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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:691.5k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

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Capítulo 25

Capítulo 25

Camila miró a Gabriel arrodillado frente a ella.

Tenía el rostro ligeramente levantado y una expresión demasiado solemne para estar bromeando.

—Tú…

Abrió la boca y descubrió que apenas le salía la voz.

—Levántate primero.

—No.

Gabriel respondió con absoluta calma.

Los dedos que sostenían la mano de Camila se apretaron un poco.

—Todavía no me has contestado.

Tenía una mano fuerte, de dedos largos. El pulgar acariciaba lentamente el dorso de la de ella.

El corazón de Camila dio un salto violento.

—Camila, me gustas. ¿Quieres ser mi novia?

Lo dijo otra vez.

Su voz fue profunda y firme.

—¿Sabes lo que estás diciendo? —preguntó ella con un tono ronco que no parecía suyo—. Bebiste en la subasta. A lo mejor deberíamos hablar cuando se te pase.

—Sé exactamente lo que digo.

Gabriel sostuvo su mirada y pronunció cada palabra con claridad:

—No es un impulso. Llevo mucho tiempo planeando acercarme a ti.

Camila se quedó atónita.

¿Mucho tiempo?

La confesión cayó sobre su pecho como un trueno.

Gabriel había buscado la forma de acercarse.

Primero apareció como el padre que deseaba disculparse por Valeria. Después usó las compensaciones para tender una red calculada alrededor de Camila.

La condujo paso a paso hasta el centro y, cuando la tuvo ahí, comenzó a cerrarla.

—¿Desde cuándo? —preguntó con voz temblorosa—. ¿Desde el día que nos vimos frente al despacho?

Los ojos de Gabriel se oscurecieron.

Apoyó la mano de Camila contra su mejilla y la rozó con una sonrisa.

—Desde antes.

—¿Antes?

Camila frunció el ceño.

Antes de eso solo podía referirse a la noche en que descubrió la infidelidad. Aquel día había sido su primer contacto verdadero.

Gabriel no aclaró nada.

Volvió el rostro y besó el centro de su palma.

—Aún no respondes mi pregunta.

Camila se sobresaltó e intentó retirar la mano, pero él la sostuvo con más firmeza.

Seguía sentada en el sofá.

Los labios aún le ardían y conservaba en el cuello la marca dejada por Gabriel. Su cuerpo recordaba cada roce con más honestidad que su corazón.

—Levántate.

Tiró de su mano.

—Te ves absurdo de rodillas.

—No me levantaré hasta que aceptes.

Camila lo miró con furia.

—Eso es hacer trampa.

—Sí.

Gabriel lo reconoció sin vergüenza.

—Estoy haciendo trampa para quedarme contigo.

Camila respiró hondo.

Por su postura, parecía dispuesto a permanecer ahí toda la noche.

—Gabriel.

Su voz todavía temblaba.

—¿Estás seguro de que te gusto yo? ¿No será que necesitas sentir algo por alguien? O quizá… ¿solo intentas compensarme por lo que hizo tu hija?

Gabriel se quedó quieto.

Después sonrió.

—Todo eso.

Le acarició la mejilla.

—Me gustaste desde que te vi. Quiero amar a alguien y cuidarla de verdad. Y esa persona eres tú.

Su sonrisa adquirió un matiz travieso.

—Valeria te quitó al marido, así que su papá pagará la deuda. Te quitó una casa y yo te di otra.

Gabriel se irguió sin levantarse.

Sus ojos recorrieron cada rasgo de Camila.

—Te quitó a un hombre. Yo me entrego como compensación. ¿Me aceptas?

¿Eso era una indemnización? Camila tardó en reaccionar.

La familia Beltrán tenía una forma muy peculiar de hacer justicia: devolver exactamente lo que quitaba.

Sonaba extraño tanto como compensación como declaración de amor.

—Dígame, señora Sandoval. ¿Le satisface la propuesta?

—Yo no…

Camila no alcanzó a terminar.

Gabriel le sostuvo la nuca y la atrajo hacia él.

Su boca cayó sobre la de ella.

El beso fue fuerte, profundo, como si intentara fundirla con su propio cuerpo.

Camila perdió el aire.

Apoyó una mano en su pecho para apartarlo, pero Gabriel le sujetó la muñeca y se la llevó por encima de la cabeza.

La besó durante tanto tiempo que ella creyó que terminaría asfixiándose.

Solo entonces la soltó.

Camila respiró con desesperación. Tenía los ojos húmedos y los labios rojos y brillantes.

—Camila.

La voz de Gabriel era áspera.

—Esta compensación tendrás que aceptarla, quieras o no.

El corazón de Camila retumbó.

Él no parecía dispuesto a concederle una salida, pero cada palabra que ella intentaba pronunciar se deshacía en el aire.

Volvió el rostro, incapaz de soportar aquellos ojos ardientes.

Las orejas le quemaban.

Se obligó a pensar con la calma de sus veintiocho años.

—Gabriel, ¿reflexionaste de verdad sobre todo lo que acabas de decir?

—Sí.

Él le soltó la mano, pero no dejó de observar cada cambio de su expresión.

—Déjame terminar. Dices que te gusté desde el primer instante, pero lo que viste fue a una mujer destrozada después de descubrir una traición. ¿Estás seguro de que era amor y no lástima? ¿O quizá un impulso por protegerme?

Gabriel apartó un mechón de su rostro con tanto cuidado como si temiera romperla.

—Camila, tengo cuarenta y cinco años. He conocido a muchas mujeres y estuve casado. Sé lo que siento por ti. No necesitas temer que se trate de un impulso pasajero.

Su voz se volvió más suave.

—Dame la oportunidad de amarte como mereces. Nunca te trataré como Mauricio. Tampoco tendrás que preocuparte por conflictos con mis padres, porque ya no están.

Le sostuvo la mirada.

—Valeria es mi hija. Como padre, la amo por el vínculo que nos une. Tú eres la parte más delicada de mi corazón. No permitiré que nadie te lastime, ni siquiera ella.

Los ojos de Camila se llenaron de lágrimas.

Por primera vez, Gabriel mostró la inquietud de un joven que espera una respuesta.

—Mereces que te amen. Conmigo no tendrás que humillarte ni complacer a nadie. Solo tienes que ser tú y vivir tu propia vida.

Las lágrimas de Camila comenzaron a caer. Durante siete años soportó las críticas de los Zamora sin recibir cariño de su esposo. Había permanecido junto a Mauricio cuando no tenía nada y él, después de levantar la empresa, la convenció de que era insoportable, que nadie podría quererla y que hasta sus padres la rechazaban. Teresa completó la humillación llamándola floja, malagradecida, maleducada y una vergüenza para la familia. Camila había cargado demasiado tiempo con insultos que no la definían.

Quería arrancarlos todos y vivir al menos una vez sin pensar en las miradas ajenas.

Respiró hondo y contempló a Gabriel con firmeza.

—Espero que no te arrepientas.

—Nunca.

—Soy divorciada.

—Yo soy viudo.

—Tengo veintiocho.

—Yo cuarenta y cinco.

Camila dudó un segundo.

La pregunta escapó antes de que pudiera detenerla:

—¿Y todavía… puedes?

—Yo…

La mirada de Gabriel se oscureció.

El rostro de Camila se incendió.

No podía creer que hubiera pronunciado en voz alta lo que acababa de cruzarle por la cabeza.

Gabriel la levantó en brazos.

—¡Gabriel! ¿Qué haces?

Camila soltó un grito y le rodeó el cuello por instinto.

Él la besó en la frente.

En su voz había una risa contenida y una promesa que le aceleró todavía más el corazón.

—Voy a darle a la señora Sandoval una respuesta satisfactoria.

Camila escondió el rostro en su cuello.

Las orejas parecían arderle, pero no pudo contener la sonrisa.

Si aquel era el final que Gabriel llevaba tanto tiempo planeando, lo aceptaba.

Los brazos de Gabriel eran firmes.

Acurrucada contra su pecho, Camila parecía una gata que por fin había encontrado un hogar.

Él la depositó sobre la cama con la delicadeza reservada para algo frágil.

Se inclinó sobre ella, sosteniendo el peso con los brazos, sin apresurarse a bajar.

Sus ojos recorrieron lentamente las cejas, la nariz y los labios de Camila.

Ella ardió bajo aquella mirada.

Volvió el rostro para esconderse en la almohada, pero Gabriel le sujetó la barbilla y la obligó con suavidad a mirarlo.

—No te escondas. Déjame contemplarte.

—No hay nada que ver…

El reproche salió cargado de una dulzura inconsciente.

El corazón de Gabriel se ablandó.

Le acarició la barbilla con el pulgar.

—Eres hermosa. Llevo muchos años moviéndome entre la gente más poderosa de esta ciudad y he conocido a todo tipo de mujeres. Nunca vi a una tan hermosa como tú.

La dulzura de la frase llegó acompañada de un dolor antiguo.

Mauricio jamás le había dicho que fuera bonita.

En las pocas ocasiones en que Camila se arreglaba, él fruncía el ceño.

«Da igual cuánto te arregles. Con solo mirarte se me quitan las ganas».

—Gabriel.

—¿Sí?

—En el futuro…

Camila se mordió el labio, pero terminó haciendo la pregunta.

—¿Vas a despreciarme?

Él se quedó inmóvil.

Se inclinó hasta apoyar la frente contra la de ella. Las puntas de sus narices se tocaron.

—Escúchame bien, Camila. En esta vida solo lamentaré no ser lo bastante bueno para merecerte. Nunca voy a despreciarte.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Camila.

Gabriel no le pidió que dejara de llorar.

Bajó el rostro y recogió cada lágrima con los labios.

Besó las comisuras de sus ojos, los pómulos, el puente de la nariz y terminó junto a su boca.

—Mereces amor —susurró contra sus labios—. Mereces el mejor amor que exista.

Camila le rodeó el cuello y lo besó por iniciativa propia.

Aquel beso fue distinto de todos los anteriores.

Ya no era Gabriel exigiendo una respuesta, sino Camila ofreciéndole algo con cuidado.

Lo besaba con torpeza y temor.

Tenía miedo de perderse sin límites. De olvidar la lección de los últimos siete años y volver a colocar su corazón en manos de otra persona.

Sin embargo, cada movimiento escondía los deseos que llevaba demasiado tiempo callando.

La respiración de Gabriel se hizo más pesada.

Correspondió al beso sin volver a contenerse.

Su mano bajó despacio por la espalda de Camila, dejando calor a su paso.

La ropa de ella fue cayendo pieza por pieza sobre el piso.

La camisa y el pantalón de Gabriel terminaron mezclados con sus prendas.

La lámpara del buró permaneció encendida.

En la pared, las sombras de ambos se unieron, se separaron y volvieron a encontrarse.

Con Gabriel, todo era distinto.

Mauricio solo pensaba en sí mismo. Terminaba en tres minutos, se daba la vuelta y dormía. A Camila le quedaban la incomodidad del cuerpo y un vacío todavía más doloroso.

Gabriel observaba cada reacción.

Si iba demasiado rápido, reducía el ritmo. Si usaba demasiada fuerza, suavizaba el movimiento.

Buscaba darle placer, no tomarlo de ella.

Camila no supo cuánto tiempo transcurrió antes de quedar exhausta sobre su pecho, escuchando cómo el corazón de él recuperaba poco a poco su ritmo.

La mano de Gabriel acariciaba su espalda una y otra vez, como si tranquilizara a una gata asustada.

—¿Estás bien?

Su voz tenía la aspereza satisfecha de después del deseo.

Camila escondió el rostro en su cuello y respondió con un murmullo.

Tenía las orejas rojas como un jitomate maduro.

Gabriel rio por lo bajo.

—¿Quedaste satisfecha?

Se inclinó para preguntarlo junto a su oído.

Camila le dio un golpe en el pecho.

Fue tan débil que pareció una caricia.

Recordó la pregunta que había soltado antes y quiso desaparecer entre las sábanas.

Gabriel atrapó la mano que intentaba golpearlo y besó los nudillos.

—Señora Sandoval, ¿está satisfecha con la compensación? Si no, todavía podemos renegociar.

Camila no pudo contener la risa.

Levantó la cabeza y lo miró con reproche.

Sus ojos seguían húmedos, sus labios estaban hinchados por los besos y el cabello era un desastre.

No sabía lo hermosa que se veía.

Los ojos de Gabriel volvieron a oscurecerse.

—Ni se te ocurra…

Camila percibió el cambio y se puso roja.

—Ya no quiero más.

—Todavía no dije nada.

Gabriel sonrió.

—Desde hoy eres mía.

El corazón de Camila perdió un latido.

La intensidad casi obsesiva de su mirada le hizo comprender que acababa de provocar a un hombre nada sencillo.

Aun así, una alegría menuda se extendió por lo más profundo de su pecho.

Le dio un beso ligero en los labios.

—Y tú eres mío, Gabriel.

Él se quedó quieto un instante.

Después sonrió, hundió el rostro en el cuello de Camila y la rodeó con fuerza.

—Duerme.

Su voz recuperó la ternura.

—Sí.

Camila guardó silencio unos segundos antes de preguntar:

—Gabriel, ¿mañana volverás a tomar café?

La comisura de él se elevó.

—Vendré todos los días.

—¿Todos? Es demasiado…

La voz de Camila tembló.

Todos los días era más de lo que su cuerpo podía soportar.

—No. Vendré cada día. Sin falta.

Gabriel la apretó contra sí y le dio palmadas suaves en la espalda para ayudarla a dormir.

Cada célula del cuerpo de Camila conservaba todavía el eco de lo ocurrido.

Cerró los ojos y escuchó el latido firme de Gabriel. La había tratado con un respeto y un cuidado que nunca recibió por caridad, resignación ni costumbre.

—Gabriel.

La voz de Camila fue apenas audible.

—¿Sí?

—Gracias.

Gabriel la estrechó entre sus brazos y Camila se durmió. Era la primera noche desde el divorcio en que descansaba en paz.

No supo que Gabriel permaneció mucho tiempo observándola después de que cerrara los ojos.

Contempló su rostro dormido y secó con extrema delicadeza la humedad de una de sus pestañas.

—Camila —susurró para sí—. Soy yo quien debería darte las gracias.

La cubrió bien con la sábana, depositó un último beso en su frente y cerró los ojos.

Acurrucada entre sus brazos, Camila quedó a salvo de los recuerdos de Mauricio, Teresa y las noches que había pasado llorando sola.

En el otro extremo de Ciudad de México, la noche estaba lejos de ser tan tranquila.

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Myriam Ramirez
muy buenas Novela felicidades
carolina morales
me gusto la historia muy chistosa, pero muy cruel el final de Valentina ella merecía una segunda oportunidad, tan poco el de Santiago... lo que si fueron de madre e hijo. pero igual disfrute su novela
Lucy alejo
muy bien hecho 👌🏻🤭
Adriana Trejo
que bien va camila con esto de la traición divorcio y la repartija de bienes 👍
Johana Mairena
que lastima hasta el final fue malo su comportamiento😞 llegar a dañar a los bebés
Adriana Trejo
así con este lío ! comenzando
sonya martz
Ne! siento que Valeria tiene un As bajo la manga 🤔/Bye-Bye/
Edith Zenteno
ummmm raro si Teresa le daba aguas de yerbas abortivas? por otro lado Valeria entro sola al ultrasonido? muy raro Mauricio y Teresa esperaron afuera y cuando salio le preguntaron como estaba todo y ella solo dijo todo bien muy raro 😐
Edith Zenteno
ya me estoy aburriendo muchos capítulos y sigue igual
Graciela Mauchiere
va safar valeria...ya puso los ojos en otra
Irene Passeri
muy divertida...👏👏👏😂😂😂😂
Lupita Espinoza Castro
Gracias escritora
sonya martz
me dió pena ajena Teresa jajaja pobre ilusa /Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle/
sonya martz
bah! pobre iluso
Gladis Erazo
exelente
Graciela Mauchiere
dios mio ni las hienas son asi
sonya martz
ya me cayó el veinte, ese niño ni siquiera es de Mauricio, jajajaja ya me imagino a la suegrita cuando se entere /Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
sonya martz
Lucia es una muy buena amiga
Gladis Erazo
esos antojos es porq esta embarazada
sonya martz
éste sí que es un poco hombre, cómo va a creer que iba a reaccionar de esa manera 🤔
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