●Secuela De La Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Separados por el engaño, la ambición y los hilos de poder de la poderosa dinastía Courteney, el tierno omega puro Cyrus se ve obligado a huir a los Hamptons para proteger el futuro de su alfa, llevando en su vientre el fruto de su amor en solitario. Durante tres largos años, Cyrus sufre la agonía de un nido vacío, consumido por la melancolía y el aislamiento de su jaula de oro, con su pequeño cachorro Cassian como único ancla para seguir adelante.
Mientras tanto, en Suiza, el desamparado alfa huérfano del pasado se ha transformado en Ethan Blackburn: un colosal, implacable y sádico magnate corporativo que ha levantado un imperio de acero para llenar el vacío de su ausencia. Armado con informes confidenciales y movido por un instinto territorial indomable, Ethan descubre la verdad sobre el sacrificio de su omega y planea una emboscada quirúrgica en Manhattan. No va a negociar.
NovelToon tiene autorización de ZUILIN T.R para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24: El lazo de la tormenta
Capítulo 24: El lazo de la tormenta
Novela: El Secreto De La Golondrina.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
La noche cayó sobre Ginebra con una densidad inusual. El viento alpino, cargado de la primera tormenta del verano, golpeaba los ventanales blindados de la fortaleza, pero dentro de la suite principal, el ambiente se había vuelto un hervidero biológico.
Hacía apenas unas horas, los primeros síntomas habían comenzado a manifestarse en el cuerpo de Cyrus. Un calor líquido y sofocante comenzó a ascender desde la base de su vientre, tiñendo su piel de porcelana con un tierno color carmín y haciendo que sus hombros temblaran ante los espasmos latentes de su útero. Después de tres largos años de pasar sus ciclos en el aislamiento gélido de los Hamptons —soportando la agonía de un nido vacío y el dolor de una glándula aromática que suplicaba por su dueño—, el cuerpo del omega puro había reconocido la cercanía de su alfa legítimo. La presencia constante del pino negro había actuado como un detonante biológico: el celo de Cyrus finalmente había estallado.
Ethan Blackburn entró a la habitación con el pulso acelerado, habiendo dejado al pequeño Cassian profundamente dormido en la guardería contigua bajo el cuidado del personal médico de la fortaleza. Al cruzar el umbral, el magnate sintió que sus instintos alfa dominantes eran golpeados por una fuerza descomunal.
El aroma de Cyrus ya no era una sutil nota de clavelinas; era una marea adictiva, salvaje y sobrecargada de feromonas preñadas de una sumisión absoluta y una necesidad visceral de reclamo. El aire de la suite era tan espeso que se sentía almibarado.
—Ethan... —el gemido de Cyrus fue un susurro roto y musical que resonó desde el centro de la inmensa cama.
El joven de veintiséis años se encontraba de rodillas en mitad del nido que él mismo había perfeccionado con las camisas y sábanas del alfa. Vestía únicamente una de las prendas de seda gris de Ethan, desabrochada por completo, exponiendo la palidez de su pecho y las curvas delicadas de su anatomía de omega puro. Sus grandes ojos claros estaban dilatados, empañados por las lágrimas del calor biológico, y su glándula aromática en el cuello palpitaba con una fijeza desesperada.
Ethan no lo hizo esperar. Despojándose de su camisa con movimientos rápidos y bruscos, el colosal alfa subió al colchón, rompiendo el perímetro del nido con la majestuosidad de un depredador que acude a reclamar su territorio. Su propio aroma a pino negro y lluvia de tormenta estalló sin frenos, cayendo sobre las clavelinas de mar de Cyrus como un rayo que incendia un bosque.
—Estoy aquí, mi bella golondrina... —la voz de Ethan fue un rugido grave, rasposo y cargado de una devoción infinita—. Esta noche se acaban los inviernos para los dos.
Cyrus soltó un sollozo de puro alivio y se arrojó a los brazos del magnate. El impacto de los cuerpos desnudos desató una vorágine de caricias urgentes y besos hambrientos. Las manos texturizadas y largas de Ethan delinearon cada centímetro de la piel de porcelana del menor, reconociendo las marcas de la madurez y la paternidad que los tres años de separación le habían robado, mientras Cyrus enredaba sus dedos en la espalda ancha del alfa, arqueando el cuerpo con sumisión ante cada toque.
La entrega no tuvo la prisa ciega de la primera vez en la universidad; fue un acto quirúrgico de pura posesividad y amor devoto. Ethan elevó las caderas de su omega con firmeza, acomodándolo entre las sedas del nido. Cyrus abrió sus ojos claros, sosteniendo la mirada oscura, fija y sádica de su alfa, aceptando la dominancia absoluta del monstruo corporativo que él mismo había ayudado a forjar.
Cuando el acoplamiento biológico se consolidó, el gemido de Cyrus se fundió con el rugido de Ethan, y la marea aromática del espacio alcanzó su punto de máxima densidad. El calor del celo inundó el útero del omega, sellando la compatibilidad perfecta que la naturaleza les había otorgado.
Sin embargo, el momento definitivo de la noche aún aguardaba.
Con el cuerpo de Cyrus temblando de placer y sumisión bajo el suyo, Ethan Blackburn deslizó sus labios por la línea del cuello del menor, deteniéndose justo sobre la glándula aromática que desprendía el perfume dulce a clavelinas. Sus dientes de alfa rozaron la piel sensible.
—Mírame, Cyrus —ordenó Ethan en un susurro ronco, su mirada inyectada con un tinte rojizo de pura fijación territorial—. Mírame mientras tomo lo que es mío. Tu padre no podrá borrar esto. Ningún imperio de oro podrá separarnos después de hoy.
Cyrus alzó la mirada, con el rostro bañado en lágrimas sinceras y una sonrisa radiante dibujándose en sus labios.
—Hazlo, Ethan... laza mi alma... hazme tuyo para siempre —suplicó el omega, ofreciendo su cuello sin un solo ápice de resistencia.
Ethan abrió la boca y, con una fuerza implacable pero cargada de una unción mística, hundió sus colmillos profundamente en la glándula de Cyrus.
El dolor inicial fue inmediatamente sofocado por una descarga masiva de endorfinas y feromonas puras que viajaron directo al torrente sanguíneo de ambos. Cyrus arqueó la espalda, soltando un grito sordo que se extinguió contra los labios de Ethan, mientras el lazo biológico se tejía en la niebla de la suite. Las frecuencias de sus almas se entrelazaron de forma definitiva; el pino negro y las clavelinas de mar se fundieron en un solo acorde genético que ya nada ni nadie en la tierra podría fracturar.
Horas más tarde, cuando la tormenta exterior comenzó a amainar, la suite principal quedó sumida en un calor pacífico y bendito.
Ethan permanecía recostado, con el pecho descubierto subiendo y bajando con lentitud. Cyrus descansaba completamente oculto contra su costado, con la cabeza apoyada en su hombro ancho y una expresión de absoluta serenidad en su rostro de porcelana. En su cuello, la marca del lazo lucía fresca, un sello de propiedad natural que brillaba bajo la penumbra.
El magnate rodeaba la cintura de su omega con su brazo robusto, manteniendo una mano protectora sobre el vientre de Cyrus, donde la promesa de una nueva vida ya comenzaba a gestarse bajo el calor del celo compartido. Las cadenas de oro de Louie Courteney y la jaula de cristal de los Hamptons habían sido pulverizadas por completo. En mitad de la fortaleza de Ginebra, la bella golondrina y el monstruo de la tormenta habían sellado su destino, unidos por un lazo inquebrantable que duraría para siempre.