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La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:18.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 25

Con las manos temblorosas por el pánico que le apretaba el pecho, Alejandro se metió a toda prisa en el auto. Sin perder un segundo, tomó el celular y llamó a su asistente de confianza.

—¡Iván! ¡Averigua ahora mismo qué le ha pasado a Aurora! —le exigió Alejandro con la respiración agitada, la voz cargada de una angustia profunda—. ¡Esta mañana cambió por completo, de un momento a otro! Volvió a estar fría, me dio la espalda, ¡me trató como a un desconocido! ¿Cómo puede ser? ¡Averígualo con tu gente en este instante!

—B-bien, señor. Voy a contactar de inmediato a nuestro hombre en el terreno —respondió Iván al otro lado de la línea, contagiado del pánico ante el tono de frustración de su jefe.

Iván rastreó enseguida a su informante. Por desgracia, el hombre encargado de vigilar a Aurora la noche anterior estaba desbordado por el pánico, pues acompañaba a su esposa en el parto, y aquellas horas frente al departamento de Aurora habían quedado sin cobertura. Al volante, Alejandro solo pudo recostar la cabeza contra el timón. Estaba destrozado. La hermosa esperanza que apenas ayer había florecido, cuando por fin le confesó toda la verdad, se hacía añicos. La frialdad de Aurora esa mañana le había desgarrado el corazón.

Del otro lado de la pared del aula, Aurora se esforzaba con toda su alma por recomponer el corazón hecho pedazos. No quería que sus emociones personales entorpecieran su verdadera tarea. Después de la irrupción de doña Carmen aquella noche, Aurora había tomado una decisión firme: se marcharía una temporada a su pueblo natal, justo después de la entrega de calificaciones del segundo semestre.

*

*

Los días pasaron a toda velocidad. Cada vez que Alejandro intentaba verla o siquiera saludarla en el colegio, Aurora levantaba una muralla defensiva sólida, gélida, distante. Alejandro estaba desesperado, porque hasta el día de hoy seguía sin saber qué había hecho que ella volviera a cambiar, como si de pronto lo odiara.

Mientras tanto, en la mansión Bustamante, doña Carmen no dejaba de verter veneno en la cabeza de los gemelos.

—¿Lo ven ustedes mismos? Sin madrastra también podemos vivir felices. ¡Cualquier mujer que se acerque a su papá lo único que quiere es apoderarse de la fortuna de los Bustamante! —adoctrinaba la abuela en la sala de estar.

Mateo y Martina, aún demasiado ingenuos y con miedo a perder la atención de su padre, terminaron por dejarse influir.

—Te lo prometemos, abuela… ¡No necesitamos ninguna madrastra! ¡Juramos que jamás vamos a dejar que papá se case otra vez con ninguna mujer! —soltó Mateo, y Martina lo respaldó con un asentimiento rotundo.

Por otro lado, Alejandro, que había empezado a pasar más tiempo con los gemelos para acercarse a Aurora, experimentaba sin darse cuenta un cambio enorme en su interior. El cariño de padre que durante más de una década había mantenido enterrado por el trauma del pasado brotaba ahora desbordante. Un remordimiento hondísimo se apoderaba de su corazón. Alejandro comprendía que Mateo y Martina no tenían ninguna culpa de los pecados ni de las intrigas de la difunta Cintia.

A pocos días de los exámenes finales del semestre, el ambiente en el Colegio Altamira hervía de nervios. En especial en el 1.º C, el grupo que antes tenía fama de ser el más rebelde, indisciplinado e imposible de controlar. Gracias a la paciencia, la firmeza y la guía incansable de Aurora, que daba clases de refuerzo después del horario escolar, todos los alumnos de ese grupo habían cambiado por completo.

Mateo y Martina ahora se sentaban tranquilos, cada uno en su pupitre, abriendo con dedicación las páginas de sus libros junto a sus compañeros. Se acabaron los alborotos, las clases saltadas, la arrogancia. El 1.º C se había transformado en un grupo muy disciplinado, unido y aplicado.

En la dirección, don Ricardo estaba de pie junto a la ventana, contemplando desde lejos el aula del 1.º C con una sonrisa de orgullo dibujada a la perfección.

—Extraordinario… —murmuró el director Ledesma, lleno de admiración—. Mi decisión de nombrar a Aurora tutora del 1.º C no fue en vano. No solo enseña: ha logrado tocar y transformar el corazón de esos chicos.

*

*

Los exámenes del semestre terminaron. Ahora los días de Aurora se llenaban con el ajetreo de completar, hoja por hoja, los boletines de calificaciones de sus alumnos. No pocas veces tenía que quedarse hasta el atardecer para asegurarse de que todas las notas quedaran perfectamente cargadas. Lo mismo le ocurría a Dalia, otra vez atareada con la avalancha de clientas en el reconocido salón donde trabajaba, en el centro de la capital.

Hasta que por fin llegó el tan esperado día de la entrega de calificaciones del segundo semestre.

Alejandro, que acababa de aterrizar en la capital tras concluir un viaje de negocios importante en el extranjero, se mostraba impaciente. Había rechazado prolongar su estancia fuera con un solo objetivo: reencontrarse con Aurora. Es más, por primera vez en toda la historia escolar de los gemelos, Alejandro se ofreció personalmente a recoger los boletines de Mateo y Martina, una tarea que siempre se dejaba por completo en manos de la madre.

Pero doña Carmen no pensaba quedarse de brazos cruzados. Gracias a la estricta vigilancia de sus hombres, ya sabía que la actitud de Aurora hacia su hijo se había vuelto muy fría y distante. Doña Carmen sonrió satisfecha, convencida de que su advertencia en el departamento aquella noche había sido eficacísima para hacerle entender a Aurora que no era más que una mujer de pueblo que no tenía por qué soñar con convertirse en la señora Bustamante. Aun así, decidió acudir también al colegio para asegurarse de que Aurora no flaqueara y cumpliera con su amenaza.

Alejandro no sospechaba nada de su madre. No sabía que la verdadera razón de la frialdad reciente de Aurora era la jugada de doña Carmen, que había ido a increparla a sus espaldas.

*

*

En el limpio y ordenado salón del 1.º C, Aurora estaba sentada en el escritorio de la tutora. Cuando por fin llamaron los nombres de Mateo y Martina Bustamante, Alejandro se levantó con presteza, adelantándose a los pasos de su madre para dirigirse al frente del aula.

Alejandro tomó asiento en la silla frente al escritorio de Aurora. Su mirada, cargada de añoranza y de inquietud, se posó entera en el hermoso rostro de la maestra predilecta de sus hijos. Aurora echó una ojeada fugaz hacia la puerta del fondo, donde doña Carmen esperaba de pie, con los brazos cruzados, lanzándole una mirada afiladísima e intimidante.

Consciente de lo que la rodeaba, Aurora tomó aire, se irguió y se preparó para levantar la muralla defensiva más sólida.

Antes de que Aurora abriera el boletín, Alejandro se inclinó hacia adelante. Bajó la voz, cargada de frustración.

—Aurora… por favor, dime qué te ha pasado. ¿Por qué está usted tan fría conmigo últimamente? ¿Por qué me evita siempre?

Aurora carraspeó un momento, controlando el temblor del pecho.

—Disculpe, señor Bustamante. Si quiere hablar de asuntos personales, este no es el lugar —respondió cortante y profesional, sin dejar el menor resquicio.

Aquella respuesta tan gélida hizo que Alejandro apretara de inmediato los puños sobre el regazo. Mientras tanto, desde la puerta del aula, doña Carmen, que observaba la escena, sonreía muy satisfecha para sus adentros.

—¡Menos mal que esa pueblerina sabe cuál es su lugar! ¡No merece estar al lado de mi hijo! —pensó doña Carmen, henchida de soberbia.

Aurora desvió entonces el foco y pasó a explicar los logros extraordinarios de los gemelos.

—Las notas de Mateo y Martina este semestre mejoraron muchísimo, señor Bustamante. Los dos lograron entrar entre los diez primeros del 1.º C.

Un destello de orgullo y una alegría desbordante brotaron en el pecho de Alejandro al oír el desempeño de sus hijos. Pero esa dicha quedó vencida por la angustia de su propia relación. Unos segundos después, volvió a mirar a Aurora con ojos suplicantes. Quería pedir una segunda oportunidad, rogarle que no le cerrara del todo la puerta del corazón.

Fuera del aula, los demás padres empezaban a hacer fila, esperando su turno.

—Aurora… ¿podríamos hablar solo un momento cuando termine todo esto? —susurró Alejandro, suplicante.

Aurora lo miró de frente, con una determinación inquebrantable en los ojos.

—Lo siento, no puede ser, señor Bustamante. Tengo otros asuntos después de esto. Y… espero que no vuelva a inmiscuirse en mi vida. En cuanto al pasado, por favor olvídelo todo, porque nunca voy a volver con usted.

El corazón de Alejandro dio un vuelco.

Aquella frase afilada lo golpeó de lleno en el pecho. Cerró los puños hasta que se le pusieron blancos, y la mandíbula firme se le tensó, rígida, conteniendo la opresión que le quemaba la garganta.

—Entonces… ¿esta es tu decisión final, Aurora? —preguntó Alejandro con voz ronca, tratando de confirmar que no había oído mal.

Aurora apretó los dedos bajo el escritorio, luchando a muerte para que las lágrimas que ya le anegaban los ojos no cayeran delante de aquel hombre y de todos los padres presentes.

—Sí, señor Bustamante. Ya olvidé todo lo nuestro del pasado. Estábamos destinados a no estar nunca juntos… Así que espero que acepte mi decisión con sensatez —dijo Aurora con firmeza, cortando de raíz toda esperanza.

Un silencio breve. Alejandro la contempló con una devastación insoportable. Al final se puso de pie sin pronunciar una sola palabra. Con pasos pesados y una herida honda que le desgarraba el pecho, se dio la vuelta y salió del aula.

Al verlo marcharse, Aurora giró de prisa la cara y se enjugó el rabillo húmedo de los ojos antes de que las lágrimas cayeran sobre el boletín.

Adiós, Alejandro… Guardaré para siempre todos nuestros hermosos recuerdos del pasado. Pero elijo rendirme… Tú y yo somos como el cielo y la tierra, y sé muy bien que jamás voy a merecerte, lloraba Aurora en su interior, en una desesperación silenciosa.

Continuará…

1
Isela Aguirre
excelente
Isela Aguirre
excelente capítulo
MaggieBD
típica historia donde la mujer cae nuevamente con quien la hirió tanto, donde queda el amor propio y el respeto a una misma. Ya hasta flojera da seguir leyendo cuando ya se sabe uno perfectamente el final /Drowsy/
Graciela Saiz
Dalia no fue a la boda 🤔🤔🤔
Graciela Saiz
ahora a luchar contra la madre metiche y venenosa 🤬
Graciela Saiz
HABLA AURORA ! CONTESTA!
Graciela Saiz
yo creo , que ellos dos deberían tener una buena conversación sobre lo hechos , el más que nada el , 🤷
Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Graciela Saiz: no , no somos así , somos peores , estupidas y manipulables ante el amor de un hombre, no hay excepción, mujer empoderada 😅
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Graciela Saiz: Señora Leticia, si tanto le desagrada , tiene la opción de no leerla , y respetar el trabajo de la autora, y si no escriba su propia historia 😏
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
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