Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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capitulo 18
La invitación llegó tres días después.
Sellada con el emblema real.
Rojo y oro.
El príncipe solicitaba su presencia en el palacio “para conversar sobre futuros lazos entre reinos”.
La excusa era diplomática.
La intención, evidente.
—
El gran salón estaba iluminado con candelabros altos. Música suave. Guardias atentos.
Y él.
El príncipe heredero.
Sonriendo como si el mundo le perteneciera.
—Princesa —dijo inclinándose apenas—. Es un honor volver a verla.
Ella respondió con una pequeña inclinación de asentimiento.
A su lado, un acompañante discreto, vestido con tonos sobrios.
Mateo.
Bajo el anillo de cambio de apariencia.
Silencioso.
Pero vigilante.
—He deseado esta conversación desde el baile —continuó el príncipe—. Me atrevería a decir que el destino insiste en unir nuestros caminos.
Mateo casi resopló.
Ella sintió cómo su “acompañante” daba un paso más cerca.
El príncipe extendió la mano.
—¿Me concede un paseo por los jardines?
Antes de que ella respondiera, Mateo habló con voz formal:
—La noche es fría, Su Alteza. La salud de la princesa es prioridad.
El príncipe lo miró, apenas irritado.
—Estoy seguro de que puedo mantenerla a salvo.
Mateo inclinó la cabeza.
—Esa es precisamente mi función.
Ella disimuló una sonrisa.
Aceptó el paseo.
Y cada vez que el príncipe intentaba acercarse más de lo debido…
Mateo aparecía.
Si el príncipe intentaba tomar su mano demasiado tiempo…
Mateo intervenía con algún comentario diplomático.
Si intentaba inclinarse demasiado cerca para susurrar…
Mateo “tropezaba” estratégicamente entre ambos.
—Qué torpe eres —murmuró el príncipe entre dientes.
—Mis disculpas, Alteza —respondió Mateo con absoluta calma.
Pero sus ojos…
Sus ojos no eran torpes.
Eran posesivos.
Protectores.
Molestos.
Más tarde, cuando el príncipe intentó rozar la cintura de ella—
La mano de Mateo se interpuso.
Su sonrisa fue amable.
Demasiado amable.
—Su Alteza.
Advertencia clara.
El príncipe apretó los dientes.
—
La noticia llegó a oídos de Aurelian esa misma noche.
“El príncipe la está cortejando oficialmente.”
El silencio que siguió fue mortal.
Aurelian rompió una copa en su mano sin darse cuenta.
La sangre cayó al suelo.
No parecía notarlo.
—¿Oficialmente? —repitió en voz baja.
El consejero asintió.
—La invitó al palacio. Pasearon juntos.
La temperatura en la sala descendió.
—Adelantamos el plan —ordenó Aurelian.
—Pero aún no estamos listos—
—Lo estaremos.
Sus ojos ardían.
No era estrategia.
No era política.
Era algo más primitivo.
—No permitiré que ese imbécil la toque.
—
Mientras tanto, en la residencia del duque…
los padres de Aurelian llegaron.
El antiguo duque y su esposa.
Elegantes.
Observadores.
La madre de Aurelian la miró con atención.
Luego sonrió.
—Así que tú eres quien cuidó de Mateo.
No había reproche.
Solo gratitud.
—Gracias.
Tomó sus manos.
—Mi hijo no sonríe así desde que llego.
Ella parpadeó.
—¿Sonríe…?
La mujer rió suavemente.
—Cuando habla de ti.
Mateo, desde un rincón, se puso rígido.
—Duquesa.
—Es la verdad.
El padre del duque asintió.
—Entendemos por qué te quiere tanto.
Ella sintió un calor extraño en el pecho.
No era tensión.
No era política.
Era aceptación.
Esa noche, mientras regresaban del palacio tras otra “cita diplomática”…
Mateo caminaba pegado a ella.
—No me gusta —murmuró.
—¿Qué cosa?
—Ese príncipe feo.
Ella casi rió.
—No lo es.
Mateo la miró horrorizado.
—¿Te gusta?
Ella arqueó una ceja.
—Estas celoso.
Él bajó la voz.
—No voy a dejar que te quite.
Silencio.
En otra parte del reino…
Aurelian miraba el mapa sobre la mesa.
Sus dedos marcaban rutas.
Entradas.
Puntos débiles del palacio.
Su mandíbula estaba tensa.
—Prepárense —ordenó.
Porque si el príncipe pensaba que podía cortejarla sin consecuencias…
estaba a punto de aprender
qué significaba despertar los celos
de Aurelian Draconis.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno