándome parado. Que ella necesita espacio. Que yo no puedo estropear todo con mis emociones.
Pero cada segundo que pasa sin que yo esté al lado de ella es como una lámina atravesando mi pecho. Me siento impotente, preso entre el deseo de estar con ella y la necesidad de mantener mi dignidad, mismo sabiendo que la estoy alejando aún más.
Cierro los ojos. Intento controlarme. Intento convencerme de que esperar es fuerza. Pero la verdad es cruel: cada minuto lejos de ella me destruye un poco más.
Y aun así… no me muevo. No consigo ceder. No aún.
No consigo contenerme. El nudo en el pecho, la ansiedad, el miedo… todo transborda. Tomando el celular nuevamente, respondo a Natalia con un mensaje simple y directo:
"Mantenme informado."
Sin palabras de confort, sin disculpas, sin preguntas innecesarias. Apenas la necesidad de saber, de estar conectado con cualquier detalle que envuelva a Helena y al bebé.
El dedo tiembla mientras envío el mensaje. Cada segundo de silencio que se sigue es torturante. Siento mi corazón acelerar, sabiendo que, mismo a la distancia, cada noticia será una corriente que me prende a ella.
No puedo ir ahora. No puedo permitirme… pero no consigo apagar. No consigo alejarme. El teléfono es la única línea que me mantiene próximo, mismo que solo un poco.
Dmitry entra en la secret sin hacer ruido, pero la presencia de él es suficiente para arrancarme del trance. Él para a mi lado, me observa por algunos segundos, como quien sabe que no es hora de broma.
— ¿Está todo bien? — él pregunta, cauteloso.
Levanto la mirada despacio. El vaso aún está en mi mano, pero ya no siento el gusto del vodka. Lo que siento es otra cosa. Un peso nuevo. Profundo.
— ¿Qué sentirías… — comienzo, la voz más baja de lo que yo pretendía — sabiendo que vas a ser padre?
Vladimir frunce la testa, tomado de sorpresa. Él demora en responder, como si la pregunta exigiese más verdad de lo normal.
— Miedo — él dice, por fin.
— Mucho miedo. Pero también… un tipo de fuerza que tú no sabías que tenías.
Trago en seco. Miro para la nada.
— ¿Y si eso viniese en medio del caos? — continuo. — ¿Si tú hubieses hecho todo errado antes de saber?
Él me encara con firmeza.
— Entonces el hijo se vuelve la chance de acertar — responde.
— No de apagar el pasado. Pero de no repetir.
Las palabras golpean fuerte. Más fuerte que cualquier puño.
Desvío la mirada, sintiendo algo quebrarse por dentro.
Porque por primera vez desde que vi aquella imagen…
yo no siento solo rabia o traición.
Siento miedo.
Y, contra mi voluntad… esperanza.
No consigo quedarme parado. Cada vez que intento concentrarme, los pensamientos se atropellan, giran en círculos, me sofocan. Rabia, miedo, culpa, nostalgia… todo mezclado, sin comienzo ni fin.
Decido dar una vuelta. Necesito colocar el cuerpo en movimiento, aun que la mente continúe presa en el mismo torbellino. Salgo de la secret, el aire frío de la calle me acierta el rostro, pero no me despierta. Apenas me mantiene consciente de que estoy vivo, aun que cada paso pese.
Las luces de la ciudad pasan rápidas, borrosas. Veo rostros de personas sin percibir. Cada carro que pasa parece cargar a alguien que no soy yo. Pero yo continúo andando, intentando hallar alguna claridad en medio al caos.
Mismo con toda la confusión dentro de mí, sé de una cosa: no puedo más ignorar a Helena. No puedo más ignorar lo que ella carga, lo que yo dejé acontecer.
Y aun así, no sé cómo aproximarme. No sé si voy a conseguir. Pero necesito intentar.